Gobierno trazó límites para salvar al páramo de Santurbán

Gobierno trazó límites para salvar al páramo de Santurbán

Luz Helena Sarmiento revela que, solo en Santander, serán blindadas 44.000 hectáreas.

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29 de marzo 2014 , 09:43 p.m.

Un sistema de líneas fronterizas que define los límites de todas las zonas protegidas de los páramos del país y traza las áreas donde no se podrá desarrollar, en adelante, ningún tipo de actividad minera ni cultivos que usen productos químicos como fertilizantes y abonos, inaugura este lunes la ministra de Ambiente, Luz Helena Sarmiento, en el páramo de Santurbán, en Santander.

Las tres compañías extranjeras que allí operan –la brasileña AUX y las canadienses Eco Oro (antigua Greystar) y Leyhat– tendrán que irse o someterse a explotar el oro por fuera del área delimitada.

Sarmiento, ministra de Ambiente desde septiembre del año pasado, trabajó en el BID en Washington y se desempeñó con notable éxito como directora de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla).

“Mañana, en Santurbán, vamos a mostrar cómo queda la línea definitiva del páramo. Es la solución al típico conflicto entre lo ambiental y el desarrollo que debaten tanto el país y el mundo. Mañana acabamos con la incertidumbre”, adelanta.

¿Esa línea que define dónde se puede explotar y dónde no rige inmediatamente?

No. Si yo la adopto inmediatamente, todos los que quedan dentro de la línea del páramo estarían haciendo actividades ilegales. Tendrá plena aplicación dentro de unos tres meses. Pero termina ya la expectativa.

¿Qué es exactamente la línea?

Es un trazado para proteger el ecosistema, el páramo y los nacimientos de agua.

¿Qué extensión tiene el área que queda protegida?

Tiene 44.000 hectáreas solo Santander. Va a tener cuatro veces la extensión que tenía el parque, que era lo único protegido. La línea resultó de un análisis científico que hicimos las corporaciones autónomas de Santander y de Norte de Santander y el Ministerio, liderado por el Instituto Humboldt. Queda blindado el ecosistema del páramo, que es la típica máquina para hacer agua.

Se hizo un análisis biótico del tema y hasta dónde teníamos que llegar. Los primeros estudios que hizo el Ministerio ponían la línea casi hasta Bucaramanga; eso se revisó, se corrigió y delimitamos realmente lo que es el páramo.

¿Vetas, el pueblo minero por excelencia, quedó en el área protegida?

El casco urbano de Vetas quedó fuera del páramo.

¿Dentro del área protegida quedaron títulos mineros concedidos?

La mayoría queda por fuera. Hay varios títulos mineros dentro del páramo. Los que tienen derechos adquiridos, es decir, que tienen licencia ambiental de exploración, pueden seguir hasta cuando termine la concesión.

¿Qué pasa en el caso de Greystar?

Greystar, que ahora es Eco Oro, no tiene licencia ambiental de explotación.

Entonces, ¿no puede operar dentro del páramo?

Tienen que trabajar por fuera de la línea. Pero que queden por fuera no significa que ya tienen garantizada la licencia. Significa que tienen el derecho de pedir la licencia ambiental para explotación. Por fuera de la línea pueden seguir haciendo exploración, que hoy no necesita licencia.

¿No teme que al establecerse la línea y prohibirse dentro del páramo la explotación de oro y la siembra de cebolla, por la contaminación de los fertilizantes, estalle otra protesta de los campesinos?

No debería. Antes de fijar una delimitación, nosotros nos hemos sentado a concertar con los pobladores y con todos aquellos que hoy puedan verse afectados, para buscar soluciones de largo plazo, basadas en el pago por servicios ambientales. Vamos a compensar a la gente que quede dentro de la línea, para lo que tendremos un periodo de transición que puede ser de unos 18 meses. Los cebolleros, por ejemplo, son muy receptivos, porque ellos ya saben que no van a verse desplazados y que los vamos a acompañar en la reconversión de su actividad.

¿Esta política de establecer líneas fronterizas será nacional o únicamente para Santurbán?

La delimitación es una política nacional, porque tenemos que proteger las fábricas de agua, es decir, la vida.

¿En todas partes donde hay páramos habrá una línea delimitante?

Sí.

En resumen: ¿Las compañías extranjeras salen del páramo de Santurbán?

Sí. Hay dos canadienses grandes, la antigua Greystar, que hoy es Eco Oro, y Leyhat. Y una brasileña, AUX, que exploraba muy abajo del páramo y al parecer tiene problemas administrativos, ajenos a la delimitación. Ellos están tratando de vender y despidieron a la mayoría de sus empleados. Las dos canadienses deben, creo yo, analizar si su operación por fuera de la línea es rentable.

¿Por qué?

Porque los títulos que tienen dentro del páramo no los podrán ejecutar.

¿No tenían licencia?

No. Y como les digo a mis hijos: “Lo siento. La vida es dura…”

¿Y querían seguir en la zona protegida?

Las razones que mandan es que muchos de los yacimientos importantes están arriba, muy cerca del páramo.

¿Es oro?

Sí. Mire, yo estoy trabajando una idea: podrían vender la reserva in situ. Es decir, el que compra la reserva en vez de tener que vender el lingote al Banco de la República lo puede dejar en el páramo, como si estuviera en bóvedas del Emisor. El tamaño de las reservas se puede probar... Es como un papel negociable. No obstante, es una idea aún en desarrollo.

Cambiando de tema, ¿qué fue lo que pasó en Casanare?

El cambio climático nos está dando las nuevas condiciones con las que tenemos que vivir. Muchos creen que eso es un cuento o que ese día está lejos. Colombia es el tercer país con mayor vulnerabilidad a los efectos del cambio climático; por eso tenemos que pensar seriamente en que vamos a tener veranos muy secos e inviernos muy fuertes.

Muchos creen que los recursos naturales van a ser infinitos y siguen con las mismas costumbres. Ni los agricultores, ni los petroleros, ni los arroceros, ni los campesinos son hoy conscientes de que el agua se acaba. Pero lo que uno sí ve cuando recorre Casanare, por ejemplo, es que las haciendas siguen creciendo y deforestando la tierra. En una época de verano como la actual, empiezan las quemas para que cuando llegue la lluvia, que va a llegar en ocho días, puedan tener listo el terreno para sembrar.

En muchas partes, las fuentes de agua las cuidan los árboles, pero cuando deforestan para sembrar, la vegetación se acaba y se termina el agua. Y con las condiciones del clima de hoy, la situación es más ruda.

¿Por qué el Ministerio no vigiló eso para evitar que ocurriera?

Mire: todo el mundo dijo que este fue el desastre ambiental del siglo en Colombia, pero yo personalmente revisé la estadística climática de la región de los últimos 40 años y siempre se venía presentando el mismo verano. Lo que cambió es que por primera vez, y gracias a los medios, les demostramos que no puede ser normal que se mueran los animales por un verano. Pero tenemos que dimensionar el tema; la población de chigüiros en Casanare es de más de un millón de animales. Murieron lamentablemente 6.000, según el conteo y las estadísticas de Corporinoquia.

En Venezuela, que tiene una población aproximada de entre 4 y 6 millones de chigüiros, murió el 30 por ciento, le informaron al Instituto Humboldt. Por supuesto que en un país rico en agua que se muera un solo animal de sed es terrible. Pero eso no es culpa del Gobierno. Eso es consecuencia del cambio climático y de la falta de adaptación. Por eso, yo fui a Casanare a decirles que es urgente adaptarse a las nuevas condiciones, y que eso exige disciplina y conciencia sobre el uso del agua.

¿Qué estamos haciendo hoy?

Como plan de choque se planteó un esquema de limpieza en la zona; se iniciarán ciclos de vacunación, se construirán reservorios de agua, se dispuso de maquinaria y un soporte logístico de 250 personas para atender a los animales. Y para el mediano y largo plazo se puso en marcha el plan de adaptación.

¿Y por qué no lo hicieron antes?

Desde diciembre, como Ministerio de Ambiente y con el Ideam, lo hicimos. Lanzamos 45 alertas. Así mismo, con la Universidad de los Andes y con todos los institutos científicos estamos preparando planes de adaptación a las nuevas condiciones del medioambiente.

Los habitantes de la zona, campesinos e industriales, ¿qué opinan?

Hay inconformidad por el tema de las regalías. Yo digo que los culpables son todos y ninguno; culpables, porque con esto que está pasando nos damos cuenta de que tenemos que actuar en forma diferente para proteger el agua. Y no culpables, porque los responsables no son el hombre, ni el arrocero, ni el petrolero, ni la CAR ni el gobernador. Es el cambio climático el que nos obliga a hacer mejor las cosas.

¿Y qué va a proponer?

Primero, no voy a permitir que lo ambiental se convierta en tema político. Los dirigentes de la región dicen que todo se habría evitado si hubieran tenido más regalías. Ese no es el fondo; el fondo para nosotros como Gobierno es que hay que adaptar el territorio al cambio climático, que llegó para quedarse.

Y esa adaptación significa que la plata que llegue, poca o mucha, tiene que invertirse en protección del medioambiente y en cuidado del agua. Y que las obras, cultivos o actividades petroleras que se hagan tengan en cuenta la variable de cambio climático. Vamos a ser más exigentes y velaremos por que se cumpla la ley igual para todos.

¿Qué opina del fallo que dictó el viernes el Consejo de Estado, en el que le ordena descontaminar el río Bogotá?

Se trata de la confirmación de una sentencia impuesta al gobierno anterior, que había sido apelada. No obstante, la demanda original data del año 1992 y era contra la Empresa de Energía de Bogotá, ya que en esa época no existía el Ministerio. Lo que nos corresponde ahora como Gobierno es analizar la sentencia en detalle y, por supuesto, acatarla, no sin antes señalar que, para esta administración, el río Bogotá sí es una prioridad. En el último año y medio hemos invertido más de 1,5 billones de pesos a través de dos grandes proyectos de descontaminación y adecuación hidráulica, sin contabilizar los programas de reforestación, compra de predios, educación, control y saneamiento básico y manejo de áreas protegidas.

Drummond vuelve a cargar carbón

La Drummond ya hizo el puerto y terminó las pruebas de cargue directo. La Agencia Nacional de Licencias Ambientales realizó una inspección grande. ¿Resultó bien?

Sí. Esta semana levantaremos la restricción, después de que hagamos la prueba definitiva mañana. La anterior contaminación se produjo porque, cuando cargaban de la barcaza, el polvo del carbón caía al mar. Eso ya no pasará porque el carbón irá directamente al barco carguero, a través de bandas de carga cerradas y no de barcazas.

¿Y la contaminación del tren que traslada el carbón de la mina al puerto?

Voy a imponer este año que se cubran todos los vagones de carga.

¿Eso no fue lo prometido por las carboneras?

Eso fue lo prometido, pero los vagones hoy no son cubiertos. Son humedecidos. Vamos a imponer la obligación de cubrir los vagones.

¿El sistema de carga de Glencore es el que adoptó la Drummond?

Es parecido, solo que los vagones de Drummond descargan el carbón dando vuelta al vagón, mientras que en los otros la carga sale por debajo.

¿Queda a salvo la bahía de Santa Marta?

Por lo menos ya no habrá una contaminación por el tema del cargue del carbón.

¿Cree que se va a limpiar pronto?

No, la contaminación de 20 años no se va a limpiar porque empecemos a hacer las cosas bien. La recuperación del mar y las playas contaminadas tardará unos años.

¿Por qué está negro el mar en las playas de El Rodadero, en Santa Marta?

Porque hace unos años, para tener más playa, dragaron mar adentro y la composición de esa arena era mucho más oscura. Y por la contaminación por carbón.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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