¿Qué Mundial nos espera?... (Opinión)

¿Qué Mundial nos espera?... (Opinión)

Las noticias procedentes de Brasil son a cada momento más inquietantes.

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07 de junio 2014 , 05:12 p. m.

Rosangela Castro es una maestra que en días pasados participó de un piquete que docentes en huelga le hicieron a Brasil cuando salía de su centro de entrenamiento, en Teresópolis.

Le dijo a la France Presse: “Es un escándalo saber que gastaron más de 15 millones de reales –unos 6 millones de dólares– para reformar el predio de la Selección y miles de millones en los estadios, mientras hasta ahora ninguna de las víctimas de la tragedia del 2011 (graves inundaciones y un alud que causaron más de 400 muertes en esa ciudad, Nova Friburgo y Petrópolis) consiguió ser realojada en las viviendas prometidas”.

Los maestros se plantaron delante del bus de Neymar y compañía con carteles de fuertes consignas: ‘No van a tener Copa, van a tener huelga’ y ‘Precisamos escuelas, no estadios’. El jueves pasado, un paro de empleados del subterráneo paralizó a Sao Pablo y generó un caos de tránsito que, en total, provocó 209 kilómetros de trancones.

A pocos días del saque inicial, abrochándonos el cinturón en el avión rumbo al Mundial, las noticias procedentes de Brasil son a cada momento más inquietantes. Varios estadios terminados a las corridas, con la pintura fresca y gente en los andamios, las obras complementarias no concretadas o para entregarse después del torneo, huelgas de docentes, de trabajadores del metro, vandalismo en estaciones de tren, descomunales embotellamientos de autos, precios altísimos, crispación social, descontento a toda escala...

Es casi rutinario: antes de los mundiales que no se realizan en Europa surgen todo tipo de dudas y críticas respecto a la organización que, luego, una vez comenzada la fiesta de la pelota, quedan en segundo plano y triunfa el espíritu de la Copa. Ojalá Brasil no sea la excepción. No obstante, esta vez se percibe un enrarecido clima ciudadano. Los distintos sectores parecen querer cobrarle al Gobierno todas las cuentas pendientes. Hay un fastidio generalizado con las autoridades.

Por primera vez un pueblo manifiesta mayoritariamente que no desea la Copa del Mundo en su país. Lo insólito –jamás lo imaginamos– es que esto suceda en Brasil, donde, desde el día en que le fue adjudicada la sede, se pensó que la competencia encontraría el ambiente más festivo posible.

“Las manifestaciones de protesta comenzaron en la Copa Confederaciones y van a continuar. Incluso, se espera que durante el Mundial haya muchas marchas más que hasta ahora”, dijo William Kayser, periodista de O Globo al diario Olé.

“El principal motivo –explicó– es porque el Gobierno hizo una gran inversión en estadios y no en hospitales, escuelas, subtes, autopistas... Un mundial debería dejar mejoras en las ciudades, y hoy no se ve eso en el país”.

La presidenta Dilma Rousseff, quien ha prometido una y otra vez “el mejor Mundial de la historia”, fue lacónica el viernes: “Lamentable, lamentable...”, expresó, para referirse a la huelga, a los incidentes y al día infernal que vivió San Pablo, en el que, además, conspiró la lluvia.

La Fifa obliga a las selecciones a estar un día antes de los partidos en las ciudades donde deben jugar, pero ahora comunicó que deben llegar con dos días de antelación; por si las moscas, que son muchas... No sea cosa que un partido no se pueda llevar a cabo.

Cauto y muy serio, Joseph Blatter insistió sobre la confianza de la Fifa en la capacidad organizativa brasileña y se mostró optimista en que después del puntapié inicial “habrá una mejor atmósfera”. Es verdad, eso siempre sucede, una vez que se siente ruido de pelota, el foco de la atención pasan a ser los partidos, pero un gran segmento del pueblo brasileño parece estar esperando ese momento para hacer más estentóreos sus reclamos.

¿Qué Mundial nos espera? Lo sabremos cuando empiece a rodar el esférico. Solo una pauta es segura: jamás una copa estuvo rodeada de un clima tan espeso.

Último tango…

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO

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