Editorial: El llamado de monseñor Epalza

Editorial: El llamado de monseñor Epalza

El llamado de monseñor Héctor Epalza, tiene que convertirse símbolo de una lucha que no da espera.

09 de junio 2014 , 09:23 p. m.

Hay que seguir diciendo y denunciando, hasta que deje de ocurrir lo que pasa en Buenaventura. Es una vergüenza para la nación: una demostración de lo mucho que le ha faltado el Estado, durante décadas, a la Costa Pacífica colombiana. El director de Human Rights Watch para las Américas, José Miguel Vivanco, quien visitó la región hace algunas semanas, con razón lo llamó “un escándalo para Colombia”: “No puede ser –dijo– que en uno de los puertos más importantes del continente se den, semana por semana, las desapariciones, los desplazamientos, los desmembramientos, y familias enteras vivan sobre la basura”.

El Gobierno ha puesto en marcha un plan de emergencia para el Pacífico, con un presupuesto de 400 millones de dólares, y ha militarizado la zona en las últimas semanas (hace días fueron capturados diez miembros de la temible banda ‘los Úsuga’), y sin embargo el país entero tiene que enterarse de la horrible verdad y reaccionar a la pesadilla que está sucediéndoles hoy a tantas familias bonaverenses.

Por eso, el valiente llamado de monseñor Héctor Epalza, obispo de la ciudad, tiene que convertirse en el símbolo de una lucha que ya no da espera: “La realidad de Buenaventura es crítica y necesita mucha atención, y no solo inversión, sino parte humana”, ha dicho el prelado.

El puerto y su gente deben ser prioridad y conciencia nacional. El próximo presidente, sea quien sea, no puede ceder ni un solo centímetro en el combate de aquella criminalidad que se ha estado burlando de todo un país y ha estado sometiendo a toda una ciudad que no vive un solo día con la certeza de que llegará ilesa hasta la noche. Hace ocho días apareció, cerca de la vía férrea, otro cuerpo desmembrado: el de un joven de 17 años al que su familia había estado buscando por las calles del barrio Gamboa.

Es cierto que comienza a sentirse en la región, aun cuando haga falta mucho, la presencia gubernamental. Pero, sobre todo, tienen que oírse claras y contundentes, como pide monseñor Epalza, nuestra solidaridad y nuestra indignación: lo que ocurre en Buenaventura es un terremoto diario, y los criminales no pueden seguir asesinando a diestra y siniestra porque se hayan acostumbrado a que sus actos no tengan consecuencias.

editorial@eltiempo.com.co

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