Hernán y Rosana, cinco años viviendo dentro de un puente

Hernán y Rosana, cinco años viviendo dentro de un puente

Convirtieron este 'túnel', dentro de la estructura vehicular de la Suba con Boyacá, en su hogar.

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21 de mayo 2014 , 07:20 p. m.

Hernán Camacho, de 59 años, está convencido de que cuando uno tiene un motivo para vivir, lucha. Por eso, según dice, vive desde hace cinco años dentro de la estructura del ‘megapuente’ vehicular de la avenida Suba con Boyacá. Su razón: tener una ‘morada’ para cuidar de su gran amor, María Rosana Campos, que padece de esquizofrenia.

La familia la completa Marquesa, la perra que los cuida.

‘Submundo’ en la Suba

Después de atravesar el puente por encima, haciendo maromas para no ser atropellado por un carro o un articulado de TransMilenio, Hernán Camacho se sumerge por una ‘minipuerta’ provisional de madera. Camina unos 100 metros dentro del ‘túnel’, para encontrarse, entre la oscuridad y el olor a humedad, con una cama doble, dos sillas de plástico, dos armarios artesanales, una mesita de noche con unas espermas, tapetes, maletas y ropa; objetos que han conseguido gracias a la buena voluntad de algunas personas y que conforman el hogar de María, Hernán y Marquesa.

Foto de Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Bajo los efectos del ruido que causan los carros al pasar por encima del puente, este hombre, oriundo de Armenia, relata que llegó a la capital cuando tenía 10 años; lo hizo solo, luego de huir de los repetidos episodios de violencia que tenía con su padrastro. Vendió revistas, videos, pornografía y hasta marihuana para poder sobrevivir y ahorrar para traerse a su mamá a vivir con él. (Así es la vida de esta familia en su hogar)

“En ese entonces era buen negocio con los hippies”, contó Camacho, quien pisó por dos ocasiones la cárcel Modelo, donde aprendió a defenderse y entendió que debía cambiar de rumbo.

Después de trabajar como mecánico y ayudante de construcción, conoció, a la edad de 21 años, a quien sería la madre de sus dos hijos; una familia que años después perdió y de quien hoy no tiene rastro alguno. Situación que lo llevó a una gran depresión y a consumir drogas. Tras la muerte de su madre y una catarata que le quitó la visión por dos años, quedó sin trabajo y tuvo que vivir debajo de varios puentes de Bogotá; finalmente se radicó en este de la avenida Suba.

Vida bajo el puente

Hernán limpia a diario el lugar, saca a la perrita a tomar el sol y cocina para Rosana y para él; sale a reciclar todas las tardes y recoge agua de un lavadero de carros para asearse.

Foto de Abel Cárdenas / EL TIEMPO

“Cuando voy a pedir trabajo en las constructoras me dicen que no contratan abuelos, por eso prefiero vivir de lo que reciclo y de las ayudas que le pido a la gente, los vicios para mí desaparecieron hace tiempo, ahora mi única droga es Rosana, no necesito nada más”.

EL TIEMPO habló con la Secretaría de Integración Social, quien aseguró que en los próximos días realizará una visita para poder incluir a esta familia en los comedores comunitarios. Por su parte, la alcaldía de Suba señaló que actualmente tienen un programa para que los habitantes de calle, que son mayores, puedan recibir un apoyo económico subsidiado, labor que adelantarán con Hernán y Rosana.

DAIHANA GONZÁLEZ
Redacción EL TIEMPO ZONA

 

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