Proceso de paz se tomó agenda de la campaña

Proceso de paz se tomó agenda de la campaña

Este tema no solo domina el debate en la segunda vuelta, sino que seguramente definirá la elección.

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31 de mayo 2014 , 06:45 p.m.

Aunque la paz no estaba dentro de las tres principales preocupaciones de los colombianos, según las encuestas de intención de voto que se hicieron para la primera vuelta de las presidenciales, este trascendental tema se ha convertido no solo en el centro de la campaña, sino que, muy probablemente, será el que definirá al ganador de esta apretada contienda, en 15 días.

No solo los postulados en este tema del presidente-candidato, Juan Manuel Santos, y su rival, el uribista Óscar Iván Zuluaga, son hoy el principal campo de batalla entre ambos, sino que sus claras diferencias en la manera de conducirlo definieron esta semana las distintas alianzas políticas con aquellas fuerzas que no pasaron a la segunda vuelta, y de otros sectores sociales y políticos. (Lea también: Zuluaga y Santos: las apuestas ya están sobre la mesa).

Respaldando el actual proceso de La Habana, iniciado por el presidente Santos y sin antecedentes en términos de los avances logrados hasta el momento –ya hay acuerdo en más de 50 por ciento de la agenda pactada–, se encuentran: la Alianza Verde –que con Enrique Peñalosa alcanzó 1’065.142 votos en primera vuelta–, el Polo y la Unión Patriótica, cuya coalición obtuvo 1’958.414 sufragios en las votaciones del domingo. (Lea también: Abstencionismo refleja crisis de representación).

Es cierto que los ‘verdes’ dejaron en libertad a sus votantes, pero el grueso de sus congresistas y líderes han manifestado su compromiso con el actual proceso de paz. Es decir, su decisión de apoyar a Santos para asegurar que el actual proceso continúe y llegue a buen puerto.

La UP llamó a votar por Santos, y lo mismo ha sucedido con Marcha Patriótica, en cabeza de una de sus líderes, la exsenadora Piedad Córdoba. “Voy a votar por la paz, y quien la representa en este momento es el presidente Santos”, afirmó la excongresista.

Pero quizás uno de los apoyos más decididos provino del profesor Antanas Mockus, quien hace 4 años disputó la Presidencia de la República con el actual mandatario. Mockus suscribió un documento, el viernes, en el que dice que votará por Santos porque, entre otras razones, el diálogo “tiene reglas de juego claras y las negociaciones se restringen a cinco puntos de la mayor pertinencia”.

“Vamos a votar por Santos porque el proceso de paz que inició es serio, involucra lo aprendido y ha tenido los mayores avances en los 50 años de existencia de las Farc”, reza el documento.

En igual sentido, el jueves, durante una reunión con el presidente Santos, un grupo de intelectuales (Salomón Kalmanovitz, José Antonio Ocampo, entre otros) manifestó su apoyo a los diálogos de paz y coincidió en que se deben potenciar las conversaciones con la guerrilla y garantizar que lleguen a un buen término.

El tema de la paz es tan fuerte que Óscar Iván Zuluaga se vio obligado a matizar su postura inicial. El candidato uribista había prometido que en caso de llegar al Palacio de Nariño, su primera decisión sería suspender el proceso de paz por ocho días, tiempo en el cual las Farc deberían cumplir una serie de condiciones. Pero esta semana, aseguró que, si es elegido presidente, ya no suspenderá provisionalmente los diálogos de paz, y tampoco dejó claro el plazo que tendrían las Farc para cumplir las condiciones. Este giro fue clave para que la excandidata conservadora, Marta Lucía Ramírez, le brindara su apoyo y se convirtiera en su jefa de debate.

Para el expresidente Ernesto Samper, defensor desde hace tiempo de una salida negociada del conflicto, la segunda vuelta se va a convertir en un gran “plebiscito por la paz”. Para él, se votará “a favor o en contra de la paz”.

Los detalles del acuerdo entre Ramírez y Zuluaga

Uno de los principales puntos del acuerdo programático que suscribieron la excandidata presidencial conservadora Marta Lucía Ramírez y un grupo de 37 congresistas de esa divisa política con el aspirante del uribismo, Óscar Iván Zuluaga, es el referente al proceso de paz.

El miércoles, durante la oficialización del llamado ‘pacto por Colombia’, Zuluaga afirmó que “una paz negociada requiere la búsqueda de acuerdos, consensos y ejercicios democráticos”.

“Toda mi disposición para avanzar en esa dirección (la paz dialogada) y trabajar de la mano de las ideas que ha planteado el Partido Conservador para lograr una paz basada en la negociación, pero una paz digna, estable y duradera”, dijo el candidato en la sede del Directorio Conservador.

Sus palabras causaron sorpresa, teniendo en cuenta que dos días antes, el lunes, Zuluaga había reiterado enfáticamente que si llegaba a la Casa de Nariño suspendería temporalmente el proceso y demandaría de las Farc un cese del fuego “unilateral, permanente y verificable”.

Cuando se conoció la totalidad del acuerdo con Ramírez y los conservadores, se confirmó el giro de Zuluaga. Allí se afirma: “Para avanzar en la búsqueda de la paz y recogiendo la propuesta del Partido Conservador, hemos acordado que se continuará conversando con las Farc en La Habana”.

Pero el mayor giro está en el siguiente punto: “En el primer mes solicitaremos como muestras tangibles de paz para continuar con el proceso” varias condiciones. Es decir, se archiva la suspensión inmediata de los diálogos y el plazo de solo ocho días para que las Farc respondieran positivamente a una serie de condiciones para seguir el diálogo.

Varias exigencias

Las condiciones son:

“Terminar de inmediato con el reclutamiento de menores; acabar la colocación de minas antipersonales y entregar al Gobierno los mapas de campos minados para iniciar definitivamente el desminado; poner fin a los atentados terroristas contra la población; terminar los crímenes de guerra, y suspender los atentados contra la infraestructura”.

Aunque el acuerdo no dice explícitamente cuál es el plazo para que las Farc cumplan con esas condiciones, cuando se habla de “muestras tangibles de paz para continuar con el proceso”, es claro que si estas no se cumplen lo que sobrevendrá es una ruptura.

Otro punto importante es que durante su campaña, Ramírez había dicho que, una vez la guerrilla aceptara sus condiciones para seguir dialogando, se pondría un término de cuatro meses para concluir el proceso.

En el acuerdo firmado con Zuluaga este plazo no existe, pero sí se subraya que: “El Gobierno acordará con las Farc un término de duración para las negociaciones”.

EL TIEMPO

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