Motos, las segundas que más aportan a la polución en Bogotá

Motos, las segundas que más aportan a la polución en Bogotá

Son las que más dañan la calidad del aire, después de vehículos de carga (buses y camiones).

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06 de junio 2014 , 04:00 p. m.

Las motos que pululan por Bogotá, cada vez más numerosas, no solo se han convertido en un dolor de cabeza por su alta contribución a la tasa de accidentalidad, sino porque ocupan el segundo lugar como los vehículos motorizados más contaminantes, después de los buses de servicio público y los camiones.

Según cifras de la Secretaría de Ambiente, de las 1.152,14 toneladas anuales de material particulado –generador de enfermedades respiratorias agudas– que flotan en el aire de Bogotá por causa de los automotores, el 7 por ciento es producido solo por las motocicletas (84 toneladas).

Ni siquiera TransMilenio que usa buses propulsados con diésel contamina tanto. Por su parte, los camiones y buses del transporte público colectivo y del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), emiten 811,05 toneladas de material particulado al año.

El escenario es desalentador si se considera que desde el 2011, el número de motos casi se duplicó: pasó de 269.452 unidades a 402.657 (de ellas, más de 5.500 son de uso oficial); es decir que creció el 49,4 por ciento.

No obstante, para muchos es incomprensible cómo unos vehículos tan pequeños, que apenas constituyen el 20,7 por ciento del parque automotor bogotano, ocupan un lugar tan poco halagador, si solo consumen un galón por cada 70 u 80 kilómetros recorridos (los automóviles consumen un galón cada 25 o 30 kilómetros). Además, a diferencia de los camiones y buses viejos, usan gasolina y no diésel, que es más contaminante.

El motor, la causa

Eduardo Behrentz, decano de la facultad de ingeniería de la Universidad de los Andes, explicó que esto se debe a que sus motores son mucho menos eficientes.

“Están diseñados para que sean baratos y de fácil mantenimiento. Lo negativo es que los motores no están diseñados para ser limpios, así que no tienen ningún sistema de control de emisiones, ni catalizador, filtros o válvulas de circulación de gases”, dijo el experto.

Según un estudio de esa universidad, un catalizador remueve el 95 por ciento de las emisiones. Sin él, las motos producen 20 veces más emisiones por galón.

Pese a estas cifras, el Distrito derogó en el 2012 el artículo 4 del decreto 035 de 2009, con el que se prohibía la circulación de motos de dos tiempos (más baratas pero mucho más contaminantes porque su motor es casi tan simple como el de una guadañadora) con el argumento de que “no son tan contaminantes como se pensaba”.

Sin embargo, Behrentz no está de acuerdo. “El problema ambiental se agrava cuando se mira que este tipo de vehículos apenas puede llevar uno o dos pasajeros a la vez. En ese sentido, un carro particular es mucho más eficiente. Las motocicletas son el medio de transporte menos sostenible de todos”.

El académico reconoció que con la decisión se beneficiaron personas de estratos bajos que suelen desplazarse en estos vehículos y que gracias a ellos incrementaron su calidad de vida, “pero siguen generando una alta accidentalidad, contaminación y caos vial que afecta a todos los ciudadanos”.

La solución, para él, es fortalecer y mejorar la calidad del transporte público en Bogotá, “uno que no sea caro ni inconveniente y que no se demore en llevar a los pasajeros a su destino”.

Sobre los camiones y buses, Behrentz lamentó que pese a la inversión de 1.000 millones de dólares en las refinerías de Ecopetrol para producir un diésel ambientalmente más amigable, siguen teniendo normas laxas en materia de control ambiental, por lo cual, a excepción de TransMilenio, son los únicos que no están obligados a usar filtros.

Lo que los conductores pueden hacer para evitarlo

Hay algo que cualquier persona puede hacer para disminuir las emisiones: ser un buen conductor. Cada vez que se frena o arranca, se generan grandes volúmenes de material particulado. Si cada uno de los motoristas evitara conducir de manera agresiva, así como frenar o acelerar de manera repentina, se reduciría la polución, según expertos.

NATALIA GÓMEZ CARVAJAL
natgom@eltiempo.com

 

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