Un fútbol de puro corazón

Un fútbol de puro corazón

En la Costa, miles de niños están aprendiendo que los valores humanos valen tanto como los goles.

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06 de junio 2014 , 08:24 a. m.

Con una sonrisa pícara, pero sin dejar de mirar a la cancha donde sus compañeros disputan un partido de fútbol, Jhoan José González Corro habla de su pasado:

“Cuando en la casa me mandaban a la tienda para hacer un ‘mandao’, yo me quedaba con el vuelto. Compraba dulces y me los comía en la misma tienda. Al regresar a casa, decía que toda la plata se gastó en la compra...”.

Está sentado en unas gradas de un pequeño escenario con dos canchas tipo microfútbol, pero en arena. Por su estatura y peso, representa menos de los 12 años que cumplió el pasado 3 de marzo. Se acomoda sus largas medias blancas que llegan hasta el borde de las rodillas, que descubiertas muestran las raspaduras sufridas recientemente, una de las cuales todavía está abierta. Y entonces, serio, habla de inmediato sobre el presente:

“Ahora es diferente: me mandan a la tienda, hago la compra y llevo el vuelto a la casa. Si me provoca algo de comer, antes de ir a la tienda le digo a mi mamá que si puede prestarme lo que queda para un refresco”.

Estudiante de sexto grado en la jornada vespertina, amante de elaborar caricaturas de dibujos animados y un disciplinado alumno de matemáticas que quiere ser futbolista, como Falcao García pero en la posición de arquero, confiesa que quiere enseñar las buenas costumbres a sus 9 hermanos –es el penúltimo– de la unión entre el obrero de construcción Juan José González y la ama de casa María Corro:

“Ahora yo le hablo a mis hermanos. Les digo que si se pierde algo en casa, quien lo tenga, que lo diga. Que no perjudiquen a nadie y no sean ladrones... Les digo que sean honestos y digan la verdad cuando están en problemas”.

Ese cambio se operó en él desde el año pasado, cuando una prima suya lo invitó a matricularse a la sede cercana de su casa –en el deprimido barrio La Paz, en el suroccidente de Barranquilla, donde estamos ahora–, de Fútbol con Corazón, empresa social que procura ofrecer oportunidades de desarrollo a la niñez y juventud en zonas vulnerables aprovechando la popularidad del balompié (ver recuadro).

“Yo no sabía que existían valores –agrega Jhoan José–. Aquí en la Fundación Fútbol con Corazón nos enseñan a recrearnos, nos divertimos, pero toda enseñanza lleva sus valores. A mí me gusta más el de la honestidad. En el colegio también lo aplico con mis compañeros de clase, cuando se quedan callados luego de desaparecerse los cuadernos o los lápices misteriosamente. Y están aprendiendo...”.

Natalia Paola Herrán Marañón, de 10 años, no suelta la punta del lado derecho de su cabello mientras habla con delicadeza. Cuenta con 10 años, estudia cuarto grado y es la única mujer de los cuatro hijos en la residencia del barrio La Paz del vigilante Jorge Herrán y la ama de casa Jackelin Marañón. Ella juega, según palabras textuales, “en la posición de hacer goles, como mi papá”. Pero más allá del fútbol se identifica con la enseñanza que recibe en valores. Y su preferido es la solidaridad.

“Antes ayudaba a mi mamá con los oficios de la casa, pero desde que entré a Fútbol con Corazón (en enero pasado) lo hago más y con cariño. Barro, trapeo, arreglo la cama para que mi mamá acueste a mi hermanito, Dilian Andrés, que tiene un año. A mis amigas las acompaño a la tienda y si a alguna se le rompe la bolsa de la compra, la ayudo a recoger, cuando antes me echaba a reír por lo ocurrido”.

La niña, que desea estudiar una carrera universitaria relacionada con ética y valores, sostiene que en la cancha, en más de una ocasión, frente a la opción de gol, ha dejado el balón a un lado por un compañero o rival en el suelo. “De qué sirve meter un gol, si hay alguien en el piso. Tengo que ayudarle a levantarse, para nada sirve seguir con el balón”.

También habitante de La Paz, pero viviendo con una tía, Carlos Andrés Páez González llegó hace tres años a Fútbol con Corazón. A simple vista es travieso, risueño y un fervoroso jugador de fútbol. A los 10 años dice que le queda difícil escoger cuál de los valores prefiere. “Antes era deshonesto y me quedaba con los vueltos en las compras. Ahora no y soy solidario: hace poco un compañero del colegio no sabía cómo hacer una exposición. Le presté la mía, le dije que se la aprendiera y luego le pregunté. Sacó una buena nota. También soy tolerante...”, dice el estudiante de sexto grado.

Calla por un momento. Ríe con una jugada en la cancha. Y, sin detener sus pensamientos, sigue en el uso de la palabra: “Bueno, pero entonces me quedo con un valor: el respeto. Antes peleaba con mi único hermano, que es mayor. Y a mis compañeros del colegio los mandaba a callar. Mis palabras favoritas eran: ‘cállate la boca, idiota’. Ahora no. Lo hago sin violencia, sin discusión, me gusta hablar asertivamente”.

Historia y presente

Fútbol con Corazón se fundó en Barranquilla en 2007, por el empresario barranquillero Samuel Azout, y empezó a funcionar al año siguiente, precisamente en el barrio La Paz. Hoy día se extendió a Bolívar, atendiendo a cerca de 3.200 niños –de ambos géneros– entre los 5 y 17 años de la población vulnerable.

Trabajan en varios aspectos: el deportivo (los valores valen tanto como lo goles, mediante una tabla), con la conformación de equipos mixtos (el primer gol debe ser de una niña); talleres lúdicos para explotar habilidad de vida; alimentación y educación nutricional (las sedes cuentan con comedores); escuelas de padres y promoción de la escolarización.

Quienes cumplen 18 años, si lo desean y tienen vocación, pasan a un proyecto llamado Lidercor, en el que son asistentes, mientras otros trabajan en emprendimiento.

Reciben apoyo de fundaciones, organismos y ONG de Estados Unidos, Holanda y Suiza,
además del apoyo de firmas multinacionales y nacionales.

Desde su creación, incluyendo los 3.200 de hoy, por Fútbol con Corazón han pasado 14.393 niños.

 

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

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