'La paz nos necesita a todos sin excepción', dice la Iglesia

'La paz nos necesita a todos sin excepción', dice la Iglesia

Siete obispos adelantan sus reflexiones en el Sermón de las siete palabras en la liturgia de mañana.

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16 de abril 2014 , 07:42 p.m.

Al ser interpretadas a la luz de la vida nacional, las últimas frases que dijo Cristo antes de morir en la cruz, y que se conocen como el Sermón de las siete palabras, invitan al perdón, a la búsqueda de la paz, a que la gente se libere de odios y se reconcilie, a que se mantenga el respeto por la vida de los que están por nacer y a ser solidarios con el prójimo.

Este ejercicio, que en Colombia realizan cada año obispos, arzobispos y el cardenal, se enfoca en esta ocasión en un mensaje de optimismo en torno a la consecución de la paz, tras más de cincuenta años de conflicto interno y miles de muertes.

El propio cardenal Rubén Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de EL TIEMPO, llamó esta semana a los colombianos a no mantener “una sociedad en conflicto permanente”. “Debemos tener un marco de convivencia que nos permita a todos el acceso a nuestros derechos y poder cumplir en paz nuestros deberes”, dijo.

Los jerarcas nos invitan también a consumar un proyecto social justo, que acabe con la desigualdad y a sacar del olvido a regiones como el litoral Pacífico, que atraviesa una realidad empañada de sangre y exclusión.

EL TIEMPO publica las reflexiones de siete obispos sobre el sermón que el Viernes Santo convoca a los fieles católicos.

Pirmera palabra

'Padre perdónalos porque no saben lo que hacen'

Monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali.

“Que la primera palabra de este Viernes Santo sea la que ocupe el primer lugar en el corazón y los labios de todos: perdón. Necesitamos decirla en la profundidad del alma; pronunciarla en el hogar mirando a los ojos de los nuestros y en la calle superando la indiferencia de los vecinos; proclamarla desde cada agrupación, entidad, empresa, partido político, iglesia o credo, institución del Estado.

“Más aún, propongamos un día nacional del perdón, que le haga eco al Viernes Santo y a la Pascua, pensando en que alguna vez se convierta en nuestro día nacional de acción de gracias.

“Que el desarme ciudadano como norma legal y propósito coherente del proceso de paz enmarque la ruta de la reconciliación y ponga freno a la degradante situación de homicidios y exterminio poblacional que se vive en muchos ámbitos.

“La paz nos necesita a todos sin excepción, pero solo entraremos en ella cuando nos decidamos a hacer la autocrítica y a plantearla dentro de todo tipo de agrupación humana e institucional.

“Orar, amar, interceder por los que nos han hecho el mal, buscar el perdón de Dios, como respuesta a una sociedad sin solvencia moral, en la que todos sumamos errores y pecados sin reconocerlos ni arrepentirnos, es el marco espiritual que los creyentes podemos ofrecer a Colombia”.

Segunda palabra

'En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso'

Monseñor Óscar Urbina, arzobispo de Villavicencio.

“Ante Jesús, dos crucificados se juegan su destino, su aceptación o su rechazo. Cristo sigue ofreciendo salvación, misericordia, amor, cercanía, perdón. Uno de los malhechores lo recibirá y será capaz de comprender su existencia a los pies de Jesús. El otro se desespera y se arranca de los demás y muere en su profunda soledad.

“El interrogante sigue abierto y nos provoca a todos, incluso a los creyentes, que el mundo cada vez más presenta los signos del mal, la falsedad, la injusticia, la sangre; de la violación al derecho a la vida en los asesinatos, a la libertad en los secuestros, a la tierra en los que han sido despojados. “Si Cristo es el salvador, ¿por qué tanta inequidad? Surge entonces una gran paradoja que nos enseña el otro crucificado. Él apuesta por la victoria, se aparta de la burla de su compañero.

“El malhechor reconoce su pecado, aceptando la pena que es justa. Cuánta falta hace hoy reconocer que somos pecadores. Este es un paso fundamental si queremos volver a Dios.

“Reconciliados en el corazón, con nosotros y con Dios, seremos reconciliadores en esta Colombia que muere por la guerra, que se desangra en la injusticia, que guarda rencor, que busca venganza. “Solo el perdón y la reconciliación harán de nuestra tierra un escenario de fraternidad, de amor y de paz”.

Tercera palabra

‘Mujer, he ahí tu hijo’

Monseñor Froilán Casas, obispo de Neiva.

“La madre es la única criatura que da la vida por sus hijos. Ella es el centro del hogar. Cómo nos duele que haya madres desnaturalizadas, que tienen el atrevimiento de matar a sus hijos en su vientre.

“Como ministro de Cristo afirmo con claridad que matar una vida humana es un pecado grave, porque nadie es dueño de la vida sino Dios. Que la maternidad de María se traduzca en la de todas las mujeres, para que en ellas crezcan la vida, el amor, el respeto, el cariño, y mañana tengamos una sociedad equilibrada y estable. “María, mujer fiel. Todos abandonan a Jesús menos María. Hoy, cuando la infidelidad resulta tan frecuente, qué ejemplo el de María. Cuántos hijos desagradecidos tiene hoy la madre Iglesia, no hay persona más vil que aquel que denigra de su madre.

“En estas épocas turbulentas, cuando muchos han abandonado a Cristo y a la Iglesia, María se nos presenta como prototipo de fidelidad y perseverancia. El amor en donde más se muestra es en el dolor”.

Cuarta palabra

´Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Monseñor Luis Alberto Parra, obispo de Mocoa-Sibundoy.

Al mirar la fe de nuestro pueblo, que camina entre el anhelo de la paz y las negociaciones que despiertan a veces falsas esperanzas de lo que es la verdadera paz, vemos campesinos desplazados, personas mutiladas en sus esperanzas, familias desunidas y pueblos destruidos. Gritamos: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’.

Llevamos el evangelio de Cristo a un pueblo sin acceso a la luz, porque se ha convertido en negocio. Estamos siendo manipulados por una sociedad egoísta y capitalista. Gritamos: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’.

Anhelamos una vida de paz en el campo y en la ciudad con justicia, transparencia, compromiso, lealtad, respeto por los derechos humanos. Pero lo que vemos es que hay injusticia, corrupción, mentira institucionalizada, deslealtad y mentira en las relaciones que nos están llevando a un abismo de podredumbre social, y gritamos: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’.

El anhelo de la vida y las falsas promesas de unas leyes que aparecen para dignificar a la persona, pero cuyo efecto vemos son de muerte, como la eutanasia, el aborto, los anticonceptivos y cualquier forma de manipular la vida humana. Gritamos: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’.

Observamos pueblos marginados y explotados que ven cómo sus riquezas naturales se las llevan y cambian por simples convenios que solo benefician a unos pocos, y que a los otros los perjudica: Gritamos: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’.

Estamos llenos de odios, rencores y resentimientos que nos llevan a la violencia. Hay tanta tristeza que los niños están deprimidos, crecen los suicidios. Dios, ¿dónde estás? Él no responde, porque le hemos tapado y amarrado su boca. Él siempre quiere hablarnos, pero su palabra de vida la hemos silenciado.

Quinta palabra

‘Tengo sed’

Monseñor Héctor Epalza, obispo de Buenaventura.

“La sed es uno de los tormentos y experiencias más duras que pueden padecerse. Sin agua, los seres vivos no pueden subsistir. Jesús agonizante, desde lo alto de la cruz, lanza un grito desde su experiencia de crucificado: ‘Tengo sed’. “El mundo actual siente sed de trascendencia, de eternidad, de valores proclamados y de valores vividos. Dios tiene sed de que este universo sea el escenario maravilloso donde crezca la gran familia humana. Tiene sed de que le aceptemos el desafío de vivir la fraternidad universal, en que se respete la vida humana desde su concepción natural, hasta su ocaso natural.

“Dios en Cristo manifiesta y clama por la sed de una vida digna, sin exclusiones odiosas y humillantes. Nos expresa su grito de sed ardiente de que la fuerza de amor solidario sea el nuevo estilo de una humanidad en la que impera un sistema donde los ricos son más ricos y los pobres, más pobres.

“Un ejemplo palpable y vergonzoso es el litoral Pacífico, como la región más olvidada y atrasada del país. El Pacífico quiere que se colme su sed en base a la inclusión social, a una solución a sus necesidades básicas insatisfechas, al respeto del territorio, de la identidad cultural y seguridad alimentaria.

“Cristo, en este Viernes Santo, expresa su sed de que en Colombia construyamos entre todos un mundo nuevo, en el que el amor, la justicia, el desarrollo integral, las oportunidades para los más pobres sean los elementos que nos abran las puertas de la convivencia pacífica, en que se acabe toda violencia y la paz sea fruto de la verdad, la justicia, el perdón y la reconciliación”.

Sexta palabra

'Todo está consumado'

Monseñor Ricardo Tobón, arzobispo de Medellín.

“Esta palabra es un llamamiento a que asumamos nuestra vida con alegría, esperanza, amor, y que nos comprometamos en lo que Dios nos ha confiado, en lo que la sociedad espera de nosotros. No estamos en el mundo para andar a la deriva, para vivir en la superficialidad, para repetir rutinariamente los mismos actos sin ninguna meta o finalidad.

“No hemos consumado el proyecto personal que somos ni la misión que se nos ha dado. No se ha consumado el proyecto social que se debe realizar en Colombia, en cada región y ciudad.

“No podemos decir que está consumada la solidaridad, porque aún hay tanto egoísmo. No está consumada la verdad porque nos engañamos de tantas maneras. No está consumada la libertad porque hay tantas formas de esclavitud. No está consumado el amor porque aún hay odio y violencia en el corazón. Es feliz la persona que muere como Jesús diciendo que ‘todo está consumado’. Si vemos que se va consumando la paz, no solo como la ausencia de guerra, sino como una nueva condición en la que podemos vivir en armonía, en un desarrollo integral y progresivo”.

Séptima palabra

'Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu'

Cardenal Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá.

“Esas fueron las últimas palabras de nuestro Señor en la cruz; expresan una total entrega al Padre. Después de vivir intensamente el dolor de la pasión, que llevó a Jesús a asumir todo el dolor de la humanidad y ofrecerlo al Padre, ahora él se entrega en los brazos del Padre, brazos de amor.

“Esta tiene que ser una de las actitudes para poder vivir como discípulos de Jesucristo. Tenemos que mantener a lo largo de nuestra existencia la actitud de entrega, de confianza, de donación.

“Qué bueno que en cada minuto nos entregáramos en las manos del Padre, para que reciba nuestra existencia con sus luchas, tristezas, amarguras, momentos de angustia, pero también de alegría, de paz y de gozo.

“Se trata de entregar lo que significa nuestra muerte. La muerte tiene que dejar de ser para nosotros algo que nos horroriza, que nos llena de miedo, para convertirse en algo que culmina toda una existencia de confianza, de la certeza de que Dios es nuestro padre y de que estamos en sus manos.

“Hagamos de nuestra vida una oblación, una entrega total. Vivamos cada minuto con serenidad, paz, alegría, para que cuando llegue el momento de la muerte podamos decir con el señor Jesucristo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’ ”.

Redacción Vida de hoy

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