Editorial: Tiananmen, 25 años de una masacre

Editorial: Tiananmen, 25 años de una masacre

05 de junio 2014 , 07:19 p. m.

La imagen es inolvidable. Un joven chino se planta frente a una columna de tanques de guerra usados en la brutal represión de las protestas prodemocráticas en Pekín, en la primavera de 1989. El acorazado intenta evadirlo, pero él se vuelve a poner en su camino, en un hecho que dio la vuelta al mundo y que sirvió para darse cuenta de la magnitud de la matanza.

Miles de estudiantes, obreros e intelectuales, con el apoyo de amplios sectores de la sociedad que pedían al gobierno comunista reformas políticas, mayor transparencia, mejoras económicas y una lucha decidida contra la corrupción, murieron por los disparos del ejército del pueblo o aplastados por los blindados. Allí, en la plaza Tiananmen, uno de los lugares más simbólicos y solemnes del comunismo chino, se puso fin al sueño democrático de toda una generación y se impuso a sangre y fuego una lápida de silencio y amnesia.

Veinticinco años después, el régimen asume que nada pasó, los trágicos acontecimientos no aparecen en los libros de texto y cualquier referencia a esas fechas es vetada en internet o borrada de las redes sociales por los censores. Decenas de personas han sido detenidas y el Gobierno ha emprendido la misión de que las nuevas generaciones no se enteren de lo que ocurrió en la noche del 3 y 4 de junio, y tampoco del movimiento pacífico desatado en ese abril.

Y lo han conseguido. A un chino de hoy, en general, le importan poco la política, la reivindicación de los derechos civiles o los derechos humanos. El relato oficial justifica lo sucedido en el éxito económico: “De haber seguido el camino de los manifestantes, no se hubiera obtenido el fenomenal crecimiento económico en el que el PIB se multiplicó por 30 desde 1990”. Pero a los deudos ni siquiera se les ha concedido el saber cuántos muertos hubo y bajo qué condiciones.

Aunque con mayores libertades, la China de hoy padece prácticamente de los mismos males de 1989, y la solución que sigue ofreciendo el Gobierno es el silencio. Pero los pueblos que pretenden ignorar la memoria colectiva y esconder la verdad suelen terminar sacudidos por las mismas fuerzas históricas que quisieron acallar. De China, como potencia, se espera mucho más.

editorial@eltiempo.com.co

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