'Me interesa la voz de los que callan': Nell Leyshon

'Me interesa la voz de los que callan': Nell Leyshon

La británica presentará este jueves en la Feria la novela 'Del color de la leche'.

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30 de abril 2014 , 07:57 p.m.

La escritora inglesa Nell Leyshon empezó tarde su carrera, pero cuando lo hizo fue contundente. Tras dar a luz a su primer hijo entendió que el camino a la felicidad depende de nuestros sueños y metas. Por ello decidió estudiar literatura cuando las campanas del cuarto piso retumbaban en el camino de la vida. Con Black Dirt (2004), su primera novela, fue candidata al Orange Prize en la categoría de ficción.

Ese mismo año obtuvo excelentes comentarios por parte del jurado del Commonwealth Book Prize, galardón que destaca la labor de escritores de los 53 países que conforman la mancomunidad británica. Con el poder de la escritura en sus manos, la vida se encargó de llenarla de satisfacciones. Incursionó en creación de textos para radio y teatro y los resultados llegaron en 2010 cuando el reconocido Shakespeare’s Globe de Londres produjo Bedlam, primera obra escrita por una mujer en ser representada en un espacio históricamente manejado por hombres.

La novela corta Del color de la leche (Editorial Sexto Piso) conquista de entrada por la experimentación y sencillez del lenguaje. Un texto sólido y trasgresor desde la forma y la estructura, que sostiene su historia gracias a la tenacidad y verosimilitud de sus personajes. Y el tema que nos plantea, tan vigente en una sociedad que rara vez acepta su inverosímil y notorio machismo.

La historia se sitúa en la Inglaterra rural de 1831, cuando el acceso a la educación para las mujeres estaba ligado a la clase social. “Y si pudiera detener el tiempo, eso es lo que haría y me quedaría en aquel momento para toda mi vida y para siempre. Pero un momento no puede durar para siempre”. Es la voz de Mary, la protagonista del libro, quien a sus quince años tiene el pelo del color de la leche.

¿Qué papel juega la influencia del teatro en sus novelas?

Es determinante porque mantiene viva la acción y el drama. Yo empecé a escribir obras de teatro a los 40 años. En medio del proceso descubrí la importancia de los diálogos a la continuidad de la historia. Del color de la leche fue concebido inicialmente como una obra de teatro inspirada en una Biblia de 1602. Pero en la medida en que el libro fue madurando, decidí dejar el diálogo como el motor que acompaña el desarrollo de la historia de una mujer que aprendía a leer gracias a la Biblia. En todo caso de haberse mantenido como una obra de teatro, el libro hubiese sido muy diferente porque una cosa es escribir para teatro y otra, una novela. Se pueden adaptar elementos y hacerlos que convivan armónicamente.

Hay otro aspecto muy interesante en su libro y es que usted quiso darle voz a aquellos que no la tienen. ¿Cuál es la intención?

Hay una fascinación personal por las personas marginadas, que no tienen voz, con las que realizo trabajo social. Hablo de gitanos, drogadictos, indigentes. Si me encuentro en una reunión con gente poderosa, no me interesa escucharla, ya sé cuál es su discurso. Pero aquellos que no tienen voz son más interesantes porque están menospreciados. Es la voz de los que callan la que más me interesa. No juzgan sin tener por qué hacerlo, pero cuando lo hacen, es por convicción. Y en el libro justamente le doy voz a una mujer que no se imaginaba que pudiese tener una a través de la palabra escrita. Es una voz que necesita y merece ser escuchada.

¿Se vale de metáforas para decir aquello que pueda generar algo de incomodidad en sus lectores?

El libro tiene muchas metáforas elementales, y la leche, por ejemplo, es un fluido que sin él no hay nada. El color de la leche es un mensaje de inocencia y experiencia. Es importante anotar que cuando escribo no estoy pensando si determinadas palabras cumplirán la función de trasmitir ciertos mensaje. Es algo instintivo, no trato de analizar lo que escribo pues es un ejercicio de autoconciencia que me permite encontrar los elementos adecuados para tener asociaciones simbólicas.

Si bien una Biblia del siglo XVII inspiró la historia, la religión no sale muy bien librada en su libro…

Así es, la religión está muy conectada con el libro desde su concepción y cómo la religión oprime a determinadas personas. Por ejemplo, el papel del vicario es clave porque no se muestra su rol en blanco y negro, sino a una persona llena de grises como somos los seres humanos, incluso aquellos que hacen parte de la Iglesia. Y eso es lo que el lector activo podrá constatar al leer Del color de la leche.

Usted se inició tarde en la escritura. ¿Cómo adaptó las influencias de sus lecturas en su obra?

Es muy complicado responder esto. Leo mucho, leo de todo y determinar algo en específico es muy complicado. Lo que sí puedo decirte es que siempre me interesó mucho la estructura de las obras. Antes de estudiar literatura, cada vez que leía un libro pensaba en la manera cómo los escritores presentaban sus historias, el orden de los contenidos, cómo iban apareciendo los personajes, sus voces, entre otros.

Esto sería en cuanto a la forma, pero en lo que se refiera al fondo, ¿qué la inspira?

Para responder tu pregunta y relacionándola con mi obra, no me gustan los libros largos, detallados, llenos de palabras, que me cuentan todo y no me dejan espacio como lector. Me gusta ser una lectora activa que piensa y encuentra aspectos que otros no ven y eso es algo que he tratado de dejar claro en mis escritos. Por ejemplo, hay gente que adora a Charles Dickens justamente porque es un escritor que entrega todo. En mi caso no lo veo muy interesante. Por eso encontrarás que en mis libros trato de darle un papel activo al lector, que se pregunten, como yo lo he hecho, cuál es su papel frente a una obra.

¿Se puede aprender a escribir o es un talento innato?

En este momento hay un debate muy intenso al respecto. Hace un par de semanas, Hanif Kureishi, profesor que enseña escritura creativa en el Reino Unido, le dijo al diario The Guardian que no se puede enseñar a escribir, en parte por el nivel mostrado por sus estudiantes en dichos cursos. Pensar en lo que me preguntas es fascinante porque creo que la escritura es una habilidad que se puede explotar. Si revisamos la historia de la escritura y cómo la gente empezó a escribir y lo que es, veremos que está llena de autodidactas. Para mí es una manera de expresar nuestros sentimientos. Y revisando con mayor profundidad el tema, encontráremos que más que profesores hubo mentores y gente que inspiraba con su trabajo. Pienso que aprender a escribir se basa en lo que yo llamo la práctica. Por eso, siempre motivo a las personas a las que trato de enseñarles a escribir que lo hagan todos los días.

¿Será que los estudiantes que pasan años en carreras o maestrías literarias están perdiendo su tiempo?

Es importante que los estudiantes entiendan que llegar a ser un escritor va más allá de tomar unos cursos de pregrado y maestrías. Necesitas más tiempo que dos años para perfeccionar ciertos hábitos que suelen cambiar. No creo que la escritura se pueda enseñar. Puedo usar algunos métodos o trucos para que las habilidades que poseen se puedan mejorar o perfeccionar, haciendo un seguimiento de su proceso. El tema es que quien desee ser escritor, debe tener también disciplina y eso es algo que tampoco se puede enseñar.

Entonces, ¿hay que dejar que el talentoso fluya por su cuenta y acompañar muy de cerca al apasionado por la escritura?

En estos procesos de formación, más que entusiasmarse con personas que tienen mucho talento, es más atractivo seguir el desarrollo de quienes no pueden parar de escribir, porque han entendido que ese es el secreto para mejorar cada día. El talentoso puede que entre en una zona de confort que no es del todo sana.

A pesar de su importancia, la generación de hoy no están leyendo mucho. ¿Qué les diría usted?

Es importante recalcar que la lectura es un hábito que está acorde a las pasiones y gustos de las personas. En la medida en que más lees, más vas a querer escribir. Puedo obtener de buenas historias insumos para desarrollar una adecuada escritura. Los libros te introducen en un mundo de posibilidades y te permiten contextualizar.

¿Qué libro tiene en su mesa de noche en este momento?

Justamente acabo de terminar Wolf Hall, de Hilary Mantel. Ella es una escritora extraordinaria que puede sintetizarnos una historia de una manera brillante.

¿Qué tan cercana ha sido a la literatura latinoamericana?

En mis veintes leí a Isabel Allende, García Márquez, Vargas Llosa, uno de los escritores que más admiro. Siempre me asombró de su escritura la cantidad de recursos que explora.

La muerte de un gran escritor causa gran impacto, pero también es un momento para redescubrirlo. Acaba de irse nuestro nobel Gabriel García Márquez…

Sí, la muerte de un escritor reconocido no deja ser algo extraño, pues se va alguien a quien admiramos. Y creo que es el momento para que generaciones jóvenes decidan meterse en el mundo de estos grandes y comprender por qué fueron tan laureados. En el caso de García Márquez me impactó mucho su muerte, hace mucho tiempo no lo leo, espero leerlo de nuevo porque seguramente sentiré la misma emoción que hace 30 años. Su narrativa era fascinante.

JACOBO CELNIK
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

 

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