Crónica de un día inolvidable para Colombia en el Giro de Italia

Crónica de un día inolvidable para Colombia en el Giro de Italia

Nairo Quintana y Rigoberto Urán fueron primero y segundo de la prueba. Arredondo ganó en la montaña.

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01 de junio 2014 , 08:29 p. m.

El reloj marcaba las 10:11 de la mañana de un inolvidable primero de junio del 2014. Un tímido y humilde colombiano vestido de rosado casi que de pies a cabeza, cruzó la meta, levantó el brazo izquierdo, luego del derecho, lanzó un puño y envió un beso. Ese era Nairo Alexánder Quintana Rojas, quien fue el gran protagonista de esta historia feliz, de un momento sublime para el deporte colombiano, para el pedalismo nacional, pues se convirtió en el primer hijo de esta tierra en ganar el Giro de Italia, la segunda carrera por etapas más importante del mundo.

Nairo, aún encima de su bicicleta, también de color rosado, saludó a sus compañeros. Estrechó las manos de quienes lo acompañaron en los malos, pésimos, alegres y brillantes momentos durante los 21 días de competencia, quienes dejaron su piel en las carreteras italianas porque su líder consiguiera el sueño.

¿Quién no se emocionó con esas imágenes? Los corazones se querían salir del pecho, la piel se erizó, el grito de ¡Viva Colombia! se escuchó en cada rincón del millón 200 mil kilómetros cuadrados del territorio nacional y hasta las lágrimas recorrieron las mejillas. Era inevitable emocionarse, sentirse orgulloso de lo que hicieron los pedalistas nacionales a más de 9.000 kilómetros de distancia.

Nairo seguía su paseo victorioso. Se bajó de la bicicleta. Los auxiliares también celebraron con él. Eusebio Unzúe, el mánager del Movistar, el que más confianza le tiene, a quien muchos le cayeron encima cuando analizó los recorridos del Giro y Tour y ordenó que el hombre nacido en Tunja hace 24 años corriera en Italia y no en Francia, lo felicitó. Fue a la carpa a pocos metros del podio, se secó el sudor, se despojó de la camiseta rosada y se enfundó la azul con el logo del Movistar. Se sentó y allí llegaron varios de los 156 pedalistas que terminaron la prueba a estrecharle la mano.

Afuera, en las primeras filas del público que se agolpó frente al podio, los colombianos no cabían de la felicidad. Izaron sus banderas y corearon los nombres de Nairo, Rigoberto y Julián, tres de los que escribieron esta gran gesta deportiva en las carreteras italianas.

Un torrencial aguacero no impidió la celebración. Nadie se movió de su sitio, no se querían perder este momento inolvidable, la hazaña más importante en la historia del ciclismo colombiano, el 1-2, de Nairo y Urán en la ‘carrera rosa’.

A lo más alto

Uno a uno los tres primeros de la general fueron llegando al sitio de reunión para prepararse y subir para recibir los premios. El italiano Fabio Aru recibió a Rigoberto. Quintana se paró de su silla, salió de la carpa y subió los siete escalones para reunirse con sus ‘rivales’, a quienes derrotó en la carretera.

Estrechó la mano derecha de Aru y se abrazó con su compatriota Urán. Uno a uno fue llamado al frente. Aru fue el primero, luego lo siguió Urán, quien levantó los brazos e hizo una venia agradeciéndole al público el reconocimiento. La placa, el ramo de flores y la champaña, su premio.

Pero el momento más emocionante estaba por llegar. El animador oficial llamó al escenario al actor principal de la película, al boyacense, al ciclista de 57 kilos de peso y estatura de 1,67 metros, quien a punta de pedalazos y fuerza en sus piernas puso a cada uno en su sitio.

Quintana le dio un beso a su esposa Yeimmi Paola, acarició a su hija Mariana, caminó ocho pasos y subió al primer cajón del podio, allí a donde muchos quieren llegar, pero pocos lo hacen. Era el primer colombiano es estar en ese privilegiado sitio. Alzó los brazos, sonrió hasta que lo dejaron, porque, en segundos, le pusieron la camiseta de campeón, la misma ‘maglia rosa’ que fue bendecida antes del comienzo de la competencia por el Papa Francisco.

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Giró a su izquierda y saludó a Aru, luego, a la derecha encontró a Urán y le dio otro abrazo. Yeimi Paola se acercó, le entregó a Mariana y Nairo la sostuvo en el brazo derecho mientras sonaba el himno nacional. Quizás, este fue el momento más duro, emocionante, el que paralizó a los colombianos. Quintana cantó el himno, y sus compatriotas que estuvieron en ese momento en Trieste, también lo hicieron, como los que estaban en el país. ¡Tremendo e inolvidable momento! Luego, champaña, el ramo de flores y la foto de los tres mejores de la carrera, una placa para la posteridad, pues nunca dos colombianos habían hecho el 1-2 en el Giro.

Nairo Quintana besa el ‘trofeo sin fin’, el que lo acredita como campeón del Giro de Italia. (AFP)

Quintana se encontró con Eloísa y con Luis, sus padres, a quienes abrazó. Se dirigió hacia el público que lo quería saludar, alzó y besó el ‘trofeo sin fin’, así se llama ese lindo premio en forma de espiral, donde su nombre ya está grabado al lado de grandes como Fausto Coppi, Felice Gimondi, Bernard Hinault, Miguel Induraín, por hablar de algunos de los más reconocidos. En ese momento, el reloj marcaba las 10: 40 de la mañana. La ceremonia, para él, acabó, lo mismo que habían terminado, minutos antes, los 3.445 kilómetros del recorrido, las tres semanas de pedaleo, las 21 etapas de lucha, en las que él y 13 compatriotas más, plasmaron la más grande gesta del ciclismo colombiano en la historia. ¡Gracias, Nairo!

LISANDRO RENGIFO
Redactor EL TIEMPO

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