Editorial: Las amantes y el papa

Editorial: Las amantes y el papa

21 de mayo 2014 , 08:14 p.m.

Como “un continuo tira y afloja que despedaza el alma” describieron su situación sentimental 26 mujeres envueltas en relaciones amorosas con sacerdotes católicos en la misiva que esta semana le hicieron llegar al papa Francisco, con la que pretenden impulsar el debate sobre la obligatoriedad del celibato para este ministerio. Ellas quieren salir del clóset, que a sus parejas no se las juzgue y condene por ponerle un polo a tierra a su vivencia cotidiana del amor de Dios.

A juicio de las firmantes, una relación de pareja no es incompatible con el servicio a Dios y a la comunidad a través del sacerdocio.

Algo tienen que ver aquí las palabras pronunciadas el año pasado por el actual secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, en las que recordó que el celibato es una tradición y no un dogma –declaración que luego tuvo que matizar–. Estas palabras, sin duda, abrieron una ventana de esperanza, que es por la que las remitentes esperan que su mensaje y reflexión lleguen al sumo pontífice. Sobre este tema, es bueno anotar que en la Iglesia católica ya hay sacerdotes con pareja, aquellos que pertenecen a las iglesias de rito oriental, donde el celibato es opcional, y los que provienen del anglicanismo, por no mencionar a aquellos misioneros en África cuyas uniones de hecho son secreto a voces.

Por lo pronto, esta nueva voz que se levanta relanza el debate y permite abordarlo desde una orilla hasta ahora inexplorada; podría, incluso, decirse que con una cierta perspectiva de género. Y aunque el papa está decidido a hacer ambiciosas reformas, sobre todo en lo que concierne a la curia romana, un cambio en asuntos como este todavía no se asoma, no obstante el consenso entre los vaticanistas, que juzgan este paso como inevitable, pero a mediano o largo plazo, así sea por razones prácticas. La creciente disminución en las vocaciones para tomar este camino quizás presione el esperado giro. Por último, no faltan quienes anotan que, si bien el matrimonio –al que parecen aspirar estas mujeres– está lleno de momentos gratificantes, estos no excluyen tragos amargos, cuya vivencia resignada también puede ayudarles a estos hombres de Dios a lograr la santificación.

editorial@eltiempo.com.co

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