El plan para salvar los arrecifes de las islas del Rosario

El plan para salvar los arrecifes de las islas del Rosario

Un grupo de 'rescatistas' siembra corales de vivero con el fin de frenar su extinción en la zona.

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31 de mayo 2014 , 09:51 p. m.

En el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, en Cartagena, atienden con cuidado una guardería especial. En ella crecen desde el 2011 los ‘hijos’ de 26 pequeños fragmentos de corales Cuerno de Alce y Cacho de Venado, que han perdido más del 90 por ciento de su cobertura en el suelo marino que bordea estas islas.

Esos 5.000 corales de ‘vivero’ componen el plan de ataque que ha trazado el Centro de Investigación, Educación y Recreación Ceiner (Oceanario Islas del Rosario) y Parques Nacionales Naturales de Colombia para frenar la desertificación coralina e intentar recuperar los arrecifes.

“Estamos haciendo un cultivo piloto con pedacitos de corales y ya formamos un vivero. Con un uno por ciento de los corales Cuerno de Alce y Cacho de Venado que hay cerca de las islas logramos sacar adelante más de 5.000 fragmentos. En febrero restauramos una hectárea y en dos meses comenzamos la restauración de tres hectáreas más”, le dijo a EL TIEMPO Jaime Rojas, investigador de Ceiner.

El proyecto, en el que también participan la organización Americana Coral Restoration Foundation y la Fundación Corales Vivos Colombia, consiste en la siembra de pequeños árboles coralinos a 5 metros de profundidad, en una primera etapa llamada ‘guardería submarina’. Allí, durante un periodo de 8 a 12 meses, los corales se hacen fuertes para luego pasar a la etapa de trasplante, que se realiza a 12 metros de profundidad.

Este año se sembrarán cuatro hectáreas, y en 5 años esperan poder sembrar de 10 a 12 hectáreas más. Sin embargo, aún buscan financiación para restaurar más zonas, ya que su labor es pequeña para un daño ambiental de esta magnitud.

Contaminación incesante

De acuerdo con el estudio elaborado por el Centro de Investigación, el sistema coralino de las islas del Rosario es el más vulnerable a todas las problemáticas globales del cambio climático: el aumento de la frecuencia e intensidad de desastres ambientales, la acidificación de los océanos y la proliferación de enfermedades en los organismos arrecifales, entre otras.

¿Las causas? Son múltiples. En primer lugar, las aguas del río Magdalena, el más importante del país, ingresan por el canal del Dique hasta la bahía de Cartagena cada vez más cargadas de sedimentos, lo que, añadido a la contaminación proveniente del río, ha surtido efectos inhibitorios sobre las comunidades coralinas.

Esto genera que aumente la turbidez, impidiendo que entre la luz del sol hasta las plantas, necesaria para la fotosíntesis, lo que a su vez ha diezmado la distribución de los corales. Igualmente, las altas temperaturas y la baja salinidad con que llegan las aguas a la bahía afectan los procesos en las microalgas.

La destrucción de este ecosistema viene agravándose desde 1984, cuando se duplicó el caudal del canal del Dique luego de las obras de ingeniería para ampliarlo, según señala la Dirección Marítima (Dimar).

“El canal tenía varias curvas y fue convertido en un canal en línea recta con el objetivo de hacerlo óptimo para el transporte fluvial, pero nunca se consideró el fuerte impacto ambiental que generaría en la bahía”, asegura la Dimar.

Hoy, la desaparición lenta pero constante de los sistemas de corales cobra vital importancia, pues otra de las funciones que cumple es la protección natural de las líneas costeras contra la fuerza de las olas. Sin embargo, la muerte de corales ha favorecido la erosión marina que hoy tiene en alerta a los habitantes de las islas de Tierrabomba, Barú e islas del Rosario, pues el mar ya se ha tragado varias hectáreas de tierra en estas islas y no para.

Así operan los ‘salvavidas’
Los nuevos corales se plantan hasta a 12 metros

Un equipo de 20 profesionales, entre biólogos marinos, gestores en recursos naturales e ingenieros, se capacitó este año para la siembra de una hectárea de corales. En dos meses, tres hectáreas más, en inmediaciones de islas del Rosario, serán repobladas así:

Una vez los fragmentos de coral Cuerno de Alce y Cacho de Venado (‘A. palmata’ y ‘A. cervicornis’) han crecido y cobrado fuerza en las guarderías, son escogidos para ser trasplantados manualmente.

Luego se trasladan en embarcaciones debidamente acondicionadas hasta los puntos escogidos donde van a ser sembrados de forma definitiva en profundidades entre los 6 y 12 metros.

JOHN MONTAÑO
EL TIEMPO
Cartagena

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