El otro plato frío de la venganza / Opinión

El otro plato frío de la venganza / Opinión

'Días de venganza' retoma círculo de una violencia en espiral ensañada contra presuntos agresores.

14 de junio 2014 , 08:37 p. m.

Asumir la justicia por mano propia y ejercer la ley del talión, con el uso arbitrario de las propias razones, constituye una de las conductas más aberrantes de la humanidad. Brutalidad ejercida irracionalmente contra los individuos, lo que genera otras acometidas para saciar una sed autojusticiera de naturaleza obsesiva. Es aquí cuando los métodos aplicados por sus víctimas suelen ser más crueles que los esgrimidos por los victimarios. “Desde los mitos antiguos a las historias modernas, la venganza es el tema más popular de los escritores y eso me intriga” (Mr. Park Chan-Wook).

Con la firma ya en declive del director afroamericano Spike Lee, diez años después aparece el remake de un film surcoreano de culto, ganador en Cannes del Gran Premio del Jurado. Inspirado por un manga japonés, su estética oriental del horror y la violencia forjó una historia trágica compleja y ambigua. Tales acciones criminales se han trasladado al suelo estadounidense con más reservas que vacilaciones, al perderse el soplo inicial para dar paso a un relato gore de secuestro prolongado y especulación sobre los oscuros móviles del delito.

'Cinco días para vengarse' (2003) funcionó como una creíble descarga de rencores y energía negativa. Hombre secuestrado durante 15 años, sometido a pesquisas para aclarar las razones no menos inconfesables de tan prolongado encierro (sólo un televisor le sirvió de índice noticioso de lo acontecido afuera). Era la segunda parte de una trilogía, posterior a 'Simpatía por el señor Venganza', donde la sevicia actúa como un resorte acoplado a los castigos infligidos en crueles torturas.

'Días de venganza' (2013) retoma el círculo maldito de una violencia en espiral ensañada contra presuntos agresores, que engendra aún más agravios. Narración lineal, no fragmentada, de cortes abruptos en el montaje y violencia simplista salpicada con menos humor negro y sin las ironías psicopatológicas del original. El loco armado de un martillo para tumbar dientes, producto esta vez de una calculada retención por 20 años, desconoce las tonalidades sadomasoquistas del protagonista de antes, que se devoraba un calamar vivo con los tentáculos agitándose dentro de su boca.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
laurens@etb.net.co

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