Pelé, el único rey verdadero

Pelé, el único rey verdadero

Compilación de las mejores declaraciones que la leyenda brasileña ha dejado en varios medios.

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27 de mayo 2014 , 05:40 p.m.

Lo coronaron rey del fútbol desconociendo, como él se ha cansado de advertirlo, que su reino no es de este mundo y que contiene a por lo menos cuatro personas diferentes. Sus gambetas sirvieron para darle a Brasil tres copas del Mundo (1958, 1962 y 1970), pero también para que, pegados a él, millones de negros eludieran obstáculos que les impedían ingresar con plenos derechos a la sociedad brasileña. Luego, cuando colgó los guayos y se puso el ‘blazer’, se convirtió en algo parecido a una sonrisa comercial enjaulada en la prisión de la corrección política. Aun así, a veces se escapa y deja escapar, además de vaticinios desatinados, revelaciones que BOCAS recopiló para esta edición. Esta es una selección de declaraciones que ‘El Rey’ hizo para EL TIEMPO, Playboy, GQ, The Talks, La Nación, FIFA y Veja, entre otros medios del mundo.

Por Federico Arango

Nunca un talento se vio en tal volumen y tan equitativamente distribuido. Lo tenía en cantidades iguales no solo en ambas piernas, sino también en la cabeza. Sin despeinarse, trasladaba al juego aéreo su supremacía en la grama. Tenía tal visión del campo que no había terminado de recibir el balón cuando ya tenía perfectamente dispuesto lo que haría con él, era cuestión de nanocentésimas; con claridad meridiana leía y desencriptaba la estrategia del rival.

Pero en el fútbol, como en todo, de poco sirve ser un dechado de virtudes si estas no se materializan. Y aquí la carrera de Pelé puede esgrimir una contabilidad con puros números negros. Un balance que más que sobrenatural, parece único e irrepetible, la carta que pone en franca retirada a cualquiera que ose cuestionar su supremacía.

Fueron 1.282 goles en 1.363 partidos y de ellos, 12 en los cuatro mundiales que jugó y tres en finales. Ningún otro jugador de fútbol puede decir orondo como él que tiene tres Copas Mundo en sus alforjas.

Con la doble condición de niño maravilla y único negro de su equipo, fue el autor intelectual del título en Suecia 1958, trofeo que prometió llevarle a su padre cuando lo sorprendió hecho un mar de lágrimas mientras escuchaba el silencio en que los uruguayos sumieron al Maracaná tras su victoria final del 50.

Cuatro años después, en Chile 62, también dio la vuelta olímpica, pero en tenis y sudadera, pues una lesión en la ingle solo le permitió jugar un partido completo, contra México. En 1966 el búlgaro Zhechev y luego el portugués Morais con patadas dirigidas en el mejor de los casos a su yugular y en la más grosera impunidad, lograron neutralizarlo por las vías de hecho.

La siguiente cita, México 1970, fue la que marcó su canonización, a color, y, por primera vez, con el planeta entero siguiéndolo en tiempo real. Aunque ha habido intentos meritorios, hay consenso respecto a que no se ha conformado aún equipo que supere en armonía y efectividad al onceno que le dio el tricampeonato a la “verdeamarela”.

No por abolengo sino, como se puede ver, por pura meritocracia fue coronado Rey del fútbol. Cuando dieciséis años después, cuando otro de similares quilates, Diego Maradona, llevó de su mano a Argentina a ganar el Mundial del 86, también en el estadio Azteca del DF, muchos vieron su reino amenazado. Pero pasó lo que pasó con la carrera del argentino, siempre tan mundano, tan terrenal, tan del pueblo. Entonces para zanjar la cuestión y dejar a todos contentos –menos a los argentinos-, se decidió que el brasileño sería el Rey y Maradona el Dios del fútbol.

Y aquí hay que decir que esta salida no tiene cimientos. Se cae con solo mirar las vidas de ambos y notar cómo contrasta todo lo humano que tiene Diego, y que el mundo bien conoce, con esa personalidad múltiple y no menos enigmática del brasileño, sin duda más cercana a las deidades que a los mortales y él lo sabe. Ya una vez un periodista japonés le hizo notar que sus niveles de reconocimiento podrían superar a los de Jesucristo, acotación que recibió con la mayor naturalidad.

Debe ser por eso que nunca ha negado, y se esfuerza en reafirmarlo, que en él viven dos personas distintas: Edson Arantes, el mortal, el de carne y hueso, y Pelé, el mito eterno. De hecho, es frecuente que en las entrevistas alternen ambos, cuadro que debería generar cuando menos inquietud en cualquier especialista en salud mental. Y aunque no se habla de ellas, los hinchas identifican otras dos entidades que han brotado en las décadas recientes, la marca Pelé y el gran diplomático, el anfitrión de la Copa Mundo que se jugará en su país después de 64 años.

Al comienzo, Pelé y Edson eran uno solo: el hijo de un jugador mediocre, vendedor de maní en las estaciones de tren, embolador del Club Atlético Bauru, el diez de “Los descalzos”, su primer equipo. El mismo que no necesitó ni de guayos ni de balón –usaba una media rellena con periódico o un pomelo- para sus primeras epifanías.

Lo importante aquí es saber que cada enganche, cada gambeta suya fueron una declaración de principios en la redacción, entonces en curso, de un proyecto nacional brasileño. Con los pies, y valiéndose de una impecable gramática, tuvo a su cargo muchas de las páginas que le dieron voz a los negros de su país, hasta entonces arrumados en los márgenes.

También hay que saber que se trata de una figura fuertemente condimentada con especias locales. Fue un mago con el balón, pero también se convirtió en un hecho político y social. Esto explica el que haya sido declarado por el gobierno de Brasil “tesoro nacional”, solo para que nadie se lo llevara. Garantizar que cada ocho días dejara ver un poco de su talento en los estadios del gigante del continente se convirtió en un asunto de Estado. Una historia bien distante de la biografía de las figuras contemporáneas, tan rápidamente destetadas de su calle, de su playa.

Lo que no cuenta Pelé, y que tantos fanáticos lamentan, es qué pasó cuando colgó los guayos y se puso el blazer que luce en cada evento publicitario. El mito y el hombre, ambos, empezaron a ceder terreno ante la marca.

Ocurre que el Pelé de las últimas décadas –se retiró en 1978– es para sus críticos una especie de Juan Valdez a destajo, listo para ponerse a órdenes de quien esté dispuesto a pagar lo que vale –el monto mínimo son 1,2 millones de dólares- contar como encarnación de su marca con ese hombre afable, siempre sonriente, pero insípido. Habrá quien diga que lo mueve el ánimo de desquite tras su dilatada historia de emprendimientos fallidos, que se remonta a sus días en el Santos, cuando un oscuro pero carismático personaje, el gordo Pepe, dio buena cuenta de los ahorros que para entonces acumulaba. Y no fue la única vez: muchos amigos aseguran que su talento para despilfarrar su fortuna en negocios de esos que hoy serían calificados como “polémicos” igual al que mostró con el balón.

Sea por convicción o por necesidad, es imposible no ver al Pelé contemporáneo a la luz del que fue en las canchas. Muchos respirarían aliviados si se llega a comprobar que este personaje que protagoniza activaciones de marcas hoy en París, mañana en Dubai, es en realidad un dron comercial, listo para complacer gerentes y fastidiar a los fanáticos que no entienden a qué horas lo descafeinaron de esa forma. Cualquier suspicaz tendría razones para preguntar si es que no son ya dos, sino cuatro o seis los pelés que andan sonrientes por el mundo vendiendo desde tarjetas de crédito hasta Viagra, pasando por pilas, calzoncillos y relojes.

Desangelado o no, una vez terminó su carrera en el fallido Cosmos de Nueva York –por cierto, promover el fútbol en el país del Norte ha sido su gran proyecto de vida- se tomó en serio lo de portar un rostro con reconocimiento global y se tuvo la confianza necesaria para incursionar en otros terrenos, hizo curso de estrella crossmedia. Así, se le vio en la pantalla grande, en Fuga a la victoria junto a Stallone, Oswaldo Ardiles y Bobby Moore; como cantante alternó con Gilberto Gil y Sergio Mendes. Y, claro, sumergido en la farándula: fue novio de Xuxa a comienzos de los 80, cuando ella apenas atravesaba los veinte.

Por último, gravitando alrededor de Pelé, a Edson y a la marca –que es para estos efectos el espíritu santo, su espíritu santo- está el diplomático. El hombre defensor de los valores y las buenas costumbres, católico aunque no practicante, enemigo de los excesos, que cuando se siente abrumado se refugia en el campo y en la guitarra. El que carga una regla calibrada con los más exigentes estándares de corrección política, que le sirve para medir cada declaración sobre gobiernos, sobre las cabezas de la FIFA.

Y justo por querer quedar bien con todo el mundo, como buen diplomático, es que ha ido cultivando con esmero y rigor la fama salina que hoy lo precede. Así, el mundo ha ido desarrollando un particular fetiche con sus predicciones premundialistas: no terminan de conocerse los equipos clasificados cuando ya hay una nube de reporteros a la caza de sus vaticinios para convertirlos en insumo de humoristas.

Si el fútbol es una gran familia, Pelé es, pues, el hijo modelo, el mayor, el que el papá, Blatter, le enrostra al hijo brillante pero indómito y respondón: Maradona. Esta vez le toca a “O Rei” organizar en su casa la gran fiesta de cada cuatro años. Lo primero que le recomendaron fue que guardara los perros bravos –las protestas sociales-, que ya el año pasado alcanzaron a gruñirles a las delegaciones que participaron en la Copa Confederaciones. Ha pedido que mejor las dejen para después de la Copa del Mundo, que qué vergüenza sería que irrumpieran sin permiso, pusieran su música y obligaran a las niñas lindas a irse.

Podrá decirse a su favor que su vida ha estado influenciada a tal punto por el balompié que por simple inercia ha optado por caminar a su mismo ritmo y en la misma dirección. Ambos, en efecto, pasaron de fenómeno social a producto que se consume en el mercado del entretenimiento. Esto explicaría por qué muchas de las entrevistas que ha dado en los últimos años parecen repetir el mismo guion que salvaguarda el producto. Aun así, algunas han logrado hacerle una gambeta –como las mejores suyas– y penetrar la férrea defensa en línea compuesta por sus mejores asesores de imagen.

El Tiempo, enero 16 de 2010

Supongo que jamás le deben haber preguntado esto: ¿usted sí cree que ha sido el mejor futbolista de la historia?

Yo tenía mucho respeto por Alfredo Di Stéfano cuando empecé mi carrera. Pero lo que puede hacer una comparación son los hechos. Y habló como Edson para argumentar que Pelé ha sido el mejor: Pelé ganó el primer trofeo con la Selección de Brasil a los 16 años, con 17 años jugó el primer mundial, Pelé es el único jugador de todos los tiempos en ganar tres mundiales jugando cuatro, Pelé es el único que ha hecho más de 1.200 goles. Esos son los hechos. Pelé ha sido el mejor.

¿Cuál fue su sueño de infancia?

Mi papá fue jugador profesional y hacía muchos goles de cabeza. Yo quería ser como él y luchaba por ser como él. Pero él siempre me decía: “Oye, tú no tienes que pensar en ser como yo, tú tienes que pensar en ser mejor que tu papá; tú tienes que pensar en ser el mejor”. Y yo trabajé duro, mentalizado en eso, y escuchaba que en Colombia contrataban a grandes jugadores (en el famoso Dorado de los años cincuenta). Entonces yo pensaba: “Algún día voy a ser mejor que mi papá y voy a jugar en Colombia”. Así empezó todo...

Sobre su expulsión en Bogotá, el 17 de julio de 1968 que terminó con su regreso a la cancha y la salida de Guillermo “Chato” Velásquez, juez que le mostró la roja, dijo:

El árbitro Velásquez me expulsó. Él se equivocó porque yo no hice nada. A él lo sacaron y yo volví a jugar. Eso no lo voy a olvidar nunca. Está en mis biografías, en las películas de cine. Yo estaba en el camerino quitándome las botas cuando llegó un policía y me dijo que volviera. “¿Cómo voy a volver si me expulsaron?”, le dije. Y él contestó: “Tranquilo que ya sacamos al árbitro”, contó con risas.

El Tiempo, 11 de junio de 1999

Usted ha sido exitoso como jugador y como persona. ¿Qué paralelo puede hacer entre su vida y la de Diego Armando Maradona, quien sigue sumido en la droga?

Mi vida y la de Maradona no se pueden comparar. Son dos cosas totalmente distintas. A mí me duele mucho la suerte de él. Hace un par de años nosotros, en Santos de Brasil, intentamos ayudarle a su rehabilitación, pero sus asesores no permitieron. Yo creo que el mundo ha perdido a un gran jugador. No puedo hacer otra cosa que lamentar este hecho y pensar en que Maradona debe cambiar de amigos.

 La mayoría de los jugadores profesionales se retiran de las canchas y pasan a ser entrenadores. ¿Por qué razón usted no escogió ese camino?

Porque para ser entrenador hay que estar muy loco. Siempre que a un equipo le va mal, todas las críticas son para el técnico, pero si le va bien, los elogios son para los jugadores.

Entrevista emitida en el programa “Cara a cara”, de Caracol, por Darío Arizmendi, el 24 de noviembre y el primero de diciembre de 1993 e incluida en la Antología de grandes entrevistas colombianas, Aguilar, 2002.

Pelé, ¿siempre tiene esa sonrisa que lo caracteriza?

Bueno, yo creo que Dios me ha dado dientes bonitos y tengo que mostrarlos, ¿no? Además, lo hago con naturalidad porque la gente siempre me recibe con sonrisas. Yo creo que es la cosa más linda que uno tiene para poder comunicarse.

¿Nunca se pone de mal genio?

Cuando me encuentro muy, muy cansado de muchos viajes, o con algunos problemas particulares porque somos todos humanos, todos tenemos problemas, entonces voy a una hacienda o voy a un sitio a pescar cerca de Sao Paulo, traigo mi guitarra, voy a componer, estoy uno o dos días ahí en la hacienda del Mato con la guitarra, y cuando vuelvo ya vuelvo tranquilo nuevamente. Abierto otra vez.

¿Para Edson Arantes do Nascimento, quién es Pelé?

Pelé es una cosa de Dios, un mito. En todas partes del mundo hoy, si tú abres un periódico, abres una revista, en China, en África, en Europa, tú vas a ver el nombre de Pelé. Este es el mito, es inmortal. Esta es la diferencia entre Edson y Pelé. Edson va a morir, Pelé nunca va a morir, sin duda. Pelé es inmortal, eso es seguro. Pelé es inmortal.

¿En qué momento se dio cuenta usted, Pelé, de que tenía una capacidad futbolística y atlética excepcional?

Mi papá también era profesional del fútbol. Yo tenía siete u ocho años ahí en Bauru, y mi papá a veces iba a entrenar. Yo iba para ver el entrenamiento y a veces entraba en la cancha, pegaba a la pelota y empezaba a brincar con ella, a controlarla. Los amigos de mi papá, cuando iban me decían: “Hey, Pelecito, tú vas a ser un crack, tú vas a ser un buen jugador”. Enseguida empecé a jugar en un equipo juvenil; tenía 10 años, era el más joven, pues todos los muchachos tenían 13 o 14 años. En el primer torneo en el que me puse los zapatos de fútbol fui artillero; tenía 10 años, casi 11. Me di cuenta de lo que podía hacer, porque yo no tenía miedo de jugar con los muchachos de 15 o 16, y yo era flaquito. Ahí empecé a tener más confianza. Después de que fui a Santos, que entrené e hice el primer gol, con 15 años, entonces adquirí confianza. Me dije: “No, yo puedo ser un profesional.” Pero nunca esperaba llegar donde llegué.

¿Usted cómo hizo para lograr dominar tanta fama, tanto poder? Muchos otros futbolistas y deportistas cuando son famosos se vuelven insolentes, violentos, personas prácticamente indescriptibles. ¿Cómo hizo usted para manejar ese proceso, para no dejarse desbordar?

Gracias a la base de familia, a la base religiosa de mi familia. Cuando uno empieza a creer en Dios, a respetar al ser humano, es más fácil vivir. Y creo que esta base fue la cosa más importante en mi vida. De vez en cuando, en broma, cuando me preguntan eso, yo digo: “No, es que son dos. Tiene Pelé y tiene Edson. Pelé está siempre bien para todos; Edson cuando llega a la casa va a llorar, tiene problemas personales.” Y la gente no sabe, siempre piensa en Pelé.

¿Y por qué motivos llora?

Todos tenemos momentos tristes, tenemos momentos de angustia. Por ejemplo, una cosa que me hace llorar es la situación que la gente de Brasil vive. Yo tuve problemas en Bauru cuando era niño, cuando mi papá tuvo problemas. En esa época Brasil era un Brasil diferente. Tenía muchos pobres, pero la gente tenía vergüenza. Hoy, la situación del Brasil es que perdemos la moral, perdemos la vergüenza. Ese es el gran problema de Brasil, y yo no puedo aceptar que en un país que me ha dado todo yo encuentre niños, gente que muere de hambre, pues es un país que lo tiene todo, es un país riquísimo. Eso me lastima mucho. Por eso dije al principio de la entrevista que había muchas cosas que quería hacer en el futuro, que no tenía miedo de morir porque tenía muchas cosas en mi mente para hacer.

¿Lo que dijo en Playboy, que no había querido hacer el amor con Xuxa, es verdad?

Eso fue verdad porque ella es muy joven. Fue una declaración que dio mucha controversia. La gente no entendió, ella no entendió. Pero fue por respeto a ella, porque yo no estaba enamorado para casarme en esa época. Fue exactamente lo que yo dije, una cosa honesta y que debería ser entendida como una cosa linda, ¿no? No fue entendido así.

GQ, mayo de 2012, edición Reino Unido

¿Hay algún jugador actualmente con la calidad de un Cruyff, un Zidane o un Best?

No. No veo a nadie a ese nivel. Esos jugadores que usted menciona tenían todos un talento extraordinario, dos excelente pies y todos eran muy buenos en el juego aéreo.

¿Messi?

Bueno, Lionel Messi es un jugador maravilloso. Muy talentoso, de gran inteligencia, no es bueno en el juego aéreo. No se siente igualmente confortable con ambos pies, pero aun así es el mejor que tenemos en la era moderna.

Algunos mencionarían a Cristiano Ronaldo...

Ronaldo es… un muy buen jugador, de la misma manera que Beckham fue un muy buen jugador.

GQ, julio de 2006, edición Reino Unido

Usted jugó en dos selecciones sobresalientes de Brasil, 1958 y 1970, ambas ganaron la Copa del Mundo, ¿cuál fue mejor?

Como un equipo organizado, el de 1970 era el mejor. Teníamos a Tostão, Rivelino, Jairzinho y muchos otros. Pero individualmente, el de 1958 tenía mejores jugadores: Djalma Santos, Nilton Santos, Bellini, que era un jugador fantástico y ahí también estaban Didí y Garrincha. La gente dice que Zagalo no estaba en ese nivel, pero era igual muy importante. ¡Y Vavá! Pero, como equipo, estoy de acuerdo que el de 1970 era mejor. También la FIFA lo eligió. Otra ventaja era que en 1970 los mismos jugadores estuvieron juntos por dos años casi sin ningún cambio. Esa fue la razón por la que éramos tan buenos.

La Nación, junio 12, 2006

Usted sabe lo que es jugar un mundial siendo un adolescente (tenía 17 años en Suecia 58). ¿Cómo se siente hacerlo siendo tan joven?

Hace poco, cuando estuve en Inglaterra por el lanzamiento de mi libro, todos me preguntaban eso y hacían la comparación con este muchacho Walcott. A los 17 yo ya había jugado para la selección y a los 16 estuve en un partido contra la Argentina. Jugué en Santos ocho meses con esa edad. Así que llegué al Mundial con un año de experiencia, casi. Pero yo no tenía mucha responsabilidad; para mí era un sueño, porque no lo esperaba. Más difícil fue el último: en el 70, después de haber jugado tres mundiales todos esperaban más de mí y era el jugador que todos querían ver en Brasil.

La revista Epoca, de su país, planteó la duda sobre si Ronaldinho es más grande que usted...

Sí, me parece que es cuatro centímetros más alto que yo.

Pero usted dijo que él hace cosas con la pelota que “ni Pelé sabía hacer”. Y Tostâo, que fue compañero suyo, dijo que él tiene un repertorio más variado.

Ronaldinho es un jugador de mucha habilidad, de definición. Comparémoslo con Kaká: Kaká es más directo, encara más hacia el arco. Ronaldinho es más técnico. A eso me refería. Pocos tienen la facilidad de Ronaldinho para dominar la pelota.

The Talks

¿Alguna vez creyó que sus habilidades no eran humanas?

No, todos somos seres humanos. Tengo que confiar en algo que me dé poder, tengo que creer en algo, pero en mi carrera tengo un montón de momentos que no puedo explicar con Dios. Fuimos a África y paramos la guerra en África, porque el pueblo fue a ver a Pelé jugar. Detuvieron la guerra. Dios no puede explicar eso. No sé por qué –es imposible saberlo–, pero detuvieron la guerra. Cuando terminamos el partido y nos marchamos, ellos continuaron luchando.

¿En qué país pasó esto?

Nigeria.

Veja, 21 de mayo de 1986

¿Cuál es el mejor jugador de todos los tiempos?

De los jugadores que vi jugar el mejor fue Zizinho (volante por derecha de la selección brasilera entre 1942 y 1957). Yo me inspiré en él. Jugaba arriba y también atrás, sabía jugar duro, y, si hacía falta, tenía la técnica para jugar fino. Pisaba el área, cabeceaba, una cosa que raramente vemos hoy en Brasil. Platini es el que más se le acerca a Zizinho hoy.

¿Y Pelé?

Si me permite, quiero que Edson responda esa pregunta: Pelé no tiene comparación. Pelé es una cosa aparte, una cosa de Dios. Es como la música: hay 500 buenos pianistas, pero Beethoven solo hay uno. Tome la historia de Pelé, mire los goles que metió, los títulos que ganó, las jugadas que hizo, el día en que aparezca alguien capaz de repetir todo eso, solo entonces podrá comparar.

Veja, 10 de enero de 2001

¿En qué se diferencia el fútbol de hoy del que se jugaba cuando usted era el rey de los gramados?

La ocupación de los espacios en el campo actualmente es bien diferente. Los equipos europeos, principalmente, transforman el terreno en un verdadero laberinto para los atacantes adversarios. Es duro encontrar un espacio desocupado. En eso son muy superiores los equipos brasileros. Pero lo que cambió realmente fue el sistema de formación de las estrellas. Hoy un jugador sale del anonimato en seis meses, es escogido mejor jugador del mundo y algo más. En mi época, para que un sujeto se convirtiera en una estrella tenía que sufrir. Vi cracks excepcionales permanecer en la suplencia de grandes equipos tres o cuatro años sin jugar ni un solo partido.

Veja, 4 de marzo de 2009

Ya tiene 68 años, ¿siente el peso de la edad?

Pelé es inmortal. Edson no tiene miedo de envejecer, tampoco de morir. Ahora, sí me preocupa mi salud. Hago ejercicios y cuido lo que como para mantener mi peso: 78 kilos, el mismo que tenía cuando dejé de jugar, está bien para mi altura: 1,72 metros, que aumenta en un centímetro con el copete. Tengo pocas canas. No me pinto el pelo, solo uso un shampoo que equilibra el color. Mi vanidad es andar bien vestido. Todos piensan que compro la ropa en Italia o Francia. No es verdad. Traigo los modelos para Everaldo, mi sastre en Santos. Tengo conjuntos iguales de todos los colores.

Entrevista que le hace Diego Armando Maradona en su programa “La noche del 10”, 15 de agosto de 2005

¿Qué es la fama para Pelé?

Para mí fue un poco diferente. Yo empecé muy temprano, yo con 15 años ya estaba en Santos, con 16 años mi primer partido fue contra Argentina en el Maracaná, con 17 ya tenía el primer mundial. Mi personalidad ya está formada así. Muchos actores, jugadores, artistas, cuando tienen la personalidad ya formada, 22, 23, alcanzan la fama y ahí tienen el problema de convivir con la fama. Para mí es una cosa normal, yo pido a Dios que no cambie nunca, que no muera nunca, siempre fue mi vida, una parte de mi vida.

¿Cómo absorbiste lo bueno y lo malo que te tiraba la gente?

Pierdes un poco de la privacidad. Hay que tener un control muy grande. Pierdes toda la libertad. No puedes salir con tu familia, ir a cine. Siempre pude controlar eso. Tuve la felicidad de contar con una familia que siempre me apoyó. Con la familia que es importante en la vida, poder pasar por estos problemas. No tengo problema de hablar con la gente.

FIFA.COM

En su época el fútbol floreció, y se le llamó con justicia el hermoso juego. En la actualidad ha evolucionado, y quizás la defensa haya cobrado mayor relevancia. Cuando mira al fútbol hoy en día, ¿lo hace con alegría o con tristeza?

Sobre el césped, el juego es prácticamente el mismo. Si uno tiene jugadores buenos y de calidad, artistas, se verá un espectáculo. Pero en caso contrario no. La diferencia con mi época es que el delantero está protegido mucho más que antes. Sin duda, porque existen las tarjetas amarillas y rojas. Ahora, en muchos partidos que he visto, los defensas tienen miedo a hacer una entrada desde atrás. En mis tiempos de futbolista no les importaba, te tiraban del pantalón, tropezaban contigo, hacían lo que fuese para detenerte. Por otra parte, el juego se ha vuelto mucho más cercano y cerrado. Ya no hay espacio, los jugadores deben pensar con gran rapidez y ser inteligentes para encontrar un hueco. Ahora depende mucho del jugador.

Playboy, 1981 (Luego desmintió, dijo que lo habían tergiversado, que él en realidad había dicho que todo el equipo tuvo sexo, pero que él no)

¿Algún homosexual le ha hecho propuestas?

Muchas veces.

¿Y usted aceptó alguna?

No.

¿Y cuando era joven?

Bueno, por los 15 o 16 yo llegué a tener algunas experiencias homosexuales, no muchas. Mi primera experiencia de niño del interior fue con un maricón que todo el equipo se comió allá en Bauru. Pero después de eso no volví a tener este tipo de experiencias.

FEDERICO ARANGO

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