Power Paola, la historietista que dibuja su vida

Power Paola, la historietista que dibuja su vida

Con sus cómics autobiográficos logró llamar la atención de editoriales independientes y de lectores.

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14 de mayo 2014 , 10:57 a.m.

Todo comienza con una pareja haciendo el amor. Sigue con un escupitajo en la barriga hinchada de una señora y una visita a un consultorio médico en Quito (Ecuador). Era imposible que estuviera embarazada, pues hacía más de un año se había ligado las trompas para no tener más hijas. “Esto debe ser un virus tropical”, le dijo uno de los doctores. Otro le dijo que era un “virus ecuatorial”, y así continuaron las razones, cada una más absurda que la otra: “Está poseída por haberse casado con un sacerdote”; “vaya donde un brujo que eso es mal de ojo”.

Es el inicio de Virus Tropical, la primera novela gráfica de la historietista Power Paola, una historia autobiográfica dividida en tres tomos, que comienza con su concepción y termina cuando se va de su casa a “vivir la vida”. Sí, lo de la ligadura de las trompas de su mamá es verdad y Paola es hija de un cura que abandonó el sacerdocio.

Primer tomo de Virus Tropical.Primer tomo de Virus Tropical.

Esta historieta ha sido publicada en Colombia, Argentina, España, Chile y Francia. Además ganó la convocatoria de producción de largometrajes de animación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico Colombiano, y se espera que a principios del 2016 esté lista la película en 3D.

Lograr esto con una historieta no es baladí. Todavía hay quienes relacionan el cómic solo con superhéroes o con dibujos para niños. Virus Tropical es cruel, es cómico, pero no es una comedia; es la vida de una persona contada en forma gráfica, que llama la atención porque muchos pueden identificarse con ella. Hay crisis familiares, están la dura vida en el colegio, los hermanos, los amigos, la religión, los novios, el sexo, el dinero, las drogas, el amor y el desamor.

Santiago Caicedo, director de la película Virus Tropical, describe los dibujos de Power Paola: “Su estilo es primitivista y sin ninguna pretensión, lo cual lo hace muy crudo y directo. Las proporciones y la composición pasan a un segundo plano y lo que está dibujado, las situaciones y los personajes, toman mucha importancia”.

***

Pocos conocen su nombre real. Sin embargo, cada vez que envía un correo electrónico, estos la delatan. Paola Andrea Gaviria Silguero, nacida por error en 1977 en Quito (Ecuador), se fue a vivir a Cali cuando tenía 13 años y allá comenzó a estudiar expresión artística. Luego estudió bellas artes en Medellín.
Su relación con el dibujo comenzó hace 27 años. En 1986, cuando el papa Juan Pablo II vino a América Latina, su papá, Uriel, le contó de un concurso de dibujo de una revista para niños, para conocer al Santo Padre. Y un día su padre llegó con buenas noticias.

—Paola Coca Cola, ¿adivina qué?
—¿Si, papito?
—Te ganaste el concurso de dibujo y vas a conocer al papa.

El día que llegó el papa, Paola tenía un vestido rosado mandado a hacer especialmente por su mamá para la ocasión. Mientras esperaba en el aeropuerto, los militares salieron corriendo y le pasaron por encima. Fue un caos y no pudo entregarle su dibujo a Juan Pablo II. También por ese tiempo su padre decidió irse de la casa.
Años después, una Paola con el pelo corto y negro, con algunas canas y un peinado bastante favorecedor, y un piercing en la aleta nasal derecha, recuerda esta historia mientras está en un café al norte de Bogotá y va por su segunda taza de agua caliente. Luego, en referencia a su nombre completo, dice: “Es una vergüenza. He tratado de quitarlo del correo y no he podido”.

La Paola con nombre compuesto y dos apellidos parece no existir. Todas sus historietas las firma como Power Paola. El origen de este seudónimo tiene lugar en el 2004 en París (Francia). Había ganado una residencia artística y su único lazo con la capital francesa era su novio francés. A la semana lo vio besando a otra chica. Desubicada, dolida, triste y llorando, tomó el metro.

Un hombre africano se le acercó y le preguntó “Comment vous vous appelez? (¿Cómo te llamas?)”; ella respondió: “Paola”. “¿Power?”, preguntó el hombre de nuevo. “Non; je m’appelle Paola (No; yo me llamo Paola)”, y tomó el tiquete del metro y se lo escribió. El hombre insistió y puso “Power”.

“Me aproveché de ese nuevo nombre para disfrutar esa ciudad sola. Compré unos patines, anduve en ellos y me dediqué a dibujar. Con ese nombre me inventé una Paola valiente, una que podía con todo”, cuenta.

Desde ese entonces no ha parado de viajar y de vivir en otros países y ciudades. Ella, como dice su biografía en Twitter, es nómada y dibujante. Ha pasado por París, Bogotá, El Salvador, Sídney y ahora vive en Buenos Aires, una ciudad en la que hace todo en bicicleta, hasta irse de fiesta. Pero fue en Australia donde comenzó a tomar el dibujo como una forma de vida, pero también como un escape de una crisis emocional. Mientras vivía en Sídney, junto al que era su esposo, Enrique –al que le dice ‘Quique’–, pensó que nunca iba a poder sobrevivir como artista y que se iba a quedar haciendo ensaladas y sándwichs y trapeando los pisos de una cocina. “Comencé a hacer historietas burlándome de mí, porque yo trabajaba medio tiempo, pero no era nada grave; el otro medio me ponía a dibujar, y lo que ganaba en la cocina me alcanzaba para comprar los materiales”.

Sus primeros dibujos eran sobre ella hablando un inglés pésimo y de su compañera de cocina, una mujer que lo único que hacía era trabajar ahí y el otro medio tiempo se la pasaba borracha. “Al otro día me contaba cuántas botellas se había tomado y cuántas drogas se había metido. Mi jefe era ‘cagado’ de la risa, y a mí me parecía que ellos desperdiciaban su vida, pero al mismo tiempo me preguntaba: ‘La están pasando ‘rebién’, ¿por qué yo no puedo gozarme la vida que tengo?’”.

Para Power Paola, que suele anteponer ‘re’ a algunas palabras –‘relindo’, ‘rediferente’–, era ‘rechévere’ poder dedicarse a dibujar, así que comenzó a levantarse más temprano y a aprovechar más el tiempo. Con los ahorros de la cocina, ella y Enrique se fueron a vivir a Buenos Aires, donde publicó sus historietas en un blog y recibió buenos comentarios. Incluso la invitaron a un espacio virtual llamado Historietas Reales, en el que se comprometió a entregar un cómic semanal.

Esto le dio disciplina y comenzó a pensar en hacer la novela Virus Tropical. Y contó con suerte. Nada más ni nada menos que Liniers, uno de los historietistas más conocidos de Argentina, le dijo que quería publicar su libro. Pero además, Andrés Fresneda y Juan Pablo Fajardo, creadores del sello editorial independiente La Silueta, en Colombia, creyeron en ella, y cuando apenas tenía la primera parte de la novela, decidieron apostarle a un proyecto a largo plazo y, a medida que Paola terminaba una historia, iban publicando un libro. Los tres tomos de Virus Tropical tardaron dos años y medio en estar listos.

“Nosotros queremos hacer libros y ella quiere dibujar –dice Fresneda–. Paola es puro amor y generosidad, y eso lo transmite en su forma de dibujar y su forma de estar en el mundo. Sus dibujos tienen muchos detalles y mucha minuciosidad”.

Estos editores también publicaron su más reciente novela, qp, que fue lanzada en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá. Cuenta la historia de su relación con ‘Quique’. Sus viajes, sus charlas, su vida con y sin dinero, y va hasta que cada uno decide tomar su camino por separado. La q de Quique y la p de Paola forman dos cabezas que van para lados opuestos, dos cabezas que se separan sin drama y entienden que las relaciones duran hasta cuando tienen que durar.

qp nos hace reír y nos pone a pensar sobre la vida en pareja y esas preguntas que se hacen los casados: “¿qué hacemos hoy?”, “¿a dónde vamos?”, “¿tenemos hijos?”. La última pregunta se resuelve de manera curiosa en el libro. Power Paola soñó que estaba embarazada, pero ni ella ni su pareja querían tener hijos. Finalmente pare un par de niños que terminan siendo sus padres, que aparecen dibujados en una cama, en la mitad de Power Paola y Quique.
Adriana Berrío, dibujante y amiga, dice que “sus dibujos tienen una magia especial, todo tiene un ritmo y un diálogo. Ella todo el tiempo dibuja y todo lo que vive lo convierte en dibujo”.

***

Su miedo, ese que tenía cuando trabajaba en una cocina, no se convirtió en realidad. Desde hace tres años vive de sus dibujos, aunque esto tiene un precio. Sabe que para vivir del dibujo no puede descansar, tiene que dibujar, dibujar y dibujar. Va a todos lados con un cuaderno y una cartuchera llena de rapidógrafos y tintas.

Hace poco leyó Diario de Invierno, de Paul Auster. “Él dice que hay un momento en tu vida en el que te comienza a pasar todo lo que nunca pensabas que te iba a pasar. Cada día me doy cuenta de que no tengo ni idea para dónde va esto y que la vida está buenísima, y que está genial que sea así”. Mientras tanto seguirá siendo la mujer generosa que comparte su vida (y sus sueños) a través de sus dibujos y genera un cúmulo de emociones en sus lectores. Ese es su power.

SERGIO CAMACHO IANNINI

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