Bremen no es solo una ciudad de cuento

Bremen no es solo una ciudad de cuento

Esta pequeña urbe alemana mantiene sus joyas arquitectónicas, pero abre las puertas a la modernidad.

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24 de mayo 2014 , 08:51 p.m.

Existen nombres de ciudades y reinos que evocan universos literarios de la infancia. Ahí están Camelot, Barataria, Liliput o Xanadú. Hubo un tiempo en que el niño que leía o escuchaba cuentos los creía reales, como a sus protagonistas. Pero Bremen no entra en este saco. La ciudad alemana, escenario de la fábula de los hermanos Grimm donde un gallo, un gato, un perro y un asno se aúpan uno sobre otro para ahuyentar a unos bandidos, no solo existe en el imaginario de los más pequeños. Los músicos de Bremen está ambientada en un recodo real de la Vieja Europa, que se ha convertido en un bonito lugar para visitar con la llegada de la primavera.

Aunque los más de 170 bombardeos de los aliados durante la II Guerra Mundial destruyeron un 60 por ciento del estado más pequeño de Alemania, su núcleo mantiene las joyas arquitectónicas que la revisten de un aire de cuento. Ahí está la plaza del Mercado, Marktplatz, referente del renacentismo Wesser, lo que se traduce en edificios de los siglos XVI y XVII dotados de fachadas decoradas profusamente con adornos en espiral, volutas, escudos y puntas de diamante, y que constan de nichos, ventanas dobles y balcones.

La plaza, que acoge el suntuoso Ayuntamiento, la Catedral y la Cámara de Comercio, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el 2004.

Allí mismo se erigen los dos principales símbolos de la ciudad, la estatua de Rolando, cuya pervivencia en el tiempo está llena de anécdotas históricas y la escultura dedicada a los músicos de Bremen, que presenta un brillo especial en la base, y una carga de superstición. Muchos son los que toman ambas pezuñas del burro y piden un deseo.

No lejos de allí se halla la calle Böttcherstrasse, donde diariamente se escucha una orquesta de 30 campanas de porcelana. El paseo peatonal es un bello ejemplo de expresionismo en ladrillo y art déco, estilo que desagradaba en extremo a los nazis. En sus escasos 100 metros acoge hasta tres museos, uno de ellos, el Paula Modersohn-Becker Museum, primero en el mundo dedicado a una pintora.

Otras propuestas museísticas de la ciudad son el Überseemuseum, un centro único en el Viejo Continente que aborda las culturas del mundo con dioramas para recrear los entornos culturales y naturales, y el museo Kunsthalle, con obras de Monet, Van Gogh, Manet y Cézanne, piezas contemporáneas de John Cage y Nam June Paik, entre otros, y una colección de obras en papel que se halla entre las más importantes de Europa.

Por último, cabe destacar el museo de arte moderno Weserburg, que en los últimos años ha programado exposiciones de gran calado internacional, como las dedicadas a jóvenes videoartistas de Israel, el cómic y los audiocasetes en el arte contemporáneo.

El encanto de lo nuevo

El río Bremen colma de vida la ciudad a su paso por el centro. El paseo en sus riberas, conocido entre los lugareños como Schlachte, es una de las zonas más activas y concurridas de Bremen. Como las plantas, el muelle reverdece en primavera y se aletarga con el frío. A excepción de las visitas en invierno para beber el reconfortante glühwein (vino caliente).

Si hay un barrio de moda, es el recuperado Schnoor. El vecindario más antiguo de Bremen era refugio de artesanos, marineros y prostitutas. Sus calles, adoquinadas y angostas, se unen en pasajes que toman sus nombres de los oficios que allí se ejercían, como la fabricación de cadenas de ancla, Wieren, o de sogas, Schnoor.

De hecho, el barrio adquiere ese nombre porque sus casas asemejan perlas enhebradas en un hilo. Los edificios antiguos, que datan de los siglos XV, XVII y XVIII, han sido remodelados con mimo. Y los de nueva planta se han diseñado con suma coherencia para que no desentonen.

Son muchos los atractivos culturales de esta ciudad de cuento. La paradoja es que los animales de la fábula de los Grimm nunca llegaron a Bremen, se quedaron en una casa a las afueras y la vivieron como un sueño.

Cuando dormir es un privilegio

Barco hotel Perle

En el muelle número 7 de la Schlachte Weserpromenade se encuentra atracado un ferri de 1948 que hace las veces de hotel de tres estrellas. El Hotelschiff Perle solo dispone de dos camarotes.

Hochzeithaus

Quyizá sea el hotel más pequeño. Como la traducción de su nombre lo indica, “la casa de la boda” está pensada para lunas de miel con encanto, de modo que aloja a una única pareja en su ‘suite’ de tres plantas. Y la agasaja con desayunos con champán.

Menú de festivales

En enero se celebra 6days Bremen, un evento lúdico-deportivo de bici ‘indoor’ masivo y ‘freak’ donde los haya. Sin ir más lejos, el año pasado actuaron los excéntricos Boney M. En febrero, la Marktplatz acoge el carnaval de samba más importante de Europa. De agosto a septiembre se realiza Musikfest, un gran festival de música de los cinco continentes cuyo arranque, en el que se suceden hasta 24 espectáculos distintos, tiene lugar en la plaza del Mercado. En noviembre acogen el festival internacional de narración de cuentos Feuerspuren.

La noche es joven

El barrio Das Viertel despierta al caer el sol. Si el ajetreo en los clubes, los puestos de kebabs y los ‘kneipen’, tabernas típicas alemanas donde se sirve cerveza, lo dejan fijarse en el entorno, descubrirá un museo de grafiti al aire libre. La zona acumula edificios con tradición, y la frecuenta gente alternativa. Abundan los estudios de diseñadores, las tiendas de segunda mano y los mercados ecológicos. La fiesta en Hauptbahnhof, el barrio de la estación central de tren, es más ‘mainstream’, con discotecas como Stubu.

Entre cervezas y vinos

Fábrica-museo Beck’s

En Bremen se encuentra la fábrica-museo de la marca de cerveza Beck’s. Hay oferta de visitas guiadas en las que se muestra el arte de la elaboración. La visita culmina con una degustación.

Ratskeller

La ciudad cuenta con la bodega más antigua de vinos germanos, que tiene una historia en sus barricas de seis siglos y un almacén de más de 600 variedades. Entre las joyas, se halla el vino más antiguo de Alemania Rüdesheim que data de 1653.

Dejarse llevar por el viento

La guinda de los jardines del parque Wallanlangen es un espectacular molino centenario reconvertido en restaurante. El Mühle am Wall está en lo alto de una colina y ofrece vistas a las antiguas murallas de la ciudad, en un entorno que con el buen tiempo se convierte en un tapiz de flores y frondosa vegetación. Los precios son caros, así que quizás solo querrá dar un paseo y sentarse en un banco cercano para deleitarse con sus vistas de postal.

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