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Mentiras de campaña

Mentiras de campaña

05 de marzo 2014 , 07:28 p. m.

Recuerdo por estos días a un amigo del colegio que arrasó en las elecciones para personero. Su estrategia de campaña consistió en prometer la construcción de una piscina de olas, en tierra fría. La puerilidad de este tipo de promesas no se aleja mucho de la oferta política que padecemos los colombianos en vísperas de elecciones, con el agravante de que en la recta final de la campaña el afán de figurar exacerba la vocación de ridículo de la mayoría de candidatos. A continuación presento apenas algunos ejemplos dispersos en medio del alud de mediocridades.

Empecemos con Daniel Raisbeck, aspirante a la Cámara por Bogotá del Partido Conservador, quien sin embargo promueve sólo ideas liberales como el matrimonio igualitario, la descriminalización del aborto y la legalización de la droga. Se trata de un ejemplo de pseudoidentidad política que no sabemos si es resultado de la mala fe o la nuda ignorancia. Pareciera que el candidato desconoce que la ley de bancadas lo marginaría de cualquier votación parlamentaria en su partido, que sistemáticamente votaría en sentido contrario de todo lo que él propone. Pero hay más. Recientemente Raisbeck propuso que los congresistas trabajaran "ad honórem", medida cuyos únicos efectos serían convertir al Congreso en una asamblea de aristócratas que no necesitan ninguna remuneración por su trabajo para sobrevivir, o crear un incentivo adicional para la corrupción en aquellos parlamentarios que se gastaron millonarias sumas en campaña. Populismo del más barato, sin duda.

Entre las candidaturas liberales al Senado, sorprende la propuesta de Viviane Morales de promover un referendo "para definir el alcance del concepto de familia y del matrimonio". Traducción: la exfiscal quiere derogar mediante un mecanismo plebiscitario los derechos fundamentales que le tomó décadas conquistar en la Corte Constitucional a la población LGBTI colombiana, gracias a su lucha incansable contra la discriminación. Esto porque a Morales le parece que "los grandes debates éticos en la democracia se deben definir con la participación de todos". Veamos: si en una sociedad existe discriminación contra ciertas minorías ¡es justamente porque son minorías! Luego cualquier consulta popular a un pueblo que discrimina sólo se traducirá en votos mayoritariamente a favor de la discriminación. Menos mal que Morales es "liberal".

Otra candidata liberal a la Cámara por Bogotá, Galé Mallol, defiende la adopción del voto obligatorio como solución al problema del abstencionismo. Lo que ignora es que los estudios empíricos comparados muestran que el abstencionismo castiga sobre todo a los estratos bajos y por lo tanto el efecto más probable de volver el sufragio obligatorio en un contexto como el colombiano sería un incremento inmediato de la compra de votos. Esto sin mencionar lo tiránico que resulta obligar a la gente a votar, convirtiendo el sufragio en un deber en lugar de un derecho. Una medida sin duda totalitaria que atenta contra el principio de libertad que informa la democracia de Occidente, no por accidente catalogada de "liberal".

Del lado del Polo Democrático, el catálogo de extravagancias no es menos variopinto. El candidato al Senado Rodolfo Arango propone "garantizar el derecho fundamental a una educación pública, gratuita y de calidad". Aunque no cabe duda de la buena fe del propósito, sólo en educación superior equivale a prometer la creación subsidiada de más de dos millones de cupos universitarios, un objetivo tal vez realizable con un esfuerzo fiscal ciclópeo para un candidato a la presidencia, pero no para el eventual miembro de una bancada de oposición minoritaria en el Congreso. Tal como está planteada esta iniciativa, no se sabe de dónde saldrá el dinero para materializarla, ni si a Arango le parece justo que el hijo de un gran empresario pague la misma suma como matrícula en una universidad pública que el de una persona que devenga el salario mínimo. En el imaginario paternalista del Polo, todo debe ser gratuito para todos, regalado por el Estado. Los incentivos económicos a los actores privados, que son en últimas los verdaderos generadores de riqueza (recordemos que el Estado es un aparato que solo se financia gracias a la exacción por vía de impuestos), no importan.

Jorge Enrique Robledo, senador del Polo que aspira a reelegirse, apoya la propuesta de la candidata presidencial del mismo partido (Clara López) de aumentar el salario mínimo por decreto apenas posesionada. Ambos candidatos criticaron el alza del 4,5 % decretada el año pasado por el gobierno de Santos, sin importar que estuviera punto y medio por encima de la inflación en 2013. Subir por decreto el salario mínimo sin que tenga relación con el estado de la economía lo único que consigue es deteriorar el mercado laboral, aumentar la informalidad y por ende el desempleo. Por esta razón, los estudios más juiciosos recomiendan una variación regional y sectorial del salario mínimo en lugar de una cifra estándar arbitraria para todo el país. Pero estos datos elementales son desconocidos por el fundamentalismo económico que campea en el Polo Democrático. Es de recordar que el difunto Hugo Chávez usó su poder reglamentario para incrementar en un 32 % el salario mínimo de los venezolanos en vísperas de las elecciones presidenciales de octubre de 2012 y miren cómo está hoy la economía del país vecino. Con razón el Polo continúa apoyando el proyecto bolivariano a pesar de ser el fracaso político latinoamericano más estruendoso del último cuarto de siglo.

También hay espacio para la ciencia ficción. Néstor Daniel García, aspirante al Senado de la Alianza Verde, propone instalar una urna virtual en las comisiones y plenarias del Congreso para que todos los ciudadanos voten los proyectos legislativos. Después de esto se presentaría un informe con los resultados a los parlamentarios antes de votar las leyes. Curiosa idea. No tanto porque para materializarla habría primero que ampliar la cobertura de Internet en los hogares colombianos del 33 % actual al 100 %, lo cual es deseable, como porque una vez la gente vote su opinión no podría ser obligatoria, pues anularía el mandato no imperativo que implica la democracia representativa. Tendríamos entonces una ciudadanía que miraría perpleja cómo se desconocen sus decisiones, o un Congreso solo con funciones técnicas de redacción de leyes pero carente de poder político (Orwell se quedó en pañales). Deben de estar además preocupadísimas las firmas encuestadoras porque se quedarían sin trabajo. A García le recomiendo ver una película distópica que muestra muy bien lo que pasaría en una democracia como la que propone: 8th Wonderland (2008).

Pero, sin duda, la mayor perla de todas es el planteamiento del expresidente Álvaro Uribe, cabeza de lista al Senado por el Centro Democrático. Uribe propone autorizar la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores porque al parecer no le bastó con arruinar la presidencia. Es inaceptable que ante la evidencia de que una reforma salió mal a nivel nacional un político profesional quiera replicarla en el nivel local. Todos los estudios disponibles, y esta unanimidad es algo raro en ciencia política, coinciden en que la reelección inmediata de cargos ejecutivos de elección popular es un factor de deterioro democrático porque desequilibra la competencia electoral, entre otras muchas razones.

La primera cualidad, intelectual, que debe tener un candidato serio a cargos de elección popular es haber estudiado a profundidad la problemática del Estado, en especial los procesos de producción de políticas públicas y todas sus complejidades para poder articular propuestas racionales tanto en términos de viabilidad como de impacto. De ahí lo absurdo de votar por gente de la farándula o sin ninguna preparación ni experiencia en gestión pública. La segunda cualidad, ética, es la honestidad y buena fe de sus propuestas: alguien que engaña en campaña si resulta elegido lo seguirá haciendo y tendrá una proclividad mayor a delinquir. Por desgracia la segunda cualidad no implica la primera pues en política las buenas intenciones no se traducen automáticamente en buenos resultados.

No es casual que en el primer escrito de ‘marketing’ electoral que registra la historia, el "Commentariolum Petittionis" del año 64, Quinto le aconsejara a su hermano Marco Tulio Cicerón, quien aspiraba a hacerse elegir Cónsul de Roma, prometer así fuera lo imposible antes que dejar de hacerlo. Alimentar falsas esperanzas era desde entonces más rentable en el ejercicio electoral que desmentirlas o evitarlas. A la mayoría de los 2.333 candidatos que aspiran a obtener una curul en el Congreso el próximo 9 de marzo no hay mucho que criticarles, ¡porque no proponen algo medianamente articulado! Es de rescatar entonces que los aquí mencionados propongan cosas, aunque sean disparates.

Otto von Bismarck observó que "nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería". El orden escogido para la enumeración no parece arbitrario. En período electoral, la desvergüenza para mentir de los candidatos alcanza niveles insospechados.

@florejose en Twitter

José Fernando Flórez

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