'Sería una torpeza de Zuluaga romper diálogo en La Habana': Restrepo

'Sería una torpeza de Zuluaga romper diálogo en La Habana': Restrepo

En su nuevo libro, el exministro de Agricultura defiende el acuerdo agrario con las Farc.

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08 de junio 2014 , 08:50 p. m.

No está dedicado a los críticos del proceso de paz con las Farc, pero es de lectura obligada para ellos. El libro La cuestión agraria – tierra y posconflicto en Colombia’, del exministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo y su exasesor jurídico en ese despacho Andrés Bernal Morales, desmenuza los alcances del acuerdo agrario logrado en La Habana entre el Gobierno y las Farc y concluye que se trata de un paso necesario no solo para poner fin a 50 años de conflicto armado sino para modernizar a Colombia.

Restrepo, uno de los arquitectos de ese acuerdo agrario, hace fuertes críticas a su sucesor en el Ministerio de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, por lo que llama una parálisis en dos de los grandes proyectos del presidente Santos: la formalización de la tierra y la recuperación de baldíos.

A los críticos del proceso de paz, el exministro les dice que han hecho “una caricatura” del acuerdo agrario para desacreditarlo. Y al candidato presidencial Óscar Iván Zuluaga le advierte que sería “una torpeza” poner fin al diálogo con las Farc si gana las elecciones.

Ustedes dicen en el libro que la formalización y restitución de tierras que echó a andar Santos marcharon bien hasta mediados del 2013. Pero se frenó, y si sigue así, será difícil cumplir el acuerdo agrario con las Farc. ¿Se congeló con la llegada de Rubén Lizarralde?

El Gobierno avanzó en sus primeros tres años en políticas audaces como la restitución y la formalización de la propiedad agraria y la recuperación de baldíos para tener con qué hacer una política agraria. Creo que ese sigue siendo el propósito de Santos, pero cuando uno ve las cifras, parece que en los últimos 9 o 10 meses se les hubiera puesto el freno de mano.

¿Cuáles son esas cifras?

En los primeros tres años de esta administración se formalizaron cerca de dos millones de hectáreas. Además, desencuevamos de los sótanos del Incoder cerca de 1.700 procesos agrarios (que incluyen unas 800.000 hectáreas) que tienen como propósito recuperar para el Estado muchas tierras baldías de las que avivatos se habían apoderado. Hay que recuperarlas para que sean el núcleo del banco de tierras para distribuir. En formalización y recuperación de baldíos, uno nota muy pobres resultados en los últimos meses.

¿De los 1.700 procesos agrarios que desempolvaron, cuántos se han resuelto?

Uno nota que están en cámara lenta en los últimos meses. Confío en que sea un fenómeno transitorio porque el país tiene que seguir preparando el posconflicto rural, haya o no acuerdo con las Farc. Estoy seguro de que Santos lo continuará en caso de ser reelegido. Si no se sigue con políticas de avanzada, así se pisen callos, el país no hallará la paz.

¿Si estamos en el mismo gobierno que impulsó la formalización de la tierra y la recuperación de baldíos, por qué están paralizadas, según su análisis?

Por un desafortunado proceso de politización de entidades claves. Sobre todo del Incoder, que mal que bien es la entidad con la que se cuenta para hacer estos procesos agrarios. Eso ha repercutido en que ha habido más politiquería y menos políticas de fondo.

Eso recae también sobre el Ministro de Agricultura y el ministro Lizarralde...

Hubo un episodio infortunado. Presentó (Lizarralde) un proyecto de ley que duró un día; creo que no ha habido en la historia legislativa del país un proyecto más efímero. De la propia Casa de Nariño le ordenaron retirarlo, porque iba más orientado a sanear situaciones de indebidas acumulaciones de baldíos que a preparar la legislación para una gran reforma agraria.

En el libro, ustedes enfatizan en que lo escribieron para hacer pedagogía sobre el acuerdo agrario con las Farc. Algunos críticos dicen que las zonas de reserva campesina son grandes extensiones que se van a entregar a la guerrilla...

Al hacer la disección del acuerdo, lo que se ve es un gran proceso de desarrollo rural para un posconflicto, respetuoso del derecho de la propiedad privada y la Constitución. Las Farc hablaron en un primer momento de 9 millones de hectáreas para zonas de reserva campesina, lo que era un disparate porque es casi el doble de las tierras que hay en el país en agricultura (4,5 millones), y de 54 zonas (hay 6) con autonomía política, administrativa y judicial. A lo largo de la negociación dicen que las zonas de reserva campesina serán de conformidad con lo que la ley dice, que es para casos especiales y sin autonomía.

El acuerdo contempla la extinción de dominio administrativa para tierras mal aprovechadas, y de ahí que los críticos digan que no se respetará el derecho a la propiedad. ¿Qué decirles para que no se asusten?

La extinción de dominio existe desde hace mucho en la legislación colombiana; lo que pasa es que hay sectores que quisieran que nunca se aplique. El acuerdo de La Habana habla de un banco de tierras (fondo de tierras) para entregar a los campesinos, no a las Farc, y hay tierras que están bajo la órbita del Estado pero que no están cumpliendo su función social. El banco de tierras saldría de la recuperación de baldíos que le han quitado al Estado avivatos de todas las clases sociales y de todos los pelambres delictuales. Esa es la razón de ser de los 1.700 procesos agrarios que van ahora a media máquina. Además, hay cerca de 400 o 500 mil hectáreas de las mejores tierras del país que duermen en Estupefacientes como los aviones en el Triángulo de las Bermudas. Entraron y no han vuelto a salir. Hay que acelerar los procesos de extinción de dominio y poner esas hectáreas al servicio de políticas agrarias. Hay que desafectar tierras que están bajo la ley segunda del 59 en áreas que ya no son de reserva forestal, para poder titular. Finalmente, si fuera necesario, se aplicaría la extinción de dominio.

Ponga un ejemplo…

Una de las causales de extinción de dominio es cuando haya habido un mal uso medioambiental. Por ejemplo, tierras que se están erosionando y que se necesiten para un poblamiento campesino. Perfectamente, con indemnización se puede hacer una extinción de dominio, así como se hace para la construcción del paso de una carretera.

Vamos a suponer que una de esas tierras queda al lado de un condominio en Anapoima. Esa es la operatividad del acuerdo agrario de la que el Gobierno no habla y de lo que se pegan para desacreditar lo logrado en el proceso de paz...

La mayoría de las tierras de extinción de dominio son las de ‘paras’ y narcos. Y quedan en el bajo Cauca antioqueño, Caucasia, Córdoba, en las zonas donde hay necesidad de mayor dotación a campesinos.

¿El acuerdo agrario está lejos de ser lo que dijeron las Farc en su primer manifiesto: que la tierra es de quien la trabaja?

Quien se lea con honestidad intelectual el acuerdo agrario se da cuenta de que no queda proscrita la posibilidad de que convivan la gran, mediana y pequeña propiedad, y ese es un logro formidable.

Cuando ustedes comparan el primer manifiesto agrario de las Farc con el acuerdo en Cuba destacan la transformación de esa guerrilla...

Hicimos la arqueología del pensamiento agrario de las Farc en sus 50 años. Han tenido planteamientos radicales, como la expropiación total sin indemnización y acabar con el latifundio. Cuando uno compara con lo que se llegó ve un planteamiento más flexible. En este y en otros temas de La Habana hay que recordar que uno no puede negociar solo. Aquí hay candidatos que así lo creen. Esto hay que negociarlo con el enemigo, las Farc en este caso. Se han logrado convergencias que no avasallan a ninguna de las partes. Ojalá que la paz se redondee.

¿Están dadas las condiciones para hacerlo con quien sea elegido presidente?

Ya van tres acuerdos. Personalmente, quisiera que el presidente Santos fuera reelegido, pero aun si no es así, el doctor Óscar Iván Zuluaga tendría la delicada responsabilidad de entender que tras estas negociaciones no hay simplimos y no les puede dar una patada pretendiendo que lo que se ha hecho no vale. La paz pasa por una Colombia rural más equitativa.

En el libro afirman que el país le hace más caso a lo que las Farc dicen para la galería que a lo que queda en los acuerdos…

Usted que ha estado en La Habana me da fe de lo que voy a decir. Una es la reunión privada de las mañanas, a las que no pueden entrar sino los negociadores y donde se han cocinado los tres puntos logrados. Al mediodía, las Farc salen a hablar de lo habido y por haber, y muchos en Colombia dan por hecho que eso es lo que se negocia. Hay que tener claro qué es lo que se dice por fuera y lo que está negociado. Y lo negociado está escrito.

¿Confían en que las Farc cumplen la palabra?

Es que si uno se sienta a negociar no puede partir del supuesto de que quien está al otro lado le va a incumplir, porque para qué se sienta.

¿Cómo explicar la insistencia de las Farc en que han firmado tres acuerdos parciales y que hay salvedades al final?

Supongo que las presentan y el Gobierno verá si las acepta. A esto le ha faltado pedagogía del Gobierno. Esos comunicados profusos (de las Farc) no han sido respondidos por el Gobierno. El hecho de que todo será sometido a la aprobación de los colombianos tiene un valor inmenso. A nadie se le meterá gato por liebre.

¿Eso quiere decir que si ganara Zuluaga cometería un error si rompe la negociación?

Sería una torpeza mayúscula echar por la borda un trabajo de filigrana. No se puede creer que esto se negocia solo. En esta campaña se oyen planteamientos simplistas, como poner condiciones unilaterales.

Dice que al Gobierno le ha faltado pedagogía sobre el proceso de paz. ¿Qué lo lleva a hacerla sobre el acuerdo agrario?

Una gran molestia por oír en esta campaña repetidamente que en La Habana se habrían negociado cosas inconfesables. Con Andrés Bernal hemos sentido el deber de mostrar que lo que se ha negociado en el tema agrario ha sido transparente.

¿Por qué sale con este libro antes de la segunda vuelta de la elección presidencial?

La paz ha estado en el corazón de esta contienda presidencial y tiene entre sus aristas el reproche injusto de algunos, y mendaz de otros, de que se está negociando de manera oculta.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO

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