Maestros del acordeón

Maestros del acordeón

Libro de Roberto Montes Mathieu, Premio 2013 a la mejor publicación sobre el tema.

30 de enero 2014 , 08:34 p.m.

El premio fue otorgado por la Universidad Popular del Cesar.

Un texto contra el olvido como lo que hay que hacer en tantos campos de la cultura, con anotaciones precisas para apreciar a cada personaje en su contexto. Por eso quiere ratificar su gran presencia en la cultura colombiana. Me parece que podría servir de modelo para publicaciones similares que contribuyan al desarrollo de nuestras artes. Se trata de una obra hecha en forma paciente con la búsqueda por años de los protagonistas. Hay en ello casi un énfasis pedagógico del literato y el melómano que con el fundamento de su cultura, vuelve a sus raíces para observar sus significados. Además, se puede leer como un conjunto de historias, incluso porque ellas trascienden su tema musical hacia la vida de sus protagonistas. Su propósito, dejar constancia del peso literario de la cultura popular de la costa Caribe colombiana. El autor resalta el papel de narradores que cumplen estos músicos como parte de las manifestaciones orales de la región. Y esta condición se encuentra unida al humor que define sus creaciones Incluso, el autor habla de Maestros del acordeón como una forma literaria acorde con el tratamiento más reciente a la crónica.

Los protagonistas son tratados como aedas y cantores que nacen de la entraña de nuestro país. Se trata de ilustres desconocidos aunque la gente conozca y haya cantado sus canciones. Ellos son Pacho Rada, Alejo Durán, Abel Antonio Villa, Calixto Ochoa, Aníbal Velásquez, Lisandro Mesa, César Castro, Aniceto Molina, Alfredo Gutiérrez y Enrique Díaz. Son personajes que al leer sus composiciones, el lector corriente se sorprende de que haya un autor para canciones que han marcado época en varias generaciones de colombianos y de los países vecinos. Y por eso alguien le atribuía a una película de Hollywood una de sus composiciones.

Ante estas páginas se tiene la certeza de la recuperación de más de una historia perdida, la de los juglares que cantan con su acordeón. Es un texto que hay que celebrar por ser parte de un inventario siempre inconcluso, y en el que cultores literarios como su autor cumplen un papel clave. Allí se advierte su claro propósito de hacer memoria en torno a lo que podría denominarse una propiedad nacional. Es una mirada humana sobre los seres que están detrás de sus melodías. Sin doctrinarismos ni fundamentalismos de este tipo de lecturas, ni interpretaciones antropológicas y demás. Refleja al hombre sencillo que hay en el autor como la medida para acercarse a estos maestros. Precisamente hablando de César Castro, el gran corralero como lo llama, anota que su vocación le viene de la madre. Además, Calixto Ochoa, el gran maestro le cuenta que ha vivido de la música desde cuando la asumió como medio de vida. Se considera que ha sido un compositor que ha corrido con suerte por la acogida que han tenido sus canciones. Muchos identificamos a Montes Mathieu como narrador de cuentos como “El cuarto bate”, su novela Para qué recordar, con un fondo musical como sugiere su título, y una serie de sorprendentes relatos cortos, y un reportaje al poeta Ibarra Merlano para hablar de la relación de García Márquez con Sófocles.

ALONSO ARISTIZÁBAL

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.