El nudo actual

La desigualdad socioeconómica y sus efectos preocupan la opinión mundial, y ojalá a la nacional.

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06 de junio 2014 , 06:12 p. m.

En la retórica económica mundial reciente, el crecimiento como panacea, la liberación mercantil, el recorte al estado de bienestar y la austeridad habían sido los tópicos dominantes hasta que la crisis financiera los cuestionó. Ahora, el discurso es la desigualdad, coincidiendo el Papa, el presidente Obama o el nuevo alcalde Nueva York, que habla del contraste entre dos ciudades, y un libro de moda, apoyado en cifras de factores como renta, salario y sobre todo tributación, que cree que la desigualdad es un efecto de la organización económica y, por tanto, su tendencia; “la forma principal de gravar (…) no se adapta a la estructura de la riqueza en el siglo XXI”.El nobel Krugman comenta que, desde los 70, los ingresos del 1 % más rico han subido un 165 % frente al estancamiento salarial de los trabajadores. Desde el 2000, los ingresos del 10 % superior suponen entre el 45 % y el 50 % del total nacional (EE.UU.), y el incremento del 1 % es todavía más acusado.

Se dice que, pasando el pánico de la crisis, quedan la reducción del ingreso de la clase media, el desempleo y la desigualdad —como lo estructural—,tanto en países donde el patrimonio, su renta, la preparación y la tecnología seguirán aumentando la brecha como entre naciones con efectos perniciosos políticos, porque la visibilidad de la situación facilita la comparación. En EE.UU., por ejemplo, la movilidad no actúa ya como amortiguador. Se ha quebrantado la expectativa de prosperidad al alcance de cualquiera, por la evidencia de que la mayoría nunca logrará el nivel de la minoría: “la movilidad social se ha estancado”, dice Obama; “golpe al sueño americano”,dice El País.

Beneficio, si lo hay, es que la política y la economía son más sociales o no lo son, indicador de la reflexión mundial actual, en cuanto todo es ya global y las cifras confirman lo que se ve. Puede, asimismo, decirse que la democracia es social o no lo es. La discusión va al Estado, como regulador en cuestión neurálgica, como la tributación, cuando se pretende mediar entre el monopolio empresarial o estatal. Viene a cuento porque, en una sociedad como la colombiana, el actual debate electoral, quiéralo o no, tiene que ver con la deformidad socioeconómica y su reflejo, por ejemplo, en la violencia, tácita y explícitamente nudo del conflicto y sobre todo del postconflicto; si no, ¿de qué se está hablando y para qué se va a votar?

Jorge Restrepo

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