Carlos Betancur, de recoger café al título en la París-Niza

Carlos Betancur, de recoger café al título en la París-Niza

Tiene 24 años, es soltero, tiene cuatro hermanos y terminó el bachillerato.

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16 de marzo 2014 , 11:34 a. m.

No era para menos la felicidad que exhibió el colombiano Carlos Betancur, cuando en el podio de la París-Niza soltó una gran sonrisa, pero a los pocos segundos, cuando le enfundaron la camiseta amarilla, la que identifica al campeón, la que es muy parecida a la que le dan al campeón del Tour de Francia, su cara cambió un poco, se puso más serio y hasta se le vieron unas lágrimas.

Sí, este colombiano sabía lo que eso significaba, pues se convirtió en el primer pedalista nacional en ganar esta competencia legendaria, que nació en 1933, como cosa rara, en la redacción de un periódico: 'Le Petit Nicois', de Francia.

Betancur buscó el triunfo hasta que lo consiguió. Era normal que se emocionara. El año pasado una gran victoria le fue esquiva, no la pudo lograr. Fue segundo en tres etapas del Giro de Italia y en una hasta levantó los brazos en señal de triunfo, pero no se había dado cuenta que adelante iba un colega. También fue segundo en una jornada del país Vasco, tercero en la Flecha Valona y cuarto en la Lieja.

Pero su alegría más grande fue la del Giro: ser quinto en la general y ganar la clasificación de los jóvenes fue lo mejor. Después, problemas familiares lo metieron en un bache. Poco respondió en la Vuelta a España y se fue en blanco en el Mundial de Ruta en Toscana (Italia), casi en el patio de su casa y con un recorrido que le venía bien.

Pasó la página rápidamente y se metió de lleno en preparar esta temporada, la que ha sido un completo éxito. Ya lleva cuatro de cinco triunfos: etapa y general del Tour du Haut Var, dos fracciones de la París-Niza y el título general, para un hombre hecho a pulso, para un ciclismo nacido en una tierra en la que los pedalistas se dan como arroz.

En la finca Las Palmas, ubicada en la vereda Manzanillo, del municipio de Ciudad Bolívar (Antioquia), don Ignacio Betancur se emocionaba cuando llegaba la cosecha de café, pues era una buena oportunidad para mejorar la situación económica de la familia.

Él solo no daba abasto para recolectar el grano, así que le pedía a uno de sus hijos, a Carlos Alberto, que le ayudara. Nunca le decía que no, pero siempre le hacía lo mismo.

Don Ignacio regresaba en la tarde a la casa y le preguntaba a doña Piedad Gómez, su esposa, dónde estaba el canasto recolector de Carlos Alberto. "No, él vino temprano; dejó pocas pepas y se fue en la bicicleta", le decía ella. "Este es mucho berraco. ¿No nos va a ayudar, pues, hombre?", gritaba el señor Betancur, quien esperaba con ansiedad el regreso de su hijo para regañarlo.

"Llegaba muerto de la risa y me decía que quería ser ciclista, que nos iba a sacar adelante. Yo lo reprendía, pero siempre se la perdonaba, pues recogía algunos granos y mire lo que es ahora: cumplió su promesa", recordó don Ignacio.

Así era Carlos Alberto Betancur Gómez, el ciclista colombiano que fue una de las figuras del Giro de Italia-2013, con una actuación sensacional e histórica de los pedalistas nacionales.

Betancur nació en Ciudad Bolívar el 13 de octubre de 1989. Tiene cuatro hermanos: Paula, Andrés Felipe (que también practican el ciclismo), Javier y Cristina.

Su genio no era el mejor. Por nada se molestaba y formó varios problemas. Cuenta su padre que alguna vez perdió una carrera en el pueblo, cogió a golpes la cicla y la desbarató.

A pesar de las dificultades, en su casa nunca faltó la comida. Más bien, el mercado disminuía cuando a Carlos le tocaba ir a correr a un pueblo vecino, pues su papá "lo mermaba para darle una platica al muchacho; pero él siempre corría y se traía su medallita y su trofeíto, por lo que ese sacrificio era bienvenido", precisó don Ignacio, quien, como él mismo lo dice, trabajaba mucho, hasta los sábados y domingos, "voliando machete, cogiendo café y sembrando cilantro" para poder llevar el sustento diario a la casa.

A trancas y a mochas, Carlos terminó el bachillerato en la nocturna de la Institución Educativa San Antonio, en Jardín (Antioquia), y en el día entrenaba.

Su carácter lo llevó a meterse en líos. Varias veces se fue a los golpes con los compañeros, pero no fue sino que entrara al programa deportivo del suroeste para que enderezara su camino.

Allí, Betancur se encontró con Rigoberto Urán, Julián Arredondo y Jánier Acevedo, ahora figuras del pedalismo colombiano. Ellos hacían parte de un grupo de 22 muchachos que fueron 'reclutados' para ser formados como ciclistas por Gabriel Jaime Vélez, quien fue a la vereda Manzanillo, donde vivía Carlos, y le ofreció vivienda, alimentación, una bicicleta nueva, el casco y la oportunidad de estudiar y de hacer ciclismo. Y sin pensarlo dos veces, aceptó.

"Siempre he dicho que es mejor atajar que arriar. Y eso me tocó hacer con Carlos. Venía del club de ciclismo de Bolívar, pero no hacía caso. No le gustaba estudiar y lo castigué: no lo incluí en la nómina para la Vuelta Juvenil de Antioquia del 2005 y le dije que si seguía así, tampoco correría la Vuelta del Porvenir", señaló Vélez.

Betancur aprendió la lección. Era tanto su amor por el ciclismo que le tocó bajar la cabeza, ponerse a estudiar con disciplina y obedecer las órdenes de su entrenador. Todo lo que en su casa no le gustaba hacer cuando era niño y le 'sacaba el cuerpo' a la recogida de café, a la siembra de la yuca y a darles de comer a los marranos.

Lo curioso es que todo el que lo conoce tiene una versión distinta de su personalidad. "No me parece que se haya calmado. Sigue siendo muy travieso. ¿No ve lo que hizo en el Giro", señaló José Diego Ramírez, a quien todos en Jardín conocen como 'Pacheco', el hombre que con Óscar Herrera vio cómo Carlos Alberto se convirtió en ciclista.

Es un luchador incansable por conseguir lo que quiere y un hombre al que cuando las cosas no le salen se molesta. No le gustan los problemas y por eso los evita. Se ofusca cuando se le presentan, pero a pesar de sus 24 años ha madurado, gracias al deporte.

"Es cierto que se da mucho a la gente. Es el ciclista más agradecido de los que he tenido. Me llama, siempre que viene nos vemos y está pendiente de lo que pasa", aseguró Vélez, uno de sus primeros entrenadores.

En su casa, en Jardín, hay un cuarto especial donde guarda los mejores recuerdos de su profesión. Allí, en un clóset, están las camisetas de ciclismo más representativas para él.

Por supuesto que, en un lugar privilegiado, está la blanca con el tricolor cruzado, con la que ganó la medalla de plata en el Mundial de Ruta de la categoría Sub-23, en Mendrisio-2009 (Italia).

Carlos Alberto no cambia, y menos con su gente; y cuando esté en Colombia sacará un rato para ir al billar del pueblo y retar a sus amigos, a los que derrotará con 'carambolas de fantasía', como la que hizo en Italia, donde fue quinto en la general y ganó la camiseta blanca de mejor joven y la de la París-Niza, prueba en la que logró el título, el primer gran título de su carrera deportiva.

LISANDRO RENGIFO
Redactor EL TIEMPO

 

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