Cine en Colombia, los tiempos heroicos

Cine en Colombia, los tiempos heroicos

Álvaro Concha Henao publica una 'Historia social del cine en Colombia', con datos inéditos.

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23 de mayo 2014 , 07:47 p.m.

¿Por qué llama su libro historia ‘social’?

A mí me parece que el cine por sí mismo no tiene una historia, sino que se convierte en una serie de anécdotas. Para explicar por qué aparece el fenómeno, por qué se hacen ciertas películas de esta forma, por qué surgen empresas y por qué desaparecen, hay que contextualizar todo en un marco histórico-socio-económico de la época que permita darle una explicación al fenómeno.

¿Cuánto tiempo le tomó hacer este primer tomo, que va de 1897 a 1929?

Empecé a trabajar en diciembre del 2007. En términos generales, la investigación, que hacía al tiempo con la redacción, me tomó unos cinco años.

¿Por qué el primer tomo tiene esas fechas límite?

En un primer momento pensé hacer todo en un solo tomo. Creí que de este periodo se salía fácil, porque no hay mucha fuente de la época, no hay mucha profundidad histórica, ni mucha información, y la producción nacional fue escasa. Creí que en poco tiempo seguiría con los siguientes periodos. Cuando me metí en la investigación me di cuenta de que había mucha anécdota sin ninguna explicación y me pregunté si en verdad no podía encontrar algunos hechos que le dieran más profundidad a la historia. Y decidí que me iba a concentrar en el primer tomo, que abarca el origen del cine y el cine mudo en el mundo y en Colombia.

¿Cómo logró superar esos vacíos?

Comencé a investigar en un periódico desaparecido que se llamó Mundo al Día, en el que encontré noticias, entrevistas, artículos, fotos y datos que incluso contradecían todo lo que estaba escrito. Y me dije: “Aquí hay algo que no está explorado”. En ese periódico fabuloso, que desapareció en 1936, encontré una docena de entrevistas; pero todo el periodo del cine de 1924 –cuando nació el periódico– a 1929 está allí. Entonces me entusiasmé mucho.

Es un lapso de la historia del país que no solo empieza de manera convulsionada, con la guerra de los Mil Días –que es justamente el momento en que se está difundiendo el cine en el mundo–, sino que además es cuando se inician la modernización y los albores de la modernidad en Colombia. Posteriormente, me encontré el archivo digital de EL TIEMPO y pude investigar desde 1911 hasta 1929, y hallé una información noticiosa muy rica. En la sección de corresponsales regionales encontré mucho interés en Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga, en mandar información de lo que estaba pasando con el cine. Así me enteré, por ejemplo, sobre la existencia de la película Garras de oro. Me fui encontrando una cantidad de información desconocida y me tuve que dedicar a hacer un tomo de solo este periodo.

¿Cuál es su aporte como analista?

Siento que el aporte mío es haber cogido la anécdota y hacerle una explicación a partir de la realidades socio-económicas del país en ese entonces.

Por ejemplo, ¿por qué aparecen las productoras de cine a partir de 1922? Porque las condiciones económicas y sociales del país lo permitieron. Fueron los años de la modernización y del ingreso de la modernidad en Colombia, a través del auge del café. Le doy mucha importancia al café, que creó la nacionalidad colombiana en muchísima gente, modernizó al país; a través de esa modernización introdujo la modernidad y el cine.

Una de las cosas que señalo es que en los años 20, en las zonas cafeteras fue donde más cine se hizo: Medellín, Pereira, Manizales, Cali, e incluso en el Tolima. Hay una empresa en Líbano (Tolima) que constituyeron allá, mediante una empresa, ilustres personajes de la región. E hicieron una película. ¿Por qué allá?, me preguntaba. Y al estudiar la historia del Líbano me di cuenta de que ese era el tercer municipio productor y exportador de café en el país. Eso me confirmó en mi tesis de que la producción cinematográfica de los años 20 está directamente relacionada con la producción y exportación del café.

Carlos Uribe Celis, en su libro ‘Los años 20 en Colombia’, también atribuye la modernización a los dineros de la indemnización por Panamá. Fue una década afortunada para Colombia…

Eso es cierto. Los 25 millones de dólares que dio Estados Unidos, con base en el tratado Urrutia-Thompson, se les sumaron a cerca de 200 millones de dólares que el Gobierno colombiano obtuvo en empréstitos con ese país. Fue la época en que EE. UU. entró a Colombia y el país se inscribió en la órbita de la hegemonía norteamericana. Ese dinero fue empleado en su gran mayoría en la modernización de la infraestructura: ferrocarriles, carreteras, puertos… Todo, orientado a la movilización del café.

¿Podemos citar una cifra que hiciera más gráfico ese momento del café?

En el gobierno de Pedro Nel Ospina subió la exportación de café alrededor del 200 por ciento. No solamente la exportación creció, sino que aumentó el precio del café. Hubo un incremento muy grande en los precios internacionales, y eso contribuyó a que la economía dependiera del café. Y la venta, a su vez, se traducía en mayor importación de bienes, mayor acumulación de capital en poder de esos comerciantes que importaban y en el surgimiento de esa industria, que se financió con esos excedentes de capital que dejaron el comercio del café y el comercio de artículos importados. En Antioquia, por ejemplo, creció la industria textilera y aparecieron también unos comerciantes interesados en hacer cine.

¿Se sabe en qué lugares o en qué región del país hubo las primeras proyecciones de cine?

La que se dice hasta ahora que fue la primera se hizo en Barranquilla en 1897, como en agosto. Cuando el cine se difunde a partir de los Lumiére surge un negocio nuevo, que son los itinerantes, unos entretenedores que existían desde antes del cine y que llevaban de un lado a otro circo, teatro ambulante, malabaristas, magos, óperas, zarzuelas… Y cuando aparece el cine, ellos encuentran un nuevo negocio, proyectar cine. Pero el cine era muy incipiente. Era una curiosidad y no un entretenimiento. No había el desarrollo narrativo, sino la mera curiosidad de tomar todo lo que se moviera; entonces estos itinerantes divertían a la gente mostrándoles la novedad. Y llegaban a toda Suramérica. Hay noticia de su llegada a Buenos Aires, Santiago, Río de Janeiro, La Habana, México y, por supuesto, a Colombia. En Colombia, los comienzos de esa curiosidad fueron muy difíciles porque ocurrió en medio de dos conflictos: la guerra contra Miguel Antonio Caro, en 1895, que duró dos meses, y la de los Mil Días, que comenzó en 1899.

¿La fecha de 1897 marca una proyección o cuando se filma por primera vez en Colombia?

La fecha de 1897 marca específicamente la llegada del primer trashumante de cine en Panamá, que en ese entonces era territorio colombiano. Fue un mago que está vagamente reseñado en la historiografía del cine en Colombia. A mí me llamó mucho la atención ese personaje y comencé a buscar y buscar. Se llamaba John Mill. Tenía nombre gringo pero era sueco. Residía en Estados Unidos, pero en realidad viajaba por toda Suramérica. Cuando sale el cine, el tipo llega a Panamá con un aparato llamado el vitascopio de (Thomas Alva) Edison y presenta el cine. Al territorio de Colombia actual no vino.

¿Ese aparato era el que filmaba y a la vez era laboratorio de revelado y proyector?

No. Lo que pasa es que, cuando surge el cine con los hermanos Lumiére en París, este ya tenía años de haber nacido. El aporte de los Lumiére es esa cámara que filma, revela y proyecta. Pero el que usaban los itinerantes era el vitascopio de Edison, que solamente proyectaba, pero no podía filmar.

El primer itinerante que llega, que es un mago sueco llamado John Miller –apodado ‘Balabrega’–, quien llega con un vitascopio de Edison. A los dos meses llega otro itinerante, de los hermanos Lumiére, y ese sí filma y hace todo. Se llamaba Veyre.

Muchos historiadores en Colombia dicen que el comienzo de nuestro cine es con Veyre. Pero, si Veyre es considerado el precursor, yo digo, ¿por qué Balabrega no, si llegó antes? Yo propongo a Balabrega como precursor del cine en Colombia, el 13 de abril de 1897, en Panamá.

Tengo mucho aporte en el sentido de encontrar cosas como esta, y descubrir personajes que desaparecieron, o en darle mayor amplitud a unos que fueron tocados muy someramente. Es como prender unas luces y decir: aquí no solo existieron los Di Doménico; ellos fueron solamente los empresarios de cine. Y hubo unos competidores que llegaron a ser más grandes que ellos: el Kinematógrafos Universales, una empresa barranquillera con cobetura nacional, que en Bogotá tuvo una presencia más fuerte que los Di Doménico. Todos esos descubrimientos fueron llevando a que el libro se engordara.

¿Cómo es la historia de la imagen que está en la portada del libro?

Es el elenco de una empresa que creó un señor que se llamaba Florentino Bernal (tercero de izquierda a derecha en la foto). Él era un personaje en los años 20 en Colombia, porque era el dueño del café del Capitolio, que quedaba en la carrera octava con calle 9.ª, un sitio de tertulia literaria, de juegos de salón, de café y onces. Este señor era aficionado al cine, y por esa inclinación presentaba películas en su pueblo, Guateque. Entonces quiso dedicarle un capital al cine, animado por el boom de los años 20, cuando en solo en seis años se hicieron 17 películas. Entonces conformó un elenco, y financió una película que se llamó La divina ley.

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor EL TIEMPO

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