Irán - EE. UU.: cooperación compleja / Análisis

Irán - EE. UU.: cooperación compleja / Análisis

Esta alianza, entre otros factores, reconoce de facto el papel de Teherán como potencia regional.

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17 de junio 2014 , 08:37 p. m.

La actual condición de guerra que se desarrolla dentro de Irak, marcada, entre otras características, por ser una disputa religiosa, está dejando al descubierto la compleja herencia de la intervención de EE. UU. en ese país a partir del 20 de marzo del 2003, que dejó como resultado un Estado inestable, que amenaza con romperse en varias partes, e incluso ha permitido el posible surgimiento de un Estado kurdo, algo que para Turquía es una amenaza a su integridad territorial y a su estabilidad política. (Lea también: Rebeldes yihadistas, cada vez más cerca de Bagdad).

La situación es de por sí explosiva, porque, además, se enmarca en la guerra que sacude a Siria desde mediados del 2011, y en donde el apoyo político, diplomático y militar del régimen iraní al presidente Bashar al Asad es vital para este, guerra que se ha ido desbordando lentamente hacia Líbano y ha tocado igualmente las fronteras turcas.

Las milicias que se han levantado contra el gobierno nacional de Irak, el llamado Estado Islámico de Irak y el Levante, que, según diferentes observadores, es una agrupación que representa a la tercera generación de Al Qaeda, se han proyectado mediante la acción insurgente de rápidos movimientos, que ha superado las capacidades militares del ejército iraquí y puso en entredicho no solo el retiro de las tropas norteamericanas en el 2011, cuando Barack Obama declaró finalizada la guerra, sino incluso la acción misma que destruyó el Estado encabezado por Sadam Husein.

En este contexto, ha surgido la posible alianza entre EE. UU. e Irán, con el objetivo de intervenir en Irak, de mutuo acuerdo, estabilizar su gobierno, evitar la caída del Estado y, por consiguiente, introducir un factor estabilizador en la región. Esta alianza reconoce de facto el papel de Teherán como potencia regional, deja de lado la preeminencia de Arabia Saudí para la política exterior norteamericana y pone a prueba la llamada ‘doctrina Obama’. Sin embargo, esta posible alianza tiene un antecedente poco conocido: durante la guerra del 2001 en Afganistán, EE. UU. recibió apoyo de inteligencia de Irán, algo que, además, era necesario ante el apoyo ilimitado de Pakistán al régimen talibán, encabezado por el mítico mulá Omar.

Esta posible alianza se presenta en un momento clave de cambio de la política exterior de EE. UU. hacia Oriente Próximo y que está presidida por las conversaciones con Irán sobre su programa nuclear, algo que se ha facilitado desde que la presidencia en este último país la asumió Hasán Ruhaní. De esta forma, Washington puede obtener un aliado inesperado para actuar en una región en la que no se quiere ver comprometido militarmente de nuevo, y da un paso más para establecer unas relaciones cordiales con Teherán.

Pero esta alianza plantea serios problemas para la región y para la política internacional: implica dejar a Siria definitivamente bajo la iniciativa de Teherán y en la dirección de la influencia rusa y la observación china, para evitar una intervención de EE. UU. en ese país. Es, de hecho, el mayor cambio en la política internacional estadounidense hacia la región y, en últimas, es la máxima prueba para comprobar si la ‘doctrina Obama’ tiene algún futuro. Uno de los puntos claves para que la alianza de EE. UU. e Irán funcione, tal como han declarado funcionarios iraníes, es que Washington se abstenga de enviar personal militar, por lo menos en una forma que implique un nuevo cambio en el balance estratégico de la zona.

El impulso que dará forma final a la alianza que se ha anunciado internacionalmente por diferentes medios de comunicación proviene fundamentalmente de la inminencia del peligro de estabilidad para el gobierno de Bagdad, presidido por su complicado primer ministro, Nuri al Maliki, acusado por muchos de llevar adelante un gobierno sectario y con odios propios de la era de Husein.

CARLOS ALBERTO PATIÑO VILLA
Catedrático Universidad Nacional

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