Colombia ganó respeto... (Opinión)

Colombia ganó respeto... (Opinión)

notitle
11 de junio 2014 , 07:24 p. m.

Las críticas, las huelgas, las (no) obras, los estadios (casi) terminados, las protestas sociales, las broncas, las denuncias de corrupción, los congestionamientos de tránsito, el (no) clima de Mundial, tendrán a partir de este jueves el destino de un expediente ministerial: comuníquese, publíquese y archívese. Eso y noticias como ‘inspecciones de la Fifa’, ‘Blatter advierte...’, ‘Romario fustiga...’, ‘Pelé asegura...’, ‘Dilma garantiza...’ y muchas otras pasan ahora a un riguroso segundo plano, a un ínfimo recuadrito de cinco líneas debajo de todo de la página deportiva.

Ahora entra en movimiento el juguete posiblemente más vendido y venerado de la historia de la humanidad: la pelota. Y ahí empieza otro capítulo: el Mundial propiamente dicho, el juego, la emoción, la angustia, el deseo, la premonición, el vibrante galope de los corazones.

Cuatro años esperando este momento. Y el momento llegó. Los mundiales nos transportan a un estado de gracia emocional único. Es posible que, a nivel de juego, las competencias de clubes, en especial la ‘Champions League’ hayan puesto la vara muy alta, sin embargo, el Mundial representa exactamente eso: lo universal. Cualquier gol o incidencia memorable va directo a la historia. Este es el escenario máximo. No hay más. Futbolísticamente hablando, nada reporta gloria tan grande ni más imperecedera.

En otro momento, hace 20, 30 o 40 años, hubiésemos firmado a ciegas que Brasil, en su casa, era campeón. El fútbol se ha emparejado tanto que la única certidumbre es que juega el primer partido, quién sabe si el último. Además, este no es el Brasil de otras épocas, necesita de un comportamiento perfecto en el campo, ser un equipo compacto para garantizarse el título. Ya no hay monstruos sagrados. Pelé, Garrincha, Didí, Gerson, Tostao, Rivelino, Jairzinho, Zico, Falcao, Junior, Romario, Ronaldo, Ronaldinho son próceres pretéritos, están para salir en los billetes de cien reales o para engalanar cuadros en las paredes. El ahora es Neymar, un chico al que, muy forzadamente, lo han convertido en astro, más afuera que dentro del rectángulo. “No siento la presión para nada, sé que soy el '10' de Brasil, pero si no me lo dicen ni lo recuerdo”, confiesa él. Y en un punto es absolutamente cierto: con la ‘Canarinha’ juega desenvuelto, confiado, mejor que con la azulgrana de Barcelona.

Pero no es Superman. Y tiene apenas 22 años. Doscientos millones de compatriotas le exigirán que gane el título, la corona que lave las críticas a la organización, a los atrasos. Le dijeron que es un dios de la pelota y él no lo desmintió; ahora tendrá que corroborarlo. Si lo consigue, no alcanzará el bronce para tantas estatuas. Sino, el escarnio puede ser duro.

Tanto ha cambiado el fútbol que, siendo local y aunque favorito, Brasil alcanzó un módico 19,9 por ciento de probabilidades de coronar, según un estudio matemático y estadístico que realizó la agencia de noticias ‘Bloomberg’. En otra época hubiese ganado con el 50 por ciento. Alemania y Argentina comparten el segundo puesto con un 12,2 por ciento. El trabajo consistió en recopilar todos los datos disponibles sobre partidos históricos entre selecciones, desempeño en cancha y rankings internacionales para simular estadísticamente, por computadora, cien mil veces cada partido de grupo para obtener resultados y sus proyecciones. Lo notable del estudio es que selecciones como Bélgica o Colombia figuran entre los primeros opcionados. Es decir, el abanico se abre cada vez más. ¿Será este Mundial, como el de Sudáfrica, propicio para un campeón inédito?

Los 10 con más chances de ser campeones se completan con España (9,1por ciento), Bélgica (7,4 por ciento), Portugal (6 por ciento), Colombia (4 por ciento), Holanda (3,9 por ciento) y Francia (3,7 por ciento).

La sola mención de Colombia en séptimo lugar habla del respeto ganado. Ahora se impone ratificarlo haciendo el mejor Mundial de la historia de esta selección. Y eso significa llegar, mínimo, a cuartos de final. Menos que eso sería no cumplir con un objetivo básico. No se puede utilizar siempre el latiguillo de ‘pasar la primera fase’. Eso no sería modestia, ni siquiera conformismo, es abrir el paraguas.

Pocas veces una selección llega tan bien a un Mundial como esta Colombia. Por calidad y cantidad de jugadores, por edad, por entrenador, por ilusión, por apoyo, porque casi todos sus integrantes tienen enorme fogueo en Europa. Por su excelente preparación, sin improvisaciones ni folclorismos. Y sobre todo por las actuaciones que fue capaz de lograr en la Eliminatoria. Está probado que es un equipo que puede alcanzar un alto nivel de juego.

La ausencia de Falcao ya se lloró lo suficiente; toca mirar para adelante y jugar con los que están, muy buenos por cierto. Si siempre se dijo que sobraban delanteros, ahora no sirve como excusa.

No obstante, nadie piense en Grecia como un rival menor. Fue campeón de Europa en el 2004. No pasaron 100 años. Grecia juega esperando, con mucha gente atrás. Más lo hará sabiendo el potencial colombiano. Es un examen perfecto para saber cómo está el equipo y cuál es su grado de creatividad cuando se le cierran.

El futbolista colombiano acomete en este Mundial su prueba más urticante: perder el miedo escénico, descollar en el palco más difícil. La humildad está bien, pero no hay que guarecerse detrás de la modesta ‘primera fase’: es hora de demostrar.

Último Tango
JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.