Las vueltas de Angelino Garzón

Las vueltas de Angelino Garzón

Un político muy particular (y muy creyente), que no descarta ser alcalde de Bogotá o de Cali.

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12 de marzo 2014 , 04:46 p.m.

Fue caddie del Club Campestre de Cali y manejó el tablero electrónico el estadio Pascual Guerrero. Es hincha furibundo de tres íconos del Valle del Cauca: la salsa, el américa y el Señor de los Milagros de Buga. A pesar de que perdió a una hija, tras un asesinato, se confiesa un hombre feliz y optimista. Así es el popular dirigente bugueño que pasó de ser uno de los sindicalistas más famosos del país -y respetado miembro del Partido comunista colombiano y de la Unión Patriótica- a ser el vicepresidente de Juan Manuel Santos. Un político muy particular (y muy creyente), que hoy, luego de su operación de corazón y de su accidente cerebrovascular, no descarta ser alcalde de Bogotá o de Cali.

Por Alejandra López González

Angelino Garzón jamás ha usado el escritorio de su despacho en la Vicepresidencia de la República. En su lugar, utiliza una mesa auxiliar y ahí es donde trabaja, hace sus reuniones y atiende las visitas.

Es el menor de cuatro hijos de una madre soltera que los levantó a punta de vender gallinas, huevos y frutas en la plaza de mercado de Buga. Fue caddie del Club Campestre de Cali y manejó el tablero electrónico del estadio Pascual Guerrero. Jugó al fútbol –como arquero– hasta los 20 años. Es hincha furibundo del América y, el año pasado, antes del partido contra el Cúcuta –que sentenció a la Mechita a la B–, fue a pedirle al Señor de los Milagros de Buga que iluminara a los jugadores, porque una de las cosas que tiene Angelino es que es fan número uno del “Señor de Buga”, al que se encomienda con frecuencia.

Tiene una Biblia en un rincón del despacho. Es, sin duda, un hombre creyente. Camina lento y aún, en sus movimientos, se ven algunos efectos del accidente cerebrovascular que lo tuvo un buen tiempo fuera del ruedo político. Confiesa que todavía está en terapias y que ya no puede comer sancocho de gallina ni las delicias de su Valle del Cauca a causa de la dieta a la que está sometido. Antes, cuando podía, tomaba vino. Le encanta la salsa y aprendió a bailar mirando a la gente en los bailaderos de Cali.

Hoy, a sus 67 años, no descarta ser alcalde de Bogotá o de Cali. “Si usted tira una moneda para cara o sello, le cae parada”, dice. Hoy en día vive con su esposa Monserrat. Tiene dos hijos: Nicolás y Ángela y el recuerdo de una hija que fue asesinada, hecho al que no se refiere mucho. Con sus hijos procura verse cada semana. “Ellos saben que su papá es Angelino y no el vicepresidente de la república”.

Adora a su perro Orión, un pastor alemán de dos años que recibió como regalo de la Policía Nacional y que llegó a su casa cuando tenía dos meses. Angelino confiesa ser un hombre feliz y optimista y cuenta la historia de cómo pasó de ser uno de los sindicalistas más famosos del país, de militar en el Partido Comunista colombiano y en la Unión Patriótica, a ser gobernador del Valle del Cauca y vicepresidente de Juan Manuel Santos.

Usted ha hablado mucho de lo dura que fue su niñez y del esfuerzo que hizo su madre para sacarlo adelante. ¿Hay algo, más allá de tanta limitación, que le parezca lindo de esa niñez suya?

Me gustaba mucho aprender, ir a la escuela y jugar fútbol. Como a los siete años iba al río Guadalajara al pescar con mis amigos, pescábamos sardinas, las fritábamos ahí mismo y nos las comíamos. Era un plan de los sábados y los domingos, aunque a veces íbamos entre semana después de jugar al fútbol.

Usted era el arquero del equipo…

El equipo se llamaba River Plate y jugábamos con un uniforme con la banda roja, igual que River de Argentina. Jugué de portero y siempre fui bueno, aunque a todo buen portero le meten siempre muchos goles. Lo hice hasta los 20 años y, entre los 20 y los 30, me volví central porque uno como arquero sufre mucho. Yo como portero hice muchas de las cosas que hacía Higuita, pero nunca el escorpión. A veces salía a jugar, me quitaban el balón y me metían el gol.

Ha sido siempre muy devoto del Señor de los Milagros de Buga. ¿Recuerda cuándo fue la primera vez que visitó la basílica?

Iba a cumplir siete años y mi madre me llevó para todo el proceso de mi primera comunión, porque yo hice la primera comunión en la basílica. Recuerdo que esa fue la ocasión dónde por primera vez me coloqué un vestido entero que mi mamá me compró.

Ha contado varias veces que su mamá trabajaba en la plaza de mercado de Buga vendiendo gallinas, huevos y frutas y usted le ayudaba llevando mercados…

Yo iba a la plaza cuando tenía como seis años, llevaba mercados, vendía periódicos y revistas y era una manera de tener unos ingresos y ayudarle a mi mamá. Mi mamá siempre se preocupó porque yo fuera a la escuela y porque tuviera qué comer.

Ustedes eran cuatro: dos mujeres y dos hombres. Dos de sus hermanos fallecieron. ¿Cómo fue eso?

El hombre falleció como en 1965 y la mujer en 1991. Yo era el menor. Ellos, como eran mayores, querían obligarme a hacer los oficios del hogar, a barrer la casa y entonces descubrí que al ir a la escuela me liberaba de ese yugo.

Usted siempre habla de su mamá, pero ¿qué sabe de su papá?

Es que mi mamá hizo las veces de mamá y papá. Para qué me pongo a hablar de un papá que no conocí. Mi mamá me decía que había muerto unos meses antes de yo nacer.

En el libro que acaba de publicar dice que a veces le pesaba mucho llamarse Angelino. ¿Le preguntó a su mamá por qué le puso así?

Lo primero que le dije fue eso: “¿Oiga mamá y usted de dónde sacó ese nombre Angelino?”. Y ella me dijo: “es que así se llamaba su abuelo”. Entonces le dije: “pero yo no conocí a ningún abuelo hombre; ese nombre es muy anticuado”. Pero luego le fui descubriendo las ventajas: Angelino no tenía homólogos ni tocayos y cuando me fui volviendo dirigente estudiantil y sindical, encontraba que Angelino era yo y nadie más y eso era una gran ventaja. En los cargos de elección popular he encontrado que el hecho de llamarme Angelino es muy importante porque es como una marca que no tiene homónimo.

O sea, usted puede hacer una campaña solamente con una bandera que diga Angelino y listo…

Eso no es tan fácil. Lo importante de toda campaña electoral no son los eslóganes ni las encuestas ni los afiches, lo importante es que exista una comunión entre la población y el candidato. Ahí le estoy dando consejos de estrategia publicitaria, gratuitos.

Usted es muy hincha del América, incluso fue uno de los promotores de la salida del equipo de la lista Clinton. ¿En qué momento se da cuenta de que es hincha de ese equipo?

Sentía mucha simpatía por ese equipo de color rojo. No por el color, sino porque era un equipo muy popular; de pronto porque siempre iba de último, entonces era casi un acto de solidaridad.

Y ahora en la B…

Pues ahora sigo siendo hincha y hay que pedirle al Dios de los cielos, al Señor de los Milagros de Buga, a las directivas, al cuerpo técnico, a los jugadores que ayuden para que salgamos de la B. No es bueno que el América esté en la B. El día del partido del América con Cúcuta, el año pasado, fui donde el Señor de los Milagros y le pedí que protegiera al América, pero ese día América perdió en Cali, ¡sí, en Cali!, con el Cúcuta (1-4). Imagínese.

¿Lloró?

No, yo no he llorado por el América.

¿Qué hace llorar a Angelino Garzón?

Yo he llorado por mi mamá, por mi hija que asesinaron. A veces cuando era niño, lloraba porque nos sentíamos muy desprotegidos, porque no entendía por qué habíamos nacido tan pobres y por qué yo no tenía papá, porque yo me sentía en condiciones muy miserables y eso me producía dolor.

¿Y recientemente?

Lloré cuando a mi esposa la operaron.

¿Y cuando estuvo tan enfermo?

No. Cuando estuve enfermo me resigné.

Volvamos a la época del colegio. Ustedes deben salir de Buga por razones económicas y llegan a Cali a vivir en un inquilinato en el barrio La Alameda. Eran los años sesenta, usted era un adolescente y llegó a esa ciudad que estaba en plena efervescencia: la salsa, Andrés Caicedo, los cineastas… ¿Cómo le toca todo ese movimiento fiestero de Cali?

Pues a mí me gusta mucho la salsa y el son. En ese tiempo sentía mucha simpatía por la Sonora Matancera, Willie Colón, el Trío Los Matamoros. Pero no teníamos condiciones económicas para estar “pachanguiando” ni mucho menos. Era salsero de radio.

¿Y aprendió a bailar?

Pues me defiendo. Aprendí solo, viendo bailar a la gente.

¿Qué recuerdos tiene de ese inquilinato en La Alameda?

Es convivir con otras familias, personas que uno comienza a conocer. Tiene sus ventajas y desventajas. Desventajas, que uno pierde mucha privacidad. Y ventajas, que aprendí a conocer la gente muy de cerca, los problemas de la gente, la solidaridad que se va generando.

Usted llega a Cali a estudiar al colegio Benjamín Herrera en donde tuvo sus primeros contactos con la gente de la JUCO. ¿A quién recuerda especialmente de esa época?

Allá en ese colegio es donde empiezo a tener mis primeros contactos con la izquierda. Recuerdo mucho a Francisco Garnica, que fue el fundador del Partido Comunista Marxista Leninista y fue asesinado. Recuerdo también a Lenin Flórez, que está vivo y es profesor de la Universidad Santiago de Cali. Yo era miembro del consejo estudiantil del colegio y de la junta directiva de la Federación de Estudiantes de Secundaria. A mí me tocó terminar el bachillerato en Buga porque en el colegio Benjamín Herrera de Cali no me quisieron recibir para sexto de bachillerato.

¿No lo recibieron por “tirapiedra”?

Yo nunca tiré piedra, yo tiré ideas, son cosas diferentes.

Viviendo en Cali, en la época del colegio, usted fue caddie del Club campestre. ¿Cómo es esa historia?

Cuando estaba en cuarto y quinto de secundaria fui caddie del club los sábados y domingos, generalmente en las mañanas. Yo tenía en ese momento como 15 o 16 años. Me pagaban 10 pesos. Aprendí a jugar al golf y a ser caddie. Es posible que algunos de los padres de mis compañeros del gobierno nacional hayan sido socios del club en esa época. Algunos socios eran groseros, prepotentes, se creían la mamá de Dios porque eran ricos y lo ofendían a uno, lo humillaban, a veces llegaban a un sitio de descanso y comían sándwich con coca-cola ¡y no le ofrecían a uno ni agua! Me parecía eso muy miserable.

Adora a su perro Orión, un pastor alemán de dos años que recibió como regalo de la Policía Nacional.

También trabajó en el estadio olímpico Pascual Guerrero manejando el tablero electrónico ¿Alguna vez la embarró con algún marcador?

El trabajo consistía en poner los marcadores de los partidos. Una vez en un clásico Cali-América, el árbitro pitó un penalti a favor de América. No lo habían cobrado y yo ya había puesto en el tablero América 1-Cali 0 y justo ¡lo bota el América! Claro, todos los hinchas del Cali se pusieron a chiflar.

Sus primeros trabajos formales fueron en Sidelpa y en los Ferrocarriles Nacionales, antes de trabajar en el DANE, en donde estuvo 20 años y en donde se convirtió en el famoso líder sindical…

A Sidelpa y a los Ferrocarriles entré por concurso. En ambas partes me afilié al sindicato y, de ambas, me despidieron por mis actividades sindicales. Incluso me llevaron preso cinco días. El F2 en ese entonces, me llevó a los calabozos de la Dijín en Cali. Al final me pidieron excusas que porque se habían equivocado. Me acusaban por haber hecho actividades en Sidelpa y porque, según ellos, yo pertenecía al Partido Comunista colombiano. Yo no entendía, tenía 19 años y no entendía por qué la prevención contra el sindicalismo y contra el Partido Comunista, lo cual era legal.

Pero en esa época usted todavía no militaba en el Partido Comunista, sino que tenía cercanía con la JUCO…

No, en esa época yo no militaba con el Partido Comunista. Con la JUCO tenía cercanía en el colegio, pero no entendía por qué a ellos les gustaban tanto los seminarios y los cursos, y no la salsa y el fútbol. Los veía demasiado serios y pensaba que no parecían jóvenes, sino viejitos. Yo los invitaba a jugar al fútbol y a bailar salsa, pero a ellos lo que les gustaba eran los seminarios.

Fue dirigente sindical hasta 1992, luego ministro de Trabajo con Pastrana, embajador de Uribe y vicepresidente de Santos. Algo debe tener: un secreto, una magia, un truco para que le vaya así de bien…

El truco y la magia están en el Dios de los cielos y el Señor de los Milagros de Buga.

Militó en la Unión Patriótica y también hizo parte de la Asamblea Nacional Constituyente como miembro de la Alianza Democrática M19…

Carlos Pizarro y Antonio Navarro me invitaron para que estuviera en la creación de la Alianza Democrática M19. Luego Navarro me invitó a hacer parte de la lista a la Asamblea Nacional Constituyente y fui elegido entre los constituyentes, por eso yo vivo agradecido con Antonio Navarro Wolf. Cuando estaba como dirigente sindical en la década de 1980 fui elegido vicepresidente de la Unión Patriótica y le agradezco mucho al sindicalismo, al Partido Comunista y la UP haberme permitido militar con ellos y haber aprendido la disciplina y el sentido de lo colectivo con ellos.

¿Cómo es que pasa de ser de la UP y de la Alianza Democrática M19, a ser vicepresidente de Juan Manuel Santos? ¿Cómo da esa vuelta ideológica?

Para mí lo importante no han sido los partidos políticos ni las ideologías, sino el compromiso con la gente. A la gente no la define un rótulo partidista, sino unas convicciones.

Usted no milita en un partido político desde 1994. ¿Por qué?

Porque creo que todo partido debe parecerse a la sociedad y yo para qué voy a militar en capillas o en gruperías. Es que yo milité en el Partido Comunista colombiano desde la base hasta el comité ejecutivo; milité en la Unión Patriótica. Yo sé lo que es militar en un partido político y los compromisos que se asumen, y por lo tanto, creo que los partidos deben ser abiertos, deben organizarse para gobernar un municipio, una región o un país, si no es para eso, entonces, ¿para qué?

Eso es una crítica a los partidos políticos actuales…

Ni mucho menos. Son reflexiones políticas.

¿Por su oficina han desfilado un montón de presidentes de partidos políticos para ofrecerle que se vaya con ellos?

Hasta el momento ninguno.

Difícil creerle…

Ninguno. La verdad es que no le niego que me gustaría militar en algún partido político, pero ninguno me lo ha ofrecido. Y claro, cuando el presidente Santos me ofreció ser su fórmula, yo acepté la generosidad del Partido de la U, pero eso no significa que yo sea parte del Partido de la U; lo respeto y tengo profundo agradecimiento.

Si hoy le ofrecieran militar en algún partido, ¿en cuál le gustaría?

No puedo decir eso porque soy vicepresidente de Colombia.

Usted conoce a Navarro desde la época de la ADM19. ¿Cómo ve una posible candidatura de Navarro a la presidencia?

Esté donde esté Navarro, esté en el partido que esté o en el cargo público que esté, siempre va a tener en Angelino Garzón una persona agradecida hacia él y un admirador.

¿Le gustaría trabajar con él?

Tengo un gran cariño y una gran admiración por Antonio Navarro Wolf, pero en este momento el que tiene cargo soy yo, no él.

¿Y Petro?

Yo a Petro lo conocí cuando estaba en la Alianza Democrática M19. Creo que frente a Petro y frente a todos los alcaldes y gobernadores del país, el gobierno nacional tiene el deber de contribuir a que les vaya bien, incluyendo al alcalde de Bogotá. Petro sabe que siempre en el gobierno nacional en cabeza del presidente Juan Manuel Santos y de Angelino Garzón tiene un punto de ayuda.

¿Cómo le pareció el anunció de Álvaro Uribe de lanzarse al Senado?

Yo por el presidente Uribe no tengo sino palabras de agradecimiento, porque él me nombró embajador ante el Sistema de las Naciones Unidas y la OIT, sin haber votado por él. Yo voté en la segunda elección del presidente Álvaro Uribe por Carlos Gaviria y en la primera elección voté por Lucho Garzón. Me entendí muy bien con él cuando yo era gobernador del Valle y él presidente de la república. Él tiene el derecho a conformar un partido político, a militar en el partido político que él considere y a ser candidato a cualquier cargo de elección popular siempre y cuando la Constitución se lo permita. Él tiene derecho a ser candidato al Congreso y eso tenemos que respetarlo.

Cómo ve el tema de Vargas Lleras, ¿Si lo ve de vicepresidente?

Tengo gran respeto por el doctor Germán Vargas Lleras y una valoración positiva de lo que hizo como ministro del Interior y como ministro de Vivienda. Tengo que ser respetuoso de las decisiones políticas de la gente. Si el presidente Juan Manuel Santos toma la decisión de ser candidato a la Presidencia, la Constitución le da ese derecho a él. Si Juan Manuel Santos es candidato, sería yo un irresponsable al sugerirle quién debería ser su fórmula vicepresidencial. Él está en plena libertad de decidir eso y yo tengo que respetar eso.

A pesar de que ha dicho públicamente que no quiere ser candidato a la Vicepresidencia, en caso de que Juan Manuel Santos sea candidato, ¿le gustaría seguir trabajando con él?

Lo que tiene que saber el próximo presidente de la república es que encontrará siempre en Angelino Garzón una persona que contribuirá al éxito de la gestión del gobierno.

Cuando estuvo enfermo recibió muchos ataques, incluso algunos propusieron acabar con la figura de vicepresidente. ¿Qué lo hizo quedarse hasta el final?

Que me recuperé.

Pero cuando estaba en esa etapa de recuperación, con la gente pidiendo su cabeza, hubo algún momento en el que pensara “qué gente tan cansona, ¡qué agonía!”.

No, ni mucho menos. La gente tiene derecho a expresar sus opiniones. Yo recuerdo que yo estaba en proceso de recuperación de mi operación de corazón abierto en agosto de 2010 cuando me vino el accidente cerebrovascular en junio de 2012 y ese fue un accidente que me dejó consecuencias negativas en mi capacidad motriz en la parte izquierda. Recuerdo que estando en el proceso de recuperación había gente que estaba pidiendo que se acabara con la Vicepresidencia, como si eso fuera un ataque contra Angelino. ¡Es que acabar la Vicepresidencia es un ataque contra la democracia!

¿Ya se siente bien?

Todavía estoy recuperándome. Si usted me permite, yo me defino como una persona en condición de discapacidad.

¿Está en terapias, está medicado?

Todos los días tengo que someterme a terapias, tengo medicamentos y una dieta rigurosa.

Respóndame sí o no: ¿usted quiere ser presidente de Colombia?

Ya los tiempos no me dan. El 29 de octubre voy a cumplir 67 años. Hay una canción que dice “el tiempo pasa, nos vamos volviendo viejos”. Si el Señor de los Milagros me da vida y me da salud, a octubre de 2015 no descarto ser candidato a un gobierno local.

¿Es la Alcaldía de Cali lo que quiere?

Si usted tira una moneda para cara o sello, le cae parada. No puedo tomar ninguna decisión hasta que no termine la vicepresidencia.

Pero su corazón está en el Valle…

Pues mire, yo amo también a Bogotá porque vivo en Bogotá hace 37 años, aquí nació mi segunda hija, aquí nació mi hijo, aquí nacieron mis nietos y buena parte de lo que soy se lo debo a Bogotá. Amo mucho a Bogotá. Y claro amo mucho al Valle del Cauca, porque soy vallecaucano, fui gobernador del Valle, me gusta la salsa, me gusta el clima de Cali, me gusta la gente de Cali. Pero lo que quiero es ser gobernante de alguna ciudad en donde le pueda ayudar más a la gente.

O sea que no descarta la Alcaldía de Bogotá…

Usted no puede descartar que yo pueda ser candidato a la Alcaldía de Bogotá o a la de Cali. Por eso le digo: si tira una moneda, le cae parada.

¿Qué fue lo mejor de estos cuatro años como vicepresidente?

Lo mejor es haber entendido muy bien que en Colombia muchas personas consideran al vicepresidente, no un socio de gobierno, sino un rival político. Eso es una equivocación. Pero yo siento que fui una persona leal con el presidente Santos.

¿Se va feliz?

Claro. Yo siempre he sido un hombre feliz y optimista.

Me imagino que usted va a votar por Santos a la Presidencia y por Uribe al Senado…

El voto es un derecho secreto.

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