Una elección reñida y trascendental en la que usted decide

Una elección reñida y trascendental en la que usted decide

Paz, relaciones exteriores y manejo de economía, entre principales diferencias de Santos y Zuluaga.

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14 de junio 2014 , 06:54 p. m.

Al elegir con su voto al nuevo presidente de la República, los colombianos decidirán este domingo entre dos visiones de país bastante enfrentadas en puntos tan capitales para el futuro de la Nación, como la forma en la que se debe buscar la paz.

Pocas veces en nuestra historia reciente los colombianos han tenido la posibilidad, pero sobre todo la responsabilidad, de escoger a su gobernante entre dos opciones tan antagónicas desde el punto de vista ideológico, pese a que ambas provienen de la franja derecha del espectro político.

Si bien Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga pertenecieron a una misma matriz, el uribismo, hoy cada uno de ellos representa una alternativa diferente para enfrentar los retos del país. Y especialmente en tres temas muy estratégicos: la forma de acabar con cinco décadas de conflicto armado, las relaciones internacionales y los tratados de libre comercio. Todos ellos, asuntos que convierten al resultado electoral de este domingo en algo trascendental.

Aunque el expresidente Álvaro Uribe ha sido determinante en el éxito electoral de ambos y los dos fueron ministros suyos, Santos tiene un historia política que se remonta en sus orígenes a su tío abuelo, el expresidente Eduardo Santos, y ha sido cercano a varios gobiernos; mientras que Zuluaga prácticamente nace a la vida política nacional de la mano del expresidente Uribe.

Santos es fundamentalmente un liberal convocante (su Unidad Nacional es el mejor ejemplo de su talante), mientras que Zuluaga está claramente apegado a la doctrina uribista.

Paz, el eje central

 

El proceso de paz inició en 2012 y ya se ha logrado acuerdo en tres de los seis puntos de la agenda. Foto: Archivo.

Por la fuerza de las circunstancias, la búsqueda de la paz se convirtió en el principal tema del debate presidencial, sobre todo después de la primera vuelta, y podría inclinar la balanza en las urnas este domingo.

La elección presidencial de este domingo es casi un plebiscito sobre la paz. Si Santos obtiene la victoria, se habrá ratificado un mandato por la búsqueda de la paz negociada. Si Zuluaga vence, necesariamente los colombianos se habrían inclinado por una “revisión” del proceso de La Habana y, también, del que ha empezado a estructurarse con el Eln.

Con Santos reelegido, las negociaciones con las Farc –en las que ya hay ‘humo blanco’ en tres de los seis puntos de la agenda acordada por las partes (desarrollo agrario, participación política y narcotráfico)– seguirán su marcha, y con una alta posibilidad de llegar a la firma de un acuerdo definitivo para el fin del conflicto armado interno. Y es que es importante recordar que nunca se había llegado tan lejos en un proceso de paz con las Farc.

Si Zuluaga es el elegido, el proceso de Cuba, según las palabras de ese candidato, entrará en una “revisión”.

El candidato uribista ha dicho que impondrá nuevas condiciones a las Farc para seguir con las negociaciones, como suspender unilateralmente sus acciones militares, el secuestro de niños y los ataques contra la infraestructura, entre otros puntos.

Para el profesor de ciencia política Medófilo Medina, autor de varios libros sobre el conflicto armado, “no hay duda de que si Santos gana, será un voto por la paz; pero si Zuluaga gana, habrá un retroceso en esa vía”.

Marta Lucía Ramírez, excandidata conservadora y hoy jefa de debate de Zuluaga, no lo ve así. Ha dicho que no se quiere obstruir los diálogos, que Zuluaga es un hombre comprometido con la paz y que continuar con las negociaciones fue el punto central de su acuerdo programático con Zuluaga, pero que se busca que esto siga adelante en condiciones de “transparencia” y para llegar a “una paz con justicia”.

Sin embargo, la exigencia planteada por la campaña de Zuluaga en el sentido de que los jefes de la guerrilla paguen penas de cárcel y se les prohíba ir a corporaciones públicas se atraviesa fuertemente en el camino de las conversaciones de La Habana, pues la salida política del conflicto pasa por el hecho de que la Farc abandonen las armas a cambio de que puedan plantear y defender sus ideas pacíficamente, en el marco del juego democrático.

Las diferencias conceptuales son fuertes. Mientras que para Santos lo que hay es un “conflicto armado interno” que requiere de una solución negociada, para Zuluaga (y el uribismo) lo que hay es una “acción terrorista” que debe enfrentarse por la vía militar.

La postura de Santos, y la forma en que ha conducido el proceso de paz, ha sido aplaudida internacionalmente por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la Unión Europea, la OEA, la ONU, Unasur y hasta el Vaticano. Y en el ámbito interno, respaldada por sectores políticos que van desde la centroderecha hasta la izquierda radical, así como importantes voces del empresariado.

Clara López, excandidata presidencial del Polo, estima que “el triunfo de Santos significaría estar mucho más cerca de la paz, de poner fin a una guerra de más de 50 años”.

Y el empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo declaró esta semana: “A mí me gusta el proceso de paz. El país no tiene 50 años, sino 60 años en guerra y no es ni lógico ni justo que esto continúe. Esto hay que acabarlo”.

Antanas Mockus, que hace cuatro años fue el gran contendor de Santos en la lucha por la Presidencia, escribió: “Vamos a votar por Santos porque suspender las negociaciones sería una irresponsabilidad que equivale a terminar el proceso y a perpetuar el conflicto. La experiencia de muchos países enseña que no es posible terminar una guerra solo por la fuerza de las armas (...). Vamos a votar por Santos porque no es cierto que el proceso de paz en que está empeñado su gobierno suponga impunidad legal. En toda negociación y en todo acuerdo es indispensable hacer concesiones. En este caso, es necesario que las dos partes cedan algo para obtener la paz, que es un bien superior”.

La visión de Zuluaga

Los apoyos a Zuluaga, a propósito de su postura sobre la paz, le han llegado de sectores conservadores, militares en retiro y del expresidente Álvaro Uribe, figura que congrega a muchos colombianos, como demostraron las elecciones legislativas y la primera vuelta de las presidenciales.

“Yo quiero una paz negociada, pero una paz basada en condiciones. Una paz con justicia, no una paz con impunidad. ¿Será que es mucho exigir al principal cartel del narcotráfico del mundo, al grupo terrorista de las Farc, que para buscar una paz negociada deje de reclutar niños o suspenda las minas antipersonas o deje de extorsionar?”, le dijo Zuluaga a EL TIEMPO, en reciente entrevista.

“Queremos saber qué está pasando en La Habana, no sabemos qué está pasando allá, ha sido una paz de comunicados de prensa. La paz se hace entre todos los colombianos”, dijo el expresidente conservador Andrés Pastrana, el viernes, durante un encuentro con Zuluaga y la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez, en Bogotá.

Carlos Holmes Trujillo García, compañero de fórmula presidencial de Zuluaga, ha sido uno de los más críticos de la propuesta de paz de Santos. Con argumentación jurídica, en el libro Paz y justicia, justicia para que haya paz, García Trujillo sostiene que el Marco Jurídico para la Paz, un acto legislativo aprobado por el Congreso para facilitar el proceso de La Habana, está en contravía con el Estatuto de Roma.

En el prólogo de ese mismo texto, Uribe escribió que “la paz (de Santos) no nace de la claudicación del Estado ante el terrorismo, sino del ejercicio firme y legítimo de su autoridad”.

El general retirado Jorge Enrique Rey Navas dijo esta semana, durante un encuentro con militares retirados –al que asistió Uribe–, que “hay que evitar que nuestra patria sucumba a un socialismo radical adoptado por el presidente Santos”.

Relaciones exteriores

Lo que Santos tiene para ofrecer en relaciones internacionales es la continuación de lo que ha hecho. Su gobierno, por ejemplo, redujo las tensiones con los países vecinos al punto de restablecer las relaciones diplomáticas con Venezuela y Ecuador, suspendidas en la etapa final del mandato de Álvaro Uribe (2002-2010).

Entre Santos y Zuluaga también hay diferencias significativas sobre la manera de abordar el problema con Nicaragua. Mientras Santos habla de “inaplicabilidad” de la sentencia de La Haya que afectó intereses económicos de Colombia en el mar Caribe, Zuluaga y el expresidente Uribe defienden la tesis del “rechazo” a ese fallo.

Y esto no es asunto de semántica. La tesis de Santos plantea que los límites del país no se pueden modificar por sentencia de un tribunal internacional como La Haya, sino mediante un tratado, tal como lo admitió la Corte Constitucional. Zuluaga, en cambio, es partidario de una “consulta popular” sobre el fallo de La Haya para cerrar el limbo jurídico.

Zuluaga también ha recriminado de manera sistemática al gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por la violación de los derechos humanos en ese país y por servir de refugio a las guerrillas colombianas, de manera que, en caso de ser elegido, probablemente las relaciones entre los dos países sufrirían de inmediato. Santos, por su parte, ha promovido el diálogo entre distintos sectores políticos venezolanos, es decir, la línea del respeto a la libre autodeterminación de los venezolanos.

Los TLC, otro choque

Santos y Zuluaga también chocan en el tema de los tratados de libre comercio.

Mientras que el actual Presidente está muy comprometido con este instrumento de globalización de nuestra economía, y buscaría potenciarlos sin ‘peros’, Zuluaga propone que no se firmen nuevos TLC por cuatro años, “para profundizar los mercados ya consolidados y acelerar la inversión proveniente de los países y regiones con los cuales hemos estrechado lazos comerciales”.

En la concepción de Estado también hay diferencias. Mientras que Santos defiende la tesis de un Estado que debe intervenir cuando así se requiera y debe tener el músculo necesario para actuar, Zuluaga es partidario de uno austero y limitado.

Pero más allá de diferencias y de lo insalvables que algunas de estas puedan parecer, una cosa clara es que quien resulte electo hoy tendrá que hacer un esfuerzo político de gran envergadura para tratar de sacar al país del clima de polarización en el que lo han dejado estas elecciones. Hay grandes retos por delante y los peor para el país sería un escenario de agudización de la actual división.

EL TIEMPO

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