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CINE

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de enero 2014 , 07:30 p. m.

ANINA

Dirección: Alfredo Soderguit
Con las voces de: Federica Lacaño, Guillermo Pardo, Martina García

Anina Yatay Salas es una niña de 10 años, cuyo nombre es motivo de burla por parte de sus compañeros de escuela. Pero para su padre el nombre de Anina responde a su obsesión por los palíndromos, aquellas palabras “que se leen de ida y vuelta”. Esta película, coproducción entre Uruguay y Colombia, es el primer largometraje uruguayo de dibujos animados y también el debut en el cine del ilustrador Alfredo Soderguit. Para el director la estética de su ópera prima, que le tomó 8 años, tiene una cualidad muy pictórica con dibujos muy elaborados de los personajes. El resultado es una cinta que dice cosas importantes, cuidadosa en su contenido y factura y que describe con delicadeza y fina observación la vida cotidiana y el mundo infantil.

Está claro que la película opta por un ritmo pausado que corresponde al tiempo expandido de los niños. Expresa también con gran acierto el peso que para ellos tienen las tareas difíciles y el temor y el terror a los castigos. Hay una crítica a la educación como sufrimiento y también toca el tema de la inmigración. El personaje de Anina es encantador y lleno de curiosidad por todo. El único lunar es tal vez el ritmo demasiado lento de la narración. Anina obtuvo el premio a Mejor director y Mejor película en la Sección Colombia al 100% en el Festival de Cartagena Ficci 53 el año pasado y el premio del público en el Bafici y en Anima Mundi en Brasil.

LA VIDA DE ADÉLE

Dirección: Abdellatif Kéchiche
Con: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux

Los grandes temas del cine re­quieren de grandes directores. El realizador franco-tunecino Abde­llatif Kechiche (‘La culpa la tuvo Voltaire’, ‘La escurridiza o cómo esquivar el amor’) en su sexta pe­lícula ‘La vida de Adèle, capítulo uno y dos’, tiene como tema cen­tral el amor. Y le hace justicia al abordarlo con una intensidad que no da tregua y con absoluta ma­durez. También guía la historia el amor a la literatura (Pierre de Ma­rivaux), al cine, a sus personajes y a la libertad. Y a la par está el de­seo genuino de lograr el máximo de verdad y de negarse a cualquier artificio. En esa búsqueda no ca­ben ni el pudor ni los términos me­dios, pero sí todos los riesgos: son 3 horas de duración del filme –que no se sienten para nada– a fin de abarcar 10 años en la vida de su protagonista, el amor y su comple­jidad, un rodaje de 4 meses y medio y una fil­mación agotadora para sus protagonistas (el director no apagaba la cámara) con exigentes y largas escenas de sexo, comida y momentos altamente emotivos.

El despertar sexual, el primer amor, la bús­queda de la propia identidad, el difícil cami­no hacia la madurez, la desilusión, el dolor y la pérdida. Esta película es pura concentración en la relación de dos jóvenes: Adèle de 15 años y Emma, unos años mayor y quien lleva el pelo azul. Resulta magistral la naturalidad de las actuaciones. El rostro expresivo de Adèle, pre­sente prácticamente en todos los planos, co­munica el amplio espectro de sus emociones, desde las más sutiles hasta las más profundas.

La película es también extraordinaria en su capacidad de observación, en la delicadeza para describir por ejemplo la etapa de seduc­ción entre Adèle y Emma, sus miradas, sonri­sas y gestos. Al inicio la película cita al nove­lista y dramaturgo francés Marivaux cuando Adèle se refiere a su novela La vida de Ma­rianne: “Hay muchas descripciones, explo­ra sentimientos y se mete debajo de la piel de la mujer”. Y esto es precisamente lo que logra Kechiche, quien además hizo una adaptación libre de la novela gráfica El azul es color más cálido, de la dibujante belga Julie Maroh.

“Abdel quería que todas las escenas tuvie­ran el mismo peso, las escenas de sexo, las de comida, del colegio y de la familia. Todo al mismo nivel”, explica la actriz protagonista Adèle, cuyo nombre significa justicia en ára­be. Hay justicia en todos estos aspectos de la película y en el máximo premio obtenido en Cannes, la Palma de Oro, que también reco­noció a sus maravillosas actrices.

MARTHA LIGIA PARRA

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