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'La cultura cambia el chip en el posconflicto'

'La cultura cambia el chip en el posconflicto'

Diana Uribe fue una de las ponentes de un encuentro sobre el tema, convocado por MinCultura.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de mayo 2014 , 04:15 p. m.

“¡Hay que conocer los territorios! No verlos en licitaciones, sino conocerlos de tú a tú. ¡No es solo un discurso! Hay que ir y comunicarse directamente con la comunidad”, dice Henry Arteaga, líder del grupo de hip hop Crew Peligrosos, durante un encuentro sobre el papel de la cultura en el posconflicto.

Su grupo creó hace más de diez años un ‘chaleco de protección contra la violencia’ en la comuna 4 de Medellín, con su academia de música Cuatro Elementos Eskuela.

Proyectos como este o como la Escuela Audiovisual Infantil de Belén de los Andaquíes (Caquetá) han demostrado que la paz sí es posible y que la cultura tiene un papel fundamental en ella.

¿Cómo sanar las heridas que ha dejado la situación conflictiva del país? ¿Cómo prevenir la violencia desde los ámbitos más privados de la sociedad? Estos líderes comunitarios, convocados en Bogotá por el Ministerio de Cultura, ratificaron que no solo piensan un mundo mejor: lo transforman.

La cultura abarca muchas cosas; no solo son los libros, las artes o la televisión. “La música y el arte son claves –dice la filósofa e historiadora Diana Uribe, una de las ponentes del encuentro–, pero también la cultura popular, las tradiciones… las telenovelas”. Estas y hasta los dichos populares logran un cambio real de los estereotipos, todo lo cual genera una visión de sociedad.

Por ejemplo, en la mencionada escuela caqueteña, en medio de la violencia, los niños pueden grabar videos, solo si tienen buenas historias. Pero contra lo que uno podría pensar, sus historias no son violentas ni tristes: hablan del orgullo de tener una vaca o de un paseo al río para jugar al barco pirata.

Cuando empezó este proyecto, su director, José Alirio González, quería ‘culturizar’ a su pueblo. Resultó que la gente estaba en otro cuento, y González tuvo que aprender a escucharla: la comunidad luchaba por el agua, que consideraba un bien público, y él quería una escuela con jazz y música clásica. Al compartir con la gente, aprendió a oír y, entre el vallenato y la música de carrilera, entendió las claves para conectarse con ellos.

González comprendió que Colombia es un país de fiesta, y el factor común es la alegría. Después de mostrar orgullosamente los cortos realizados por sus alumnos, concluye: “¿No les debemos a estos niños, que ven su casa de una forma tan linda, otro país?”

En palabras de Diana Uribe, “cada uno, desde donde esté, tiene que empezar a resignificar el país”. Para varios asistentes, la pregunta fue: ¿qué puedo aportar, desde mi campo, a la paz?

El perdón como receta

La cultura cambia la óptica con la que una sociedad se mira a sí misma. Por eso tiene tanta importancia en la paz. En ese sentido, la historiadora recuerda la frase de Leonel Narváez, el colombiano que trabaja la tecnología del perdón: “El perdón no modifica el pasado, transforma el futuro”.

A manera de ejemplo, ella recuerda que “el nivel de oprobio y de atrocidad que se alcanzó en Sudáfrica, donde las leyes del apartheid eran calcadas de las que Hitler ordenó para los judíos, fue perdonado”. Y no es un problema solo de Colombia: “En el tema de la violencia no somos los únicos. Irlanda tenía una guerra de 500 años, diez veces más que nuestros 50, e hicieron un proceso de paz”, dice ella.

Por eso considera que el papel de la cultura en un escenario de guerra y de rencor es fundamental. El posconflicto implica la inclusión. Aceptar al otro, y que otro me acepte a mí: “La cultura cambia la conciencia histórica de una época; puede cambiar un modelo de venganza por uno de reconciliación... Si la cultura avala la venganza, los pueblos se eternizan en los conflictos. Si la cultura avala la reconciliación, los pueblos hacen virajes en su historia”.

En ese sentido, la investigadora considera que la cultura cambia el chip de la sociedad. Y no se trata de olvidar lo que pasó, pues la memoria es fundamental, como se demostró en Sudáfrica después del apartheid. Se trata de evitar el tipo de memoria que mantiene el rencor y eterniza los conflictos. Como dice Diana Uribe: “La memoria de la verdad y la reconciliación, donde el motivo es el perdón, permite a los pueblos seguir adelante”.

DANIELA MATIZ
Para EL TIEMPO

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