Los héroes que revelan cómo es el campo colombiano

Los héroes que revelan cómo es el campo colombiano

Testimonios de censistas retratan las peripecias para dibujar la realidad rural del país.

16 de junio 2014 , 07:17 p. m.

Bajo torrenciales lluvias, con el calcinante sol del trópico, en medio del barro o de montañas de arena que atascan los vehículos o hacen más pesadas las botas pantaneras...

Así han transcurrido los días para los 5.500 trabajadores que participan en el Censo Nacional Agropecuario, cuya segunda fase se inició este lunes, para cubrir esta vez los departamentos de Antioquia, Caldas, Cauca, Cesar, Tolima y Valle.

La primera etapa, que se desarrolló entre noviembre del año pasado y abril del 2014, fue toda una aventura para los encuestadores que intentan desentrañar la realidad que se esconde en el campo con su maraña de cultivos, en la espesura de una geografía rural, diversa y a veces inhóspita.

Quindío, Atlántico, Risaralda y el norte del Tolima fueron las zonas piloto de la investigación. John Navarro, uno de los encuestadores de la región Caribe, emprendió la travesía desde el municipio Palmar de Varela, cerca del río Magdalena en el departamento del Atlántico.

Partió con el alba, muy a las 6 a. m., luego de reunirse con el grupo. Una camioneta del Dane tenía la misión de adentrarlos en el monte, cerca de las fincas que cada uno lleva en la lista de visitas. “Empezamos en el corregimiento de Burrusco, llegando a Sabanalarga. Hay un arroyo pegado al corregimiento. La camioneta se atolló en la arena. Era sábado en la tarde, pasadas las 2. Intentamos sacarla con palos y piedras porque no había indicios de vecinos cercanos, pero fue inútil”.

Empezó a asomar el anochecer y con él, el temor de pasar una noche en un sitio desconocido. De pronto apareció un tractor cuyo piloto culminaba su labor en una finca. “Nos arrastró como si fuera una grúa”, cuenta el censista.

Al igual que Navarro, los participantes del Censo Agropecuario, el tercero que se realiza en el país, tendrán que llegar a 3’946.522 predios rurales ubicados en 1.100 municipios, sin detenerse ante nada, porque la meta es conocer la verdad del campo para que el Estado pueda hacer una política más certera que lleve al desarrollo de esas áreas olvidadas.

Un retrato hablado

Con lo hallado hasta el momento ya hay un retrato hablado del mundo rural. Unos encuestadores han subido de 73 a 83 kilos tras la generosidad gastronómica de los campesinos; otros han tenido que salir despavoridos, correteados por perros y hasta por toros embravecidos. “Los más humildes son los más generosos. Tras invitarnos a su mesa, los campesinos quieren que uno se vaya de su finca cargado de sacos con yuca, guayabas y otros frutos del campo”, expresa Navarro, al tiempo que recuerda la anécdota vivida luego de hacer la última de las 180 preguntas que tiene la encuesta: “¿Se considera usted pobre?”

Frente al encuestador estaba un señor con sus abarcas y sombrero, que había dicho ser analfabeta. Sus únicas propiedades eran una vaca y un burro. Al escuchar la pregunta se puso nervioso, daba vueltas, consultó a su mujer. Al final, respondió un no, “mientras tenga manos y pies, no seré pobre. Ponga que no”, recordó Navarro.

Abonando el terreno

Antes de la incursión de los encuestadores, el Dane desplaza hasta las zonas de estudio a un equipo de sensibilizadores que van abonando el terreno para que los habitantes del campo sepan que se trata de un asunto oficial. Carlos Carmona fue trasladado desde el interior del país y es uno de los trabajadores que adelantó ese papel en áreas veredales del Atlántico. “A uno como cachaco lo ven muy frágil en estas tierras”.

Pero la experiencia lo ha endurecido. “A veces es necesario montar en ferry o en planchón y dormir donde lo coja a uno la noche. Yo, por ejemplo, soy cobarde para andar en moto, pero no hay más alternativa. Para acceder a las fincas, en algunos casos, solo existen trochas que requieren viajes de 4 horas como parrillero. Inclusive, hay casos en los que el conductor se detiene y dice: ‘hasta aquí llego’. Y hay que conseguir otro”.

El clima es aliado o enemigo y, de todas maneras, si llueve no se puede andar y si hay sequía se come polvo. “En cierta ocasión ya habíamos arrancado y empezó a llover. El de la moto dijo que no valía la pena parar en mitad de la nada. A pocos metros caímos en los pantanos que forma la lluvia en las trochas”, recuerda el censista, cuyas dificultades son otra muestra de la generosidad de los campesinos.

“Estaba en el municipio de Zapallán (Atlántico). Empezaba a anochecer. Pregunté a un habitante por hospedaje y me sorprendió su carcajada, luego de la cual, me respondió: ‘aquí no hay nada de eso’. –Qué me recomienda, le pregunté. ‘Quédese en mi casa’, me ofreció. Tanto el mototaxista como yo fuimos hospedados por un hombre que confió y trató como reyes a unos desconocidos”.

Empresarios eficientes

Patricia Muskus se topó con los grandes propietarios de fincas en cercanías de Tolú (Sucre), o con los pequeños productores de Colosó y Chalá. Gladys Lebrón, en Falan, al norte del Tolima, vio a los habitantes del campo como unos empresarios eficientes que siembran café, plátano, maracuyá, aunque sea en un diminuto pedazo de tierra.

Otros censistas se han sorprendido con el imaginario de los campesinos en el Atlántico, tras una tromba marina (especie de torbellino), a la que levantan a tiros para desvanecerla. Así es el campo que está descubriendo el censo.

MARTHA MORALES MANCHEGO
Redacción Economía y Negocios

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