Nairo Quintana, la nueva pasión de Colombia

Nairo Quintana, la nueva pasión de Colombia

Perfil escrito por el autor de 'Enséñame a ser héroe', libro de entrevistas con grandes del deporte.

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01 de junio 2014 , 10:42 a. m.

Nairo Quintana es pura integridad. Lo han querido manosear, en diferentes sentidos, y él responde con palabras certeras, con amplios silencios y con lo mejor que sabe hacer: ser el ciclista colombiano más importante de los últimos 20 años, lo cual no es poco.

Habita en su figura una pureza –una cierta serenidad ancestral– muy fácil de detectar; sin embargo, lo han querido desvirtuar. Años atrás, y en especial el año pasado, los cronistas nos quisieron vender a un Nairo “sin nadita que comer”, a un “pobrecito”.

Pero él, preciso y firme, respondió: “Es absurdo decir que yo no tenía qué comer. En la casa abundaba la comida; teníamos huerta y trabajábamos la tierra (...) El hecho de que alguien sea del campo no quiere decir ‘pobrecito, no tiene qué comer’ ”.

Dijeron, también, que no hablaba porque no sabía hacerlo. Lejos de eso, Nairo Alexánder Quintana Rojas (Tunja, 4 de febrero de 1990) hace que la economía de sus palabras acentúe su claridad. “Es mejor hablar lo que hay que hablar, y no hablar por hablar”, argumenta.

Hasta Jon Rivas, experto en ciclismo del diario español El Mundo, criticó su atuendo en la contrarreloj individual, en la que tenía guantes y zapatos de color rosa: “El aspecto de Nairo era un horror, usaba como katiuskas (botas impermeables) rosas de chavalería de jardín de infancia, modelo Hello Kitty”.

‘No entiendo la polémica’

Mucho más en serio quisieron atacarlo en Italia, pero el héroe que encarna la nueva pasión de Colombia también se defendió con impecable probidad. La noche del 27 de mayo, luego de la etapa 16 que puso patas arriba el Giro de Italia 2014 –en la que lo acusaron de haber sacado provecho en un descenso durante una supuesta neutralización de la carrera–, declaró ante el mundo: “Mi equipo me dijo que continuara. Había corredores que ya estaban adelante. No entiendo la polémica. Además, obtuve lo esencial de la diferencia en el ascenso (…) Todo el mundo vio que bajé por las mismas carreteras que los demás y en bicicleta, solo que más rápido. No bajé ni en moto ni agarrado a un coche. No sé por qué habrían de quitarme tiempo”. Más claro imposible. No le faltó ni le sobró una coma.

También dijeron de él que era un joven débil, un niño enfermizo. Sin embargo, el mito de que casi se muere cuando era un bebé (que fue cierto) se opacó frente al del atleta superdotado. La leyenda dice que, en España, cuando le hicieron la primera prueba profesional sobre una bicicleta con un medidor de potencia, los resultados arrojaron números escandalosos. Entonces los especialistas creyeron que todo era un error. “Hice siete vatios-kilo, que es mucho. Un ciclista normal mueve cinco vatios (por) kilo (de peso corporal); otros, cinco y medio; otros, hasta seis vatios-kilo. Pero ya siete vatios-kilo es como mucho”, contó Nairo para la revista BOCAS, en diciembre pasado. Y, claro, cuando expertos se dieron cuenta de que no había equivocación, dijeron: “A este hay que firmarle ya”.

Y ya no queda ninguna duda de que el ciclismo mundial está frente a un ‘fuera de serie’, un fenómeno. Lo confirman su segundo puesto en su debut en el Tour de Francia 2013 y la maglia rosa en su debut en el Giro de Italia 2014. Además, ese estilo, más cerca del atacante que del defensor, apasiona. De hecho, Eusebio Unzué, gerente general de su equipo, Movistar, insistió: “Nairo, pese a sus aires plácidos y a su aparente calma, es un depredador único. Tiene una mentalidad ganadora que asusta. Cuando se fija un objetivo no duda y no para. Y eso, por no hablar de su capacidad física, de sus cualidades de escalador”. Un prodigio que, igual que casi todos los fenómenos de la historia del ciclismo, también masculla en silencio el crujido del sacrificio. Solo que su indomable carácter en las montañas hoy no tiene comparación.

Ya queda atrás el novato y el inicio de una carrera internacional que, en un brochazo, se podría resumir así: segundo puesto en la Vuelta de la Juventud de Venezuela 2008 (con el equipo Boyacá es para Vivirla); campeón del Tour de l’Avenir 2010 (Café de Colombia-Colombia es Pasión); campeón de la montaña en la Vuelta a Cataluña 2011 (Café de Colombia); salto al profesionalismo como gregario del Movistar –puesto 36– en la Vuelta a España 2012; campeón de la Vuelta al País Vasco 2013; subcampeón del Tour de Francia 2013; campeón de la Vuelta a Burgos 2013. Y lo de hoy… Un presente espectacular. Y, mañana… Un futuro desbordado en posibilidades.

Nairo, la sensación del ciclismo mundial, va por el mejor camino imaginable. Y aun cuando insistan en que él es un producto de la panela –o de la ‘verraquera colombiana’, ¡por favor!–, la verdad es que todo esto se trata de talento, profesionalismo y cálculo.

Tan serio es lo que representa que, en marzo, con el fin de entender el ciclismo de Italia, su equipo lo inscribió en la carrera Tirreno-Adriático, donde Nairo padeció el curioso estilo con que allí deciden las pruebas: comisarios, motos, comunicados, voces y más voces. El diario El País, de España, publicó recientemente que, una noche, Nairo le dijo a su director, José Luis Arrieta, que iba a llamar al jefe del Movistar (Unzué), para decirle que lo sacara del Giro 2014, “que no lo iba a correr”. El cuento lo contó así el experto en ciclismo del diario español, Carlos Arribas: “Arrieta, sabio y experto, se lo impidió. Le dijo que se trataba de aprender, no de quejarse, y terminada la Tirreno se subió con él a hacer turismo a los Dolomitas (zona de los Alpes italianos). Vieron del Giro los puertos que la nieve les dejó, pero vieron y estudiaron, sobre todo, el descenso del Stelvio y la subida irregular y dura a Val Martello. Desde aquel día, nada de lo que Quintana ha hecho en el Giro ha sido fruto del azar, sino de la planificación, salvo, evidentemente, las toses que acompañan sus actos de esfuerzos, los mocos pegajosos que no logra que su nariz deje de fabricar, la fiebre que lo dobló unos días, las caídas”. Porque hay que recordar que el 70 por ciento de este Giro lo hizo enfermo. Incluso, según se filtró, Movistar consideró seriamente su retiro al final de la primera semana. Y, lo que es más valeroso, terminó la carrera con otitis y con una lección de ciclismo sencillamente monumental.

Tal vez por esa combinación de valentía, determinación y entereza, todo en Nairo es admirable. Un campesino superdotado, ultraprofesional, que hasta tiempo tiene para la contemplación: “Si sales para el lado de Iguaque, que es una tierra donde todo está como tan virgen aún, se ven sus casitas con chimenea, y se ven las vacas, y el sol relumbrando toda la montaña. Ese es un paisaje de foto. Esos son momentos que uno disfruta sobre la bicicleta. Entonces uno dice: ‘Este paisaje está bonito’. Y me paro, y me tomo una foto y sigo”, declaró el año pasado, mientras se preparaba para esta temporada.

Con el Giro 2014 –sumados los heroicos pedalazos de Rigoberto Urán, Julián Arredondo, Sebastián Henao y todo el Team Colombia–, Nairo Quintana da el golpe de opinión que necesitaban el ciclismo y el deporte colombianos. Una explosión que se anunció el año pasado y que hoy alcanzó la cima. Nairo ya es una superestrella del deporte mundial. Y lo sabe. Y lo asume con conmovedora integridad.

Por ahora, y muy seguramente para siempre, Nairo sólo quiere y querrá pedalear, y en silencio. Entonces dejémoslo quieto, ¡shhh!, que él todo lo hace muy bien: se para en los pedales, cruza la meta, deja ver su sonrisa milenaria y ya está.

MAURICIO SILVA GUZMÁN
Editor jefe de la revista BOCAS

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