Gabo fue una luz sobre América Latina

Gabo fue una luz sobre América Latina

El 21 de octubre de 1982, el hijo del telegrafista de Aracataca ganó el Premio Nobel de Literatura.

17 de abril 2014 , 09:55 p.m.

El día en que Colombia amaneció con el Nobel, el mundo miró hacia América Latina y su realidad desmedida. Gabriel García Márquez, elegido por votación unánime de los 18 miembros de la Academia Sueca de las Letras, representaba a la novela latinoamericana y a la problemática que esta reflejaba. (Vea el especial: Macondo está de luto)

Así lo entendió Gabo, que, en el asedio de la prensa, antes que hablar de literatura, hacía llamados urgentes para evitar una guerra en Centroamérica y afirmaba que el premio importaba “en la medida que aumenta nuestra posibilidad de influir a favor de los derechos humanos en América Latina”.

Gabo desarrolló ese llamado en el inolvidable discurso de aceptación del Nobel, ‘La soledad de América Latina’, leído el 8 de diciembre –dos días antes de la ceremonia– de ese año en Estocolmo. “Esperaban que hablara solo de flores, sin mirar las miserias”, recordó Guillermo Angulo en su recuento de ese día.

Un gran discurso

Gabo sorprendió con un texto que comenzó con tono de realismo mágico y terminó por tocar las llagas de realidades dolorosas, que quizás en otros contextos sonarán a hipérboles. Señaló que esas “noticias fantasmales” que llegaban al resto del mundo desde nuestro continente –el exilio, las guerras, los excesos de dictadores dementes, las matanzas: cinco guerras, 17 golpes de Estado, 20 millones de niños latinoamericanos que mueren antes de cumplir dos años– eran parte de su narrativa.

“Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no solo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras –leyó el Nobel–. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte”. (Lea también: Gabriel García Márquez: un colombiano inmortal)

Así, en una ocasión en que otros galardonados repasaban su experiencia en las letras, sus influencias literarias o sus pasos en el oficio de escribir, el Nobel hizo un llamado a Europa a mirar a América Latina a la luz de su propio pasado: “Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

Poco antes de leerlo en público, en la habitación del Grand Hotel de Estocolmo, García Márquez le había anticipado el texto a su amigo Alfonso Fuenmayor, quien admitió haber pasado de la risa a la preocupación al leer: “América no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia se conviertan en una aspiración occidental”.

Fuenmayor recordaría que había entendido así la posición política del Nobel de Literatura de 1982 y al oírlo, Gabo solo le había dicho: “Lo que acabas de leer no es ni más ni menos que ‘Cien años de soledad’ ”.

Antes de Gabo, el Nobel de Literatura había sido otorgado a los latinoamericanos Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias. Posteriormente, lo recibirían el mexicano Octavio Paz y el peruano Mario Vargas Llosa.

Su elección en 1982, no fue sorpresiva. “El premio fue abrumador e inevitable –recuerda el poeta Juan Gustavo Cobo Borda–. Fue un Nobel anunciado. Después del galardón de Pablo Neruda (1971) hubo toda una campaña a favor de Gabo. Cumplía los requisitos: era un escritor popular, con calidad literaria, de izquierda, antiimperialista, con simpatías en todos los países y una copiosa estadística de traducciones de sus obras”. Además, el éxito de ‘Cien años de Soledad’, en 1967, no había paralizado su producción literaria, porque el Nobel no premia a autores de una obra, sino escritores de gran trayectoria. (Lea: El mundo se volcó a despedir a Gabo con amor)

“El Nobel de Gabo fue un reconocimiento indirecto al fenómeno literario de la novela latinoamericana –agrega Cobo–, que tuvo su esplendor en las décadas de los 60 y 70, de la que fueron exponentes autores como Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, entre otros”.

Así fue el día del Nobel

El Nobel de Literatura siempre se anuncia un jueves. Y el 21 de octubre de 1982, Colombia recibió la noticia de que García Márquez acababa de obtener el galardón.

La crónica de entonces dice que el primer colombiano en hablar con el primer Nobel criollo fue el entonces presidente, Belisario Betancur. Y Gabo fue quien felicitó al mandatario: “Te felicito porque ya Colombia tiene un Premio Nobel...”. El diálogo también tuvo algo de novela: “Su patria lo espera”, dijo Belisario. “Dentro de poco estaré en nuestra patria”, respondió el escritor. Siguieron los discursos. No hubo ministro, artista o intelectual que no conviniera en que era un premio para todos los colombianos. Latinoamérica también se sintió ganadora. El calificativo de colombiano universal, puesto al hijo del telegrafista, nacido en Aracataca, resonó más que nunca en ese y en los días que siguieron.

Otros candidatos al Nobel como Arturo Uslar Pietri y Jorge Luis Borges se declararon complacidos: “Es muy satisfactorio que se otorgue el premio a un latinoamericano –dijo Uslar Pietri–, García Márquez tiene una obra de primer orden, es uno de los novelistas más importantes del mundo”. Por su parte, Borges, desde su casa en Buenos Aires, calificó el galardón como un notable acierto y un premio justo. Sus padres, Gabriel Eligio García y Luisa Márquez, fueron blanco del acoso periodístico. La madre aún se quejaba de los dolores de cabeza causados por la publicación de ‘Crónica de una muerte anunciada’. El padre advertía, vía medios de comunicación, que Gabo no escribiría la historia de la familia porque esa la escribiría él. “Puedo advertirle que yo, en cuanto a la época en que yo me levanté y que principié a escribir –decía el padre–, escribía mejor que García Márquez porque entonces era la literatura romántica que tanto gustaba a las muchachas, sobre todo a las muchachas casaderas, con quienes yo tenía mucha amistad”.

La soledad de América Latina

Extractos del discurso de Gabo en el Nobel

“El desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.

“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

“Creo que los europeos de espíritu clarificador (...) podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”.

“Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada”.

“... Todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Redactora de EL TIEMPO

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.