'El vino es placer, el resto son historias'

'El vino es placer, el resto son historias'

María Isabel Mijares, la gran dama del vino en España, conversó con EL TIEMPO.

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14 de junio 2014 , 08:20 p. m.

Uno de los mayores atractivos de Expovinos son los expertos que la feria trae al país. Y este año, uno de los invitados más especiales es María Isabel Mijares, la gran dama del vino en España y, sin duda, una personalidad del mundo del vino a nivel internacional.

Química, enóloga, empresaria, asesora de la ONU y gran comunicadora del vino son solo algunos de los roles que Mijares ha desempeñado a los largo de sus más de 40 años en esta industria, a la que ha dedicado su vida.

Alumna aventajada de Emile Peynaud en la Universidad de Burdeos, Mijares tradujo al español El gusto del vino, una de las principales obras de este gran francés, considerado el padre de la enología moderna.

Actual vicepresidenta de la Federación Internacional de Periodistas y Escritores del Vino, presidenta de la organización homónima en España y directora de la Guía Repsol de Vinos, Mijares conversó con EL TIEMPO vía telefónica, desde Madrid.

Usted ha sido testigo de primera fila del mundo del vino durante más de cuatro décadas. ¿Qué ha cambiado para bien y qué ha cambiado para mal en el vino?

Hay una cosa que me inquieta y es que nunca se ha hablado y escrito tanto de vinos como ahora, y nunca la gente había creído saber tanto de vinos como ahora; sin embargo, el consumo ha caído de manera alarmante. El caso de España es dramático: pasamos de 83 litros por habitante a 14.

¿A qué atribuye esto?

Si bien los tiempos han cambiado, es innegable, creo que el problema principal es que no le hemos sabido transmitir la cultura del vino a la juventud. Hemos rodeado al vino de demasiada parafernalia. Hoy parece que para beber vino hay que ser doctor en enología y no es así. Nos hemos equivocado en la comunicación del vino y estamos pagando el precio por ese error.

¿Cómo se revierte esa situación?

Para volver a aquellos tiempos en los que el vino acompañaba todos nuestros momentos felices –así crecimos– debemos acercarnos a la gente joven. Y el mundo de la comunicación tiene muchas herramientas para ayudarnos en este propósito.

¿Es optimista o pesimista sobre el futuro del vino?

Soy optimista porque los países emergentes han sido una gran suerte. Nos están aportando no solo nuevos consumidores, sino otros conceptos sobre el vino que, antes, ni siquiera considerábamos. Hoy contamos con unas posibilidades de intercambiar experiencias y conocimientos que antes no teníamos. Y los nuevos países consumidores, como es el caso de Colombia, ayudan mucho. Soy optimista, siempre y cuando cambiemos el chip de la comunicación. Hemos rodeado al vino de una suerte de esnobismo, de filosofías inexistentes y de un idioma solo para iniciados que dificulta el acceso a los jóvenes y que transmite una imagen distorsionada y caduca. Pero estamos a tiempo para cambiar eso.

En Colombia somos un mercado emergente. Dos consejos para esos miles de colombianos que hoy se interesan en el vino…

El primero y más importante es que el vino es placer, lo demás son historias. En vez de tratar de aprenderse varios libros de memoria como requisito ineludible para poder beber vino, concéntrense en buscar el placer que el vino da. Lo otro vendrá solo. Y el segundo consejo: tomen como base de todo su propia experiencia. Traten de juzgar y analizar sus emociones, y ténganlas en cuenta mucho más que las opiniones y puntajes de los críticos, con los que no se tiene por qué coincidir. Nuestras sensaciones están primero y eso es lo que cuenta.

¿Qué expectativa tiene con respecto a Expovinos, que es una de las pocas ferias que están orientadas al consumidor final?

Me hace mucha ilusión por el contacto con esos nuevos consumidores. Y también, me parece una espléndida oportunidad de estar con los comerciales y explicarles cómo creo yo que se le debe llevar el vino al consumidor final.

¿Y nos podría mencionar alguna de esas claves?

Aparte del concepto de placer, que ya expliqué y es fundamental, considero importante sembrar la noción de que hay vinos baratos buenísimos, y de que no hace falta pagar fortunas para poder disfrutar del vino. Y luego está la tarea de ayudar al consumidor a encontrar eso que busca y espera de un vino. No hay que olvidar que este es un producto que entra por los sentidos, es anímico y subjetivo; tiene mucho más de gusto personal que de conocimiento intelectual.

¿Qué es lo más bonito que le ha dejado el vino?

Conocer a la gente que hay detrás de cada botella: creo que el vino se parece a quienes lo hacen, pero, además, la gente del mundo del vino es muy especial: abierta, generosa, sensible... seres humanos que disfrutan el compartir.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de Domingo

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