Lula y Partido de Trabajadores respaldan reelección de Dilma Rousseff

Lula y Partido de Trabajadores respaldan reelección de Dilma Rousseff

Según las encuestas la presidenta sería reelegida en octubre, pero los márgenes se van estrechando.

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05 de mayo 2014 , 03:44 p.m.

"Un, dos, tres, Dilma otra vez" cantaban el fin de semana los militantes del Partido de los Trabajadores (PT) durante el 14º Encuentro del partido gobernante en Brasil desde hace doce años.

Era un estribillo que contrarrestaba otro coro, menos explícito pero más inquietante, que se ha venido escuchando en los pasillos políticos en las últimas semanas en Brasil: el "Volta Lula" (Vuelve Lula), un movimiento informal de acólitos del expresidente dentro del partido pero sobre todo de aliados de la coalición que gobierna Dilma desencantados con la líder, en franca caída en las intenciones de voto pero aún ganadora.

La escena del coro inicial sucedió en el auditorio de Anhembi, en Sao Paulo, cuando el PT decidió cortar de raíz el creciente rumor sobre una hipotética candidatura de Lula a las elecciones presidenciales de octubre.

Y lo hizo a la manera clásica, formalizando la candidatura de Rousseff, y con liturgia petista: presidenta y expresidente juntos, Lula con camiseta roja con la estrella del partido serigrafiada, levantándole el brazo a Dilma, también de rojo, pero en traje chaqueta. "Nadie me va a separar de Lula ni él se va a separar de mí", dijo antes del evento la propia presidenta.

Y así fue: el exmandatario mostró firmeza en su lealtad, aunque su sombra parece demasiado alargada para ser borrada. Resuelta la novela interna, la felicidad tampoco es plena sin embargo para la flamante candidata: si hubo coro es porque hacía falta sacar a los correligionarios de las sensaciones negativas provocadas por una espiral de datos nada halagüeños para el PT de Rousseff.

Según las encuestas, Dilma sería vencedora en octubre, pero los márgenes con los otros oponentes se van estrechando: tiene un punto menos que hace un mes y siete menos que desde principio de año. Ahora mismo, según el instituto Sensus, Rousseff lograría un 35% de los votos frente al 23 de Aécio Neves,del PSDB y el 11% de Eduardo Campos.

Según Datafolha, una encuestadora más prestigiosa, a principios de abril la diferencia se elevaba a 38-18-10, pero lo preocupante para el gobierno es que la oposición todavía no ha sacado la maquinaria electoral de los meses de campaña real, donde en Brasil muchas veces se llegan a invertir tendencias en función del más amplio conocimiento de los candidatos y de la coyuntura, que no ayuda al oficialismo.

Una inflación del 6%, un escándalo de corrupción en la petrolera estatal, Petrobras, protestas de diverso calado y procedencia y el bajo desempeño de la economía, que sigue creciendo a niveles muy inferiores a los años del lulismo -y con una rebaja en la previsión de medio punto, hasta el 1,8%, por parte del FMI para este año- son factores de peso que influyen en el votante urbano de clase media y media-alta.

Como ya se ha revelado en encuestas, los más ricos ya apoyan más a Neves que a Rousseff, que sin embargo cuenta con el apoyo del pobladísimo y humilde nordeste, vivero de votos del PT. Coincidiendo con el 1º de Mayo, Dilma anunció reajustes al alza de diversos planes sociales y subsidios, lo que indudablemente la apuntalará entre una mayoría trabajadora.

Pero los medios de comunicación están rebotando las críticas de la oposición por la marcha de la economía y la corrupción. Quizás por ello en el encuentro del PT criticaron a los medios por hacerle el juego a la oposición, que aún no sabe si irá en conjunto en una eventual segunda vuelta o seguirán haciendo el juego por su cuenta.

Y entretanto, Brasil se prepara para el Mundial de junio en un momento en el que los mercados hacen un repunte en sus flacos números de los últimos meses y la moneda cotiza al alza frente al dólar por primera vez en varios trimestres. Merval Pereira, columnista político de O Globo, apunta que "el mercado agradece cuando cae la popularidad de la presidenta" al revés de lo que sucedía cuando Lula era postulado como ganador, allá por 2002.

Eran otros tiempos, la bonanza del Brasil meteórico de la primera década del siglo comenzaba y Lula era bastante más que una sombra sobre su alumna más aventajada. Tienen seis meses para revertir la tendencia a la baja y superar los escollos de una candidatura que ya ha nacido entre turbulencias.

ARTURO LEZCANO

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