Cuando los espías son los cocineros

Cuando los espías son los cocineros

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08 de febrero 2014 , 08:19 p. m.

Al conocer la noticia de la existencia de un restaurante bogotano que servía de tapadera para grabaciones clandestinas, cualquier persona podría formularse las siguientes preguntas: ¿Hay ruedas sueltas dentro de la inteligencia del Ejército? ¿Por qué pasaron diez días antes de que se conociera el allanamiento practicado por la Fiscalía en el restaurante Andrómeda? ¿Quién filtró la información? ¿Con qué objetivo? ¿Están involucradas en este asunto fuerzas oscuras que intentan sabotear el proceso de paz? ¿Tienen contactos internos? ¿Qué buscan? ¿Quién está detrás del espionaje?

Resulta normal que los ciudadanos se propongan los anteriores interrogantes. Lo desconcertante es que todas estas preguntas –todas– las planteó el presidente Juan Manuel Santos en su alocución del 4 de febrero, al saber la existencia del extraño edificio desde el cual, escondidos en la olla del sancocho, unos militares chuzaban a los delegados a la mesa de La Habana. No sé ustedes, pero yo me pongo muy nervioso al ver que ni el mismísimo comandante supremo de las Fuerzas Armadas sabe más que el resto del país sobre lo que ocurre en una institución encargada de proteger a los colombianos.

¿Hay ruedas sueltas en la inteligencia del Ejército?, se pregunta Santos. Caramba, si él no lo sabe, nosotros menos. En su alocución se refirió también a las amenazas contra figuras políticas de izquierda, y añadió otras inquietudes a su sorprendente miserere: ¿A quién le cabe la responsabilidad de las amenazas? ¿Quién está detrás de eso? ¿Serán ‘los Rastrojos’?

El Presidente ordenó investigar a fondo lo ocurrido, pero uno se alarma cuando el jefe del Ejecutivo llega ante los colombianos con muchas preguntas y pocas respuestas. Puedo decir que desde hace años abundan las ruedas sueltas en las Fuerzas Armadas; no se trata de pequeños engranajes, sino de verdaderas ruedas de Chicago. Solo así se explica la colaboración de algunas brigadas y altos mandos con los paramilitares, los falsos positivos, la impunidad de la supuesta ‘cárcel’ de Melgar, ciertas absoluciones inesperadas y ciertas fugas inexplicables...

El caso de Andrómeda es más delicado, pues se refiere al proceso de paz, un proyecto del Gobierno en el que lo acompañamos millones de colombianos. Entorpecerlo, como pretenden algunos jefes políticos y mandos uniformados, es atentar contra las ilusiones de la mayoría de una población hastiada de violencia, de pólvora, de espionajes... Santos ha dado plazo hasta el viernes para que le rindan informe sobre la investigación del restaurante espía. Esperamos que sus preguntas, que son las mismas nuestras, tengan respuesta satisfactoria y se tomen las medidas que las conclusiones aconsejen.

Me aterra, sin embargo, que el Procurador pueda interferir en el trabajo que adelanta la Fiscalía General de la Nación. Alejandro Ordóñez ya anunció que él también aguarda los resultados de la pesquisa para decidir si declara su “poder preferente” en el asunto y asume el caso su despacho. Párenlo. No lo dejen, por favor. Su trayectoria no garantiza imparcialidad ni objetividad en lo que concierne al proceso de paz. Por el contrario, sus reiterados ataques al proceso, su viaje a La Haya a boicotearlo, sus castigos a los líderes de izquierda, sus amenazas a los observadores de los diálogos en Cuba y sus comprobados vínculos con el expresidente Uribe –máximo enemigo de la iniciativa– lo descalifican como autoridad para adelantar la investigación e imponer sanciones.

La irrupción del Procurador en el escenario solo aportaría mayor oscuridad y sospechas en un episodio que tiene boquiaberto al mismísimo Presidente de la República.

ESQUIRLAS. Con votos de los internautas, la Fundación Manos Limpias acaba de conceder los Premios Carroña de alta corrupción. Primero, el Congreso de la República. Segundo, la Cámara de Comercio de Barranquilla. Tercero, el Concejo de Bogotá.

Daniel Samper Pizano
cambalachetiempo@gmail.com

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