La polio no solo mata en Pakistán; talibanes restringen su vacunación

La polio no solo mata en Pakistán; talibanes restringen su vacunación

Más de 30 trabajadores de la salud fueron asesinados en el 2013. Este año ya van 12 víctimas.

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11 de marzo 2014 , 10:33 p.m.

Un gran cartel pintado sobre un muro de piedra entre campos de cultivo anuncia la campaña de vacunación contra la polio (una enfermedad contagiosa) en el distrito de Surazai Payan, que limita con las áreas tribales fronterizas con Afganistán.

Esta aldea agrícola ubicada a las afueras de Peshawar, capital de Khiber Pasthunja (Pakistán), está prácticamente controlada por insurgentes talibanes, que no les dan la bienvenida a los forasteros.

Pakistán es uno de los tres países junto con Afganistán y Nigeria en donde la poliomielitis es todavía endémica. Desde 1999, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está trabajando junto con las autoridades paquistaníes para erradicar esa enfermedad en el país.

Las áreas donde habitan familias de mayoría pastún, como es el caso de Surazai Payan, son las más complicadas a la hora de concienciar a la población, debido a su mentalidad tradicional y cultura cerrada. En ocasiones, los padres se han negado a vacunar a sus hijos por convicciones religiosas erróneas.

Kurban Ali nació sano pero ahora tiene polio. Este bebé de siete meses perdió en dos ocasiones la campaña de vacunación porque sus padres consideraron que no era importante suministrarle a su pequeño las gotas para prevenir esta enfermedad. Ahora se arrepienten y han intentado, sin éxito, que su hijo pueda recuperar la movilidad de la pierna derecha, pero Ali arrastrará toda la vida una discapacidad física.

"Un día mi sobrino no podía mover la pierna. No sabíamos qué le pasaba. Acompañé a mi hermano al hospital Leady Reading de Peshawar y llevamos al bebé. Los médicos nos dijeron que Ali había contraído la polio. Intentamos hacer todo lo posible pero ya era demasiado tarde", lamenta Asmatullah, tío del pequeño.

La familia de Ali es humilde, sin educación e influenciada, como muchas, otras por los sermones de los mulás (intérpretes de las leyes islámicas) que atacan las campañas de inmunización en las mezquitas.

Ali es uno de los 90 casos registrados por la OMS en 2013. La mayoría de los niños se han contagiado en la ciudad de Peshawar, que ha sido declarada "la mayor reserva mundial de la polio".

Esta ciudad, que tiene una población de cuatro millones de personas, es el principal centro urbano del noroeste de Pakistán y gran parte de la población de la zona se mueve a través de Peshawar, lo que facilita que se propague la enfermedad.

A esto hay que sumarle los ataques sistemáticos a los trabajadores de salud que suministran las gotas de la polio, pues los talibanes prohibieron la vacunación a raíz de la operación que acabó con Osama Bin Laden, en mayo del 2011.

Solo el año pasado más de 30 vacunadores y personal de seguridad fueron asesinados. En los dos primeros meses del 2014 van al menos 11 personas.

La participación del doctor Shakil Afridi, que supuestamente brindó ayuda a la CIA para localizar al líder de Al Qaeda con una campaña falsa de vacunación, ha generado la paranoia de que las potencias extranjeras utilizan a los vacunadores para espiar en las comunidades locales.

Los líderes religiosos extremistas se han opuesto a esta campaña de vacunación, con el argumento de que es una conspiración de Estados Unidos para esterilizar a los niños paquistaníes y así controlar el crecimiento de la población musulmana.

El peligro que corren las trabajadoras y voluntarias de la polio de ser atacadas por fanáticos ha afectado gravemente a las campañas de erradicación de la poliomielitis.

"Para poder erradicar definitivamente la polio es necesario que se implementes más medidas de seguridad", afirma Neas Muhamed, jefe del equipo de vacunación de la polio en la localidad de Swabi, ubicada a unos 40 kilómetros de Peshawar.

Hace apenas unas semanas fue atacado un dispensario médico en un hospital de esta localidad donde se guardaba la vacuna inmunizante. "Los talibanes están utilizando su campaña de distorsión y asesinatos selectivos contra trabajadores de salud como arma política porque saben que la principal prioridad del gobierno es erradicar la polio", denuncia el responsable gubernamental mientras camina sobre los escombros del edificio y hace el recuento de las pérdidas.

"Se ha desperdiciado el trabajo de dos meses. Todos los informes están destruidos por el fuego y las vacunas no se pueden utilizar", lamenta el doctor Muhamed. "Lucharemos hasta el final. No vamos a dejarnos intimidar por ellos (los talibanes)", advierte el responsable local de la polio.

Para muchas mujeres la única oportunidad de trabajar es como asistente en la campaña de la polio. Naila Naz, de 28 años, murió en enero del 2013 tras ser víctima de un ataque talibán contra el microbús en el que viajaba con otra trabajadora de salud y cuatro profesoras de la ONG local Support With Working Solution.

Este ataque es el peor que se recuerda desde que empezó la campaña de terror contra trabajadores de la polio en 2012.

El grupo de mujeres regresaba a Swabi desde Ambar, una remota aldea, después del trabajo cuando fueron tiroteadas por unos desconocidos en la carretera.

Naz iba acompañada de su hijo de tres años, a quien sacaron del autobús antes de ejecutar al resto de pasajeros. "Encontré a Ehsan en el hospital cubierto de sangre y aterrado. Aún sigue traumatizado", explica Zain Ul Hadi, el viudo de Naz y padre de otros tres hijos.

"No sé quién pudo hacerlo ni porqué querrían matar a mi mujer. He perdido el sustento de mi familia", lamenta Ul Hadi, quien padece una enfermedad del corazón y no puede trabajar.

La ONG consiguió que la familia de Naz reciba una ayuda de cerca de 70 euros (el equivalente a casi 200.000 pesos).

"Cuando la vida te quita a tu hijo de dos años por un accidente doméstico, solo piensas en poder ayudar a otros niños para que crezcan sanos y salvos".

Con esa determinación se nos presentó Nagar Nur, trabajadora de salud en Peshawar. Su hijo murió electrocutado al tocar unos cables pelados que no estaban protegidos con cinta aislante.

"No me importa correr peligro si puedo salvar la vida de un niño", señala la asistente médica.

ETHEL BONET
Para EL TIEMPO
Peshawar

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