La última carta

La última carta

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01 de marzo 2014 , 07:53 p.m.

¿Sí se dio cuenta, ‘Pájaro’, de que no lo llamé matón en el título? Lo admito, usted ganó. Si mis cuentas no me fallan, saldrá este mes de prisión. A la Fiscalía y a la justicia les valieron huevo las incontables denuncias sobre sus oscuras andanzas estando en la cárcel. Pasaron ocho años y no movieron un dedo; quedaron felices dando por bueno lo que usted les contaba en sus versiones libres.

Pues, disfrute la libertad, su plata; recupere el control absoluto de sus bienes y negocios, que tienen gran potencial; vuele alto con su amigo, el ‘Águila’. Así es la vida. Ganan unos pocos, los de siempre, y perdemos la mayoría.

Un solo consejo, ‘Pájaro’: ahorre balas. No bote plata en esas vainas, no es necesario, dígale a su socio y amigo ‘Águila’, con quien planeó las vueltas que él le hará como favor. No saquen su listado de represalias. Nadie hablará más. Para qué desperdiciar saliva, tiempo, memoria, y arriesgar la vida, si no escuchan los que deben oír y actuar. Lo que hicieron ustedes en estos años en la cárcel quedó oculto para siempre por el manto de impunidad con que la justicia cubre sus propias ineptitudes, complicidades y corrupciones.

En la carta del año pasado (‘Carta a un matón III’) le anuncié que sería la penúltima que le escribía. La de hoy es la última. En lo que a mí me atañe, haga lo que le plazca a partir de ahora. Miraré para otro lado, igual que la justicia.

Antes de terminar, una sola cosita. ¿Qué hicieron ustedes, los paramilitares de Guaduas, con Dora Elizabeth y por qué? Si no lo recuerda, tampoco se estruje la mente. No tiene importancia; por alguna razón se me vinieron a la cabeza sus papás. En este país, a esos padres que joden y joden tocando puertas, buscando a sus hijos desaparecidos por años, los consideran unos fastidiosos insectos, incapaces de ver la grandeza de espíritu de quienes ansían la paz.

Así que, fresco, nadie le reprochará su silencio. Ya lo dijo el Presidente en aquellas palabras referidas al secuestro y las Farc: habrá que creerles; si dicen que no tienen cautivos, no los tienen. Son las familias que reclaman por sus secuestrados las que mienten. Por tanto, si usted dice que no sabe qué fue de Dora Elizabeth, que jamás intervino en su rapto y desaparición, habrá que creerle.

Tiene la suerte de su parte, ‘Pájaro’, porque ahora más que nunca el Gobierno, la Fiscalía y las altas cortes necesitan empapar al país de olvido y falsedades. Quieren convencernos de que enterrar la verdad es sinónimo de paz.

Por eso, qué sentido tiene criticar la próxima salida de prisión de trescientos jefes paramilitares, algunos de los cuales cumplieron sus compromisos, mientras otros nunca lo hicieron. Al menos pagaron ocho años de cárcel, contaron una que otra barrabasada y entregaron unos pocos bienes. En cambio, a los de Farc tendrán que dejarlos libres sin pasar un día de cárcel, y con el privilegio de reescribir la Historia con su inagotable caudal de falsedades.

Para qué hacer bulla con las denuncias contra usted por lo que hizo en prisión si a los jefes de las Farc les permiten ordenar asesinar desde La Habana con el aval presidencial. ¿Qué es, si no, declarar el fin de una tregua? ¿No supone dar licencia para matar? ¿Y qué significa que el Gobierno ayude a escapar a un criminal de la talla de ‘Fabián Ramírez’, con 32 órdenes de captura, al que estaban a punto de capturar? Pronto lo escucharemos pontificar sobre justicia y paz.

Mejor dicho, es el tiempo de ustedes, ‘Pájaro’. Es todo.

Salud Hernández-Mora

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