Virginia Vallejo: 'Voy camino a convertirme en una leyenda'

Virginia Vallejo: 'Voy camino a convertirme en una leyenda'

"Hasta los más malos tienen a alguien que los quiere", dice la examante de Pablo Escobar.

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03 de junio 2014 , 04:59 p.m.

En su refugio secreto en Miami nos encontramos con la examante de Pablo Escobar. durante tres días pudimos esculcar su vida y sobre todo ser testigos de su realidad, esa que nadie más ha podido contar. Este no es un resumen de su libro ni lo que ya sabemos, tampoco de las denuncias que ha lanzado en el pasado, es la historia de su cotidianidad. elenco es el único medio colombiano al que ha recibido en su exilio. (Lea también: Javier Cerani, el que confesó a Virginia Vallejo).

"Por favor cierren la puerta que no me gusta que me vean con rulos”. La voz de Virginia Vallejotiene el mismo tono que recordamos, fuerte, grave y contundente, con el que daba las noticias y presentó tantos programas cuando fue la gran diva de la pantalla nacional. (Vea: Rostros inolvidables de la farándula colombiana).

La esperamos en la sala, adornada con una gran lámpara Tiffany azul -“Que cuando llegué aquí en el avión de la DEA me di cuenta de que era una imitación en plástico porque se rompió en una parte”-, pinturas de arte religioso y un gigantesco cuadro titulado Segunda variación para las tentaciones del notario Antonio Morales, con dedicatoria de David Manzur -“A mi gran amiga que admiro Virginia Vallejo”-. Tres orquídeas, su flor preferida, y en el balcón una pequeñísima jaula donde reposa Pamina, la perica australiana azul que la acompaña -“Como la protagonista de La flauta mágica”-, viuda hace tres semanas cuando se murió Amadeus, su pareja -“Le curé la depresión reemplazándole a Amadeus por juguetes. Le gusta que le hablen, y me siento en el balcón a decirle que tiene las plumas hermosas, que es la perica más bella”-. (Lea también: Su relación con Pablo Escobar, el fin de la vida profesional de Virginia Vallejo).

Entre las revistas perfectamente ordenadas sobresale la elenco de 1985 en la que fue portada, que evidentemente puso a nuestro alcance para la cita; y otras con la imagen de Angelina Jolie -“Porque quiero que me hagas las pestañas como las de Angelina. ¿Cierto que puedes?”, le dijo al maquillador-.

Sobre la mesa, salmón, galletas, una tabla de quesos y langostinos - “Todo eso es para ustedes; ¡coman, por favor!”-. Ni una mota de polvo, los cubiertos de plata organizados con cuidado; dentro del clóset, las tres maletas Louis Vuitton en las que empacó todo cuando viajo a Miami protegida por el gobierno estadounidense, y en un archivador carpetas marcadas con todos sus archivos. (Lea también: Virginia Vallejo dice que Pablo Escobar 'fue un pésimo amante').

¿Quién es hoy?
Soy una escritora; ya no soy una diva como me llaman. Nunca lo fui. Fui reportera de TV y radio, pero ya no lo soy. En este momento investigo para el segundo libro que publicaré, y además soy una asilada política.

¿Cómo vive en Miami?
¡Feliz! Porque lo más importante para mí es la libertad. Vivo una vida muy modesta pero soy completamente libre con mi tiempo, mi espacio y obviamente mi cuerpo. En Estados Unidos algunos me reconocen, pero a la hora de la verdad no soy famosa, aunque no salgo mucho porque veo muy mal y no sé conducir, ni me interesa aprender, ni tengo carro. Duermo a la hora que quiero, como lo que quiero, en mi propio espacio, que es muy bonito… compro lo que quiero dentro de ciertos precios, y eso me da gran felicidad, a pesar de que he sufrido mucho.

Haberlo tenido todo y, como dice, volverse pobre, ¿no le generó depresión?
¡No! Las estrellas en nuestros países somos muy pobres; nos roban porque solo a los directivos les pagan fortunas. Quería tener mi propio negocio y ahí cree la empresa multinivel (de vitaminas y productos de belleza y aseo). Trabajé en los medios porque me rogaron que lo hiciera. En esa época no se usaba que una niña bien y buena trabajara en los medios. Mi familia estaba aterrada. Con el tiempo fue que cambiaron las cosas y todas las niñas bonitas quisieron estar en los medios; pero en 1972, ¡no!. (Lea también: Rostros inolvidables de la belleza colombiana).

¿Qué la sedujo para aceptar?
Me pagaban más que en otro trabajo y mis primeros directores fueron dos tipos que con el tiempo se volvieron importantísimos. Uno fue canciller de la República, Carlos Lemos Simmonds, y el otro, Aníbal Fernández de Soto, fue alcalde de Bogotá. Cuando los conocí eran unos políticos a los que les habían dado unos espacios y necesitaban una niña linda, elegante, para presentar sus programas. (Lea también: El abogado que se negó a representar a Virginia Vallejo).

¿Cómo la conocieron?
En un coctel. Una amiga de mi primer marido -Fernando Borrero Caicedo, de Cali- había venido a trabajar en TV a Bogotá y me pidió que fuera con su hermano al coctel con las tres productoras grandes de aquella época: RTI, Caracol y Punch. Cuando me conocieron, el jefe de prensa de Pastrana, que era Julio Nieto Bernal, me dijo que la que servía para TV era yo y no ella, por mi voz. Me dijo que fuéramos a Caracol para que yo hablara de cualquier cosa en un micrófono. Quince días atrás había muerto Coco Chanel. Como yo era tan curiosa y devoraba libros y revistas desde niña, hablé por media hora de esto, y al terminar lo que dijo Julio fue: ‘¡Por Dios! Nació una estrella’. Me preguntaron si sabía quién era el presidente Carlos Lleras y les dije que era amigo de mi abuelo. Me mandaron a entrevistarlo porque cumplía 60 años. Cuando llegué, el presidente me reconoció pero yo no sabía qué preguntarle. Le propuse que dijera todo lo que quisiera y después yo decidía sobre qué lo interrogaba. Así entrevisté por primera vez a un presidente. Así comenzó mi carrera.

¿Hoy, qué significa la fama?
Nunca me interesó la fama sino vivir bien. Voy a decir algo detestable: ¡Ya no soy famosa pero voy camino a convertirme en leyenda! A los famosos no los llevan al cine, y mi historia aparecerá allí no una, sino varias veces. Ahora y cuando esté muerta.

¿Cómo hace para que el ego no la envanezca?
Eso que estoy diciendo es un monumento al ego. La gente famosa es gente privilegiada, en cambio lo que me está convirtiendo en una leyenda es el dolor, el sufrimiento, la persecución. Soy la mujer que ha tenido los cojones de denunciar todas las formas del poder, y el resto de mi vida me recordarán por mi historia. Empieza con una alegría que se va convirtiendo en tragedia y se convierte en persecución. Nadie más podría contar en primera persona tantas cosas. Solo yo porque es mi propia vida.

¿Cuál es el costo de ser una leyenda y contar la historia?
Los años más horribles fueron los cinco años y medio que viví donde mi madre, desde donde me sacó el departamento de justicia de los Estados Unidos. Y también cuando llegué aquí con dos monedas de 25 centavos en la billetera y la DEA iba a devolverme a Colombia. Luego, en diciembre de 2012, cuando me quedaban menos de 10 dólares y acababa de sufrir cuatro derrames cerebrales, iba a convertirme en homeless (persona sin hogar). Esos son los momentos más difíciles y duros de toda mi vida: la pobreza absoluta, no la muerte; porque he sobrevivido 31 veces, desde niña, y en el último momento María Magdalena me ha salvado, por eso le haré un homenaje.

¿Por qué conoció a María Magdalena?
Desde jovencita me daba dolor cómo la Iglesia la trataba. ¡Qué dualidad! Por un lado santa y por el otro puta. ¿Al fin qué? Así es Colombia, además. A medida que empecé a rezarle me ayudaba en el último momento. Cuando la DEA me iba a deportar, ya con avión listo, salí al jardín del hotel en el que estaba pues en media hora tenía que desocupar el cuarto. Empecé a rezarle con gran devoción y en 15 minutos se resolvió el problema, porque llamé a Gerardo Reyes, de El Nuevo Herald, para que me prestara su tarjeta mientras negociaba un video que había grabado antes de salir de Colombia. RCN lo compró por 30.000 dólares. Eso siempre se lo agradeceré a la familia Ardila; pues en ese momento me salvaron la vida. Le pagué a Gerardo los 300 dólares que me había prestado, contraté un abogado que de inmediato pidió el asilo y tuve un apartamento. Tres semanas después, Random House compró los derechos del libro y me mandó un anticipo con el que gracias a Dios pude vivir un par de años. Me dijeron que fue lo mismo que pagaron a Isabel Allende.

¿Qué le pide hoy a María Magdalena?
Que me dé tiempo para que en un libro pueda contar el amor de ella por Jesús y de él por ella. Cuando salga del problema del dinero, porque en este momento estoy en la etapa de sobrevivir, quiero investigar y escribirlo entre una mezcla de documentación y novela. Quisiera también crear una fundación contra los horrores que les hacen los hombres a las mujeres en todo el mundo. Quiero ser su embajadora para que los jóvenes entiendan que a las mujeres hay que amarlas y valorarlas.

¿Cómo ha enfrentado la soledad en estos años?
Me acostumbré en mis últimos 30 años a la soledad. No tengo familia, y no es de ahora; nunca la tuve. Desde los 20 años, desde que me casé por lo civil. Mi familia me odia y cuando llegué aquí lo único que me importaba era sobrevivir y escribir y que el amor de mi vida, que es mi conde alemán, abriera los ojos y se despertara de la enfermedad que padecía. No me interesaban ni la soledad, ni la fama, ni la sociedad, ni mi carrera. La única preocupación que tenía era la separación del amor de mi vida, de los últimos 24 años. ¡Eso sí me produjo dolor! Y murió hace un tiempo. Nos íbamos a casar cuando cayó muy enfermo.

También me refiero, Virginia, al transcurrir de los días, a las navidades, los cumpleaños…
Cuando llegué a Estados Unidos, los primeros cinco de estos ocho años pasé esas fechas íngrima; pero los últimos dos años ya he estado con algunos amigos. Aquí tengo una docena de amigos, y algunos muy importantes. De todas maneras cuando viví con mi madre, ella se iba con mis hermanos a pasar Navidad y Año Nuevo y me dejaba sola; de manera que estoy acostumbrada a eso. Después de la separación de Pablo Escobar nunca volví a salir con un colombiano en la vida. Tuve a dos hombres, un lord inglés y un conde alemán. Ellos fueron mis últimos amores desde que mataron a Escobar hace más de 20 años. Ambos ya están muertos, y cuando todavía estaban vivos, que fue hace dos años, me acordaba de ellos. Créanme que a otra gente le da dolor perder una carrera o una familia. A mí no me importa porque estoy acostumbrada a vivir sola.

¿No fue Pablo el amor de su vida?
¡No! Fue el tercer amor de mi vida. El amor es proporcional a la cantidad del amor. El amor con mi conde alemán fue de 22 años, y con el lord inglés fueron 15, pero era casado. En cambio mi gran amor no. ¡Era libre! Con Pablo tuve una relación de cinco. Él es el hombre más famoso de la historia de Colombia. Una leyenda. Cuando salí de Colombia en ese avión de la DEA, nadie quería acordarse de él. Estaba enterrado por el odio de todo el país y no se lo mencionaba para nada. El odio era universal, pero ahora como se volvió leyenda y como a todo el mundo le gustan esos relatos, lo volvieron hasta bueno (se ríe). A la gente se le olvidan las bombas que nos puso, y esa nueva generación no sabe lo que hizo Pablo con Colombia y lo perdonaron porque les dio una casita a las mamás de cuatro sicarios. El más famoso de nuestro país no es Gabo ni Botero; es Pablo Escobar.

¿Cree que mucha gente deja de acercársele por temor?
No… La gente sabe qué escribí. Mi relación con Pablo fue hace 30 años, pero los medios colombianos explotaron miserablemente nuestra relación para atacar a la mujer inocente, en vez de hacer eso con su viuda y sus hijos. A su hermano contador que le lavaba dinero, a las hermanas que eran las cobradoras, los socios. Y para distraer el odio al cartel de Medellín me atacaron a mí, que tuve el valor de acusar a los socios del establecimiento. Es fácil atacar a las mujeres, sobre todo cuando son bellas, como las que abundan en Colombia y por un rechazo las tildan de prepagos. Ahora los tildan a todos de capos, pero son narcotraficantes. ¡Capo es Pablo, Gilberto! Hasta los más malos tienen a alguien que los quiere. ¿Quién le hace más daño a Colombia: la niñita que le vendió su cuerpo a un narcotraficante una noche por 500 dólares o un presidente que le vende el alma primero a Pablo Escobar y después a Gilberto Rodríguez? Un presidente tiene que responder por dejar a los narcos mandar la cocaína, lavar dinero, meterlo en los bancos, quedarse callados, matar testigos, como ocurrió en el caso Galán, y la única cosa que queda viva soy yo.

¿No siente que le hizo falta un hijo?
No. ¿Para qué? Me gustaría tener ahora una nietecita. ¡Qué felicidad! Las mujeres deberían pensar en la explosión demográfica.

Una persona que ha padecido tanto podría decidir quitarse la vida...
Jamás se me ha pasado por la mente suicidarme, pero me mandaban amenazas anónimas. Me sugerían que lo hiciera. Y sé de dónde vienen.

Ha amado y la han amado; ¿hoy le hace falta un hombre?
¡No! Porque ya no soy bella como antes. Si tuviera la belleza de antes, porque era una muñequita, si pudiera levantarme como una rosa junto al amor de mi vida, obviamente me encantaría; pero ya soy una mujer que va a cumplir 65 años. No quiero que me vea desnuda un hombre. Desde hace unos años lo decidí y sería ridículo. ¿Para qué? Ni quiero tener un viejito. ¡Dios me libre! (risas).

¿Y cómo ve el futuro?
Igual. No necesito pareja para nada. Desde que el amor de mi vida quedó en un coma no me hace falta una pareja. ¡No estoy jodida ni soy pobrecita tan solita! No. Soy distinta. Para mí es importante poder levantarme a las 11 si así lo quiero, no pensar en qué dirá fulano por esto. Ni que me esté diciendo: ‘Mija, son las tres de la mañana, ¿qué hace en ese computador? Venga para acá’ (vuelve a reír). ¡No!, qué dicha no tener que decir fulano está furioso, me está llamando, va a llegar y no estoy maquillada. Estoy en mi casa, mi trabajo, mi espacio, en mis sueños. Lo más importante, aunque ustedes no lo crean, no es el amor, ni la familia, ni el dinero, ni el talento, ni muchísimo menos la fama, que me importa un culo -y que así quede grabado-. Es la libertad, y mi libertad la tienen muy pocas personas. Sobre todo se la he visto a algunas escritoras muy importantes que quieren vivir solas.

Entre esos proyectos está llevar su vida al cine. ¿Quiénes están detrás de eso y qué le han propuesto?
Hay una opción ya firmada con un grupo de productores y guionistas relacionada con Javier Bardem. Hay un canal que también está interesado en mi historia. No solamente lo mío con Pablo, porque de pronto ya lo conoce mucha gente y además lo han distorsionado mucho. Es mi historia antes de Pablo y después de Escobar. No sé, pero creo que con el tiempo lo harán dos actrices muy muy importantes. No puedo dar sus nombres en este momento.

¿Qué le dijo Bardem?
Nos reunimos dos horas. Él sabe que el tipo perfecto para hacer a Escobar es él. Ese muchacho Leguizamo (John Leguizamo) no tiene ni idea, ni ese al que en Colombia le pusieron peluca de risos y panza de gelatina. Pablo era gordo, bajito y feíto, pero tampoco así. En mi libro pueden ver, incluso en la edición que estamos relanzando, fotos donde no se ve así. Pablo se vuelve monstruoso en La Catedral, donde también se vuelve íntimo de sus sicarios y empieza a tragar fríjoles -perdón la expresión-. Porque hasta ese momento Pablo no era un monstruo, y a sus sicarios los mantenía detrás de la puerta de su oficina. Pablo no confiaba en nadie, no solo por amor a mí sino por su seguridad; porque si me seguían, después podían cogerlo a él o torturarme. Pablo no se veía conmigo delante de esa gente jamás.

Nos enseñan a arreglarnos para alguien. ¿Usted para quién lo hace?
Cuando salgo a la calle, porque en mi casa siempre estoy sin maquillaje, me arreglo exactamente igual para ir al mercado que a un mall (centro comercial). Para una cena me arreglo un poco más. No soy tan vanidosa en realidad. No me he estirado nada; tengo el cuello con arrugas, no tengo Botox y la única operación plástica en mi vida fue la de la nariz a los 30 años. Era muy bella hasta los 60. Aunque quisiera hacerme algo, no tengo el dinero para eso. Mi última prioridad es hacerme alguna cirugía; obviamente que si me gano dos millones de dólares me voy donde Pitanguy a que me haga un overhaul. Creo que la cámara me ama, pero hasta eso me lo han desvirtuado.

¿Se siente segura en Estados Unidos?
Tengo mi vida en manos de Jesús y Él decidirá cuándo me iré. No tengo esa preocupación.

¿Qué lee?
Hoy en día es una tragedia no poder hacerlo, porque después de los derrames cerebrales a duras penas puedo leer una página y no un libro completo, pero gracias a Dios puedo escribir. Cuando estaba joven leía más o menos dos libros semanales. He leído los clásicos, aprendí a manejar seis idiomas, aunque realmente domino a la perfección solo dos. En el colegio aprendí francés, luego entendí italiano y portugués por mis viajes, y cuando conocí al amor de mi vida aprendí alemán; lo pronuncio pero no puedo hacer chistes ni rezar ni pensar en alemán; solo construir frases. Por ejemplo, cuando rezo lo hago en inglés y pienso más en inglés que en español. Gracias a Dios tengo mi memoria intacta.

¿Qué piensa de quienes la tildan de loca?
Es muy fácil... si le dicen a María Magdalena puta… semejante santa. Me tildan de suicida por hablar de lo que sé.

¿Qué la hace llorar y qué la hace reír?
Ya no lloro mucho… me río más bien de todo. Me gusta hacer reír a otros, y eso es recíproco; es muy lindo. El final del año 2012, que fue tan duro para mí, sí reconozco que no paré de llorar.

¿Cómo le gustaría que la recordaran?
Con base en los libros. No escribiré muchos, pero sí cuatro más o menos importantes. No tengo el encaje de Cien años de soledad, pero será algo tan claro que en 30 o 40 años dirán que es un clásico de corrupción.

¿Qué pasó con las joyas que Pablo Escobar le regaló, como el reloj Cartier en oro y con diamantes?
El reloj que solo me quitaba para bañarme y me lo raparon en una calle. Las joyas y diamantes los vendí en 2012, antes de quedar en la calle. También vendí la platería que traje conmigo, pero para poder pagar mi arriendo; hasta que llegó la oferta de Bardem y me salvó la vida.

DIEGO LEÓN GIRALDO S. Y CRISTINA ESTUPIÑÁN CH.

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