Una flor amarilla para García Márquez

Una flor amarilla para García Márquez

notitle
21 de abril 2014 , 04:37 p.m.

Mauricio Babilonia es el hombre que invade a Macondo de mariposas amarillas. Sucede después de que Meme, la nieta de Úrsula Iguarán, hija de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio, se enamora de este hombre que quedó incapacitado como consecuencia de un disparo que recibió una noche en que pretendía entrar en el baño de la casa. Las primeras mariposas amarillas aparecen el día en que Fernanda del Carpio abre la puerta de la casa, después de que él tocó para preguntar por Meme. El revoloteo de los animales la asusta. Todas las noches, después de que Mauricio Babilonia hace el amor, en el baño, con Meme, las mariposas amarillas llenan los rincones de la casa.

¿Por qué esa presencia de mariposas amarillas en la obra cumbre de García Márquez? Hay una respuesta a esta pregunta: el color amarillo identificó la existencia del autor de ‘Cien años de soledad’. Durante los 18 meses en que el escritor estuvo encerrado en el estudio de su casa en el sector de Las Lomas, en Ciudad de México, dando a luz este libro maravilloso, Mercedes Barcha se preocupó por que nunca le faltara sobre el escritorio un ramo de rosas amarillas. Ese ramo que todas las mañanas la esposa cambiaba para que permanecieran frescas fue fuente de frescura en la inspiración del novelista. Lo que uno se pregunta es si para entonces Mercedes ya sabía algo sobre las mariposas amarillas que llenaban los espacios donde Mauricio Babilonia hacía presencia.

La rosa amarilla que un extraño hombre con apariencia de príncipe, que llega a Macondo montado sobre un hermoso caballo, le entrega a Remedios la bella, cuando se interpone a su paso al final de la misa que el padre Antonio Isabel había oficiado un domingo, confirma la admiración de Gabriel García Márquez por el color amarillo. Esa rosa hizo el milagro de que Remedios la bella se descubriera ese rostro angelical que Úrsula Iguarán quiso esconder bajo un velo para no despertar sentimientos en los jóvenes de Macondo. No en vano, en el homenaje que le rindió la Real Academia Española de la Lengua en Cartagena para celebrar sus 80 años de vida, miles de papelitos amarillos llenaron el recinto, ante el asombro de la multitud que ovacionaba al escritor.

Cuando cumplió 87 años de edad, García Márquez apareció ante los reporteros, en la puerta de su casa, luciendo una flor amarilla en la solapa de su saco. Debió de haber sido colocada allí por Mercedes como augurio de que se encontraba rebosante de salud, como se le advertía en la sonrisa que regaló a quienes ese día le cantaron en coro ‘Las mañanitas’. Tal vez la esposa recordó en ese momento el detalle que tuvo en el acto solemne de entrega del Premio Nobel en Estocolmo, cuando puso en la solapa de los sacos de sus amigos una rosa igual. Cuando en ‘Cien años de soledad’ muere José Arcadio Buendía, sobre Macondo cae una llovizna de minúsculas flores amarillas. Las calles quedan tapizadas de ese color, y para que el entierro pueda pasar tienen que despejarlas con palas.

Una amena crónica publicada en este diario el 26 de mayo del 2013 narra la historia de una ciudadana polaca que todas las tardes, después de las cinco, aprovechando unas vacaciones del nobel en Cartagena, se ubica frente a su residencia para hacerle llegar con sus empleados un ramo de rosas amarillas. Lo que le llama la atención a Mercedes, la esposa del escritor, es que esa misma mujer se ubicó durante varios días a la entrada de su casa en El Pedregal, en Ciudad de México, con flores amarillas en sus manos. ¿Qué pretendía la desconocida? Nadie lo supo. Podría suponerse que esa mujer tenía una fascinación especial por el creador de ese mundo mítico de Macondo, donde Mauricio Babilonia pasó a la historia como simple ladrón de gallinas.

¿Fue el color amarillo una manifestación de superstición en Gabriel García Márquez? ¿Fue acaso su amuleto de la suerte? El escritor dijo alguna vez: “Mientras haya flores amarillas nada malo podrá ocurrirme”. Las mariposas amarillas que acompañaban a Mauricio Babilonia casi causan estragos en personajes de ‘Cien años de soledad’. Fernanda del Carpio sintió una extraña sensación una mañana en que, estando en el patio donde Remedios la bella ascendió al cielo, al ver tantas mariposas amarillas aleteando a su alrededor pensó que en su hija Meme se iba a repetir el milagro de la ascensión. Esas rosas amarillas que llenaron la funeraria donde permaneció el cuerpo sin vida de García Márquez fueron testimonio de que ese color marcó su vida de creador de belleza.

José Miguel Alzate

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.