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Paisajes honestos

Paisajes honestos

La diversidad de la vida en libro de Diana Pombo.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de enero 2014 , 09:32 p. m.

¡Solo el viaje nos entrega la humildad. Solo el viaje nos demuestra la infini­tud de formas de ser y la inmensa be­lleza de la diferencia. Solo el viaje nos permite tejer una historia de mundo en la cual nuestro quehacer cotidiano tie­ne sentido!

El viaje y las conversaciones, que, como a Humboldt, revelan la comunión en la diver­sidad, el Cosmos. En este libro, un particular viaje ecuatorial donde las luces persistentes del cinturón intertropical del planeta, raras ve­ces mostradas así, nos enseñan algunas de las múltiples posibilidades de ser, donde la pala­bra invierno no existe y son el agua y la biodi­versidad las encargadas de regular el mundo. Y donde la mirada de la gente hace que el agua y la biodiversidad recorran el cami­no sutil de las culturas, que saben que si les tratan amorosamente serán aliadas, arrogantemente, enemigas.

En los viajes de Diana hablan los niños, las mujeres, los hombres, pero también sus animales, sus plantas, los muertos, los objetos. Las casas. Las montañas y los raudales. Los árboles silvestres y los cultivos, la basura. Todo aque­llo que en esas extrañas conver­saciones ecológicas que definen el mundo de hoy, se convierte en un paisaje, que como una sinfonía nos permite sentir la ebullición de la vida, a veces torrencial, a veces arisca, a ve­ces plácida. Ante todo amplia, abierta, sin la penumbra del hacinamiento urbano que limi­ta la vista a un par de metros y a menudo atra­pa el espíritu en el laberinto de la simplicidad.

Paisajes honestos, donde el hombre ara­ña transita con los mismos derechos que un balde de pintura reciclado para transportar agua, diez pares de botas de caucho... y las al­pacas, los peces, las gallinas, las palmas, los mangles, las estalactitas, los maíces, las no­vias, los pimientos, las corocoras.

Las voces que se entretejen para mostrar que todo tie­ne un lugar, que las conexiones entre los seres son misteriosas, complejas, afortunadamente creativas, pero que su destino es incierto, mu­cho más de lo que los dioses les depararon en los mitos, pues hoy el mundo está inevitable­mente conectado y será el cambio global, cuya fuente no vino de esos trópicos y ya está sella­da, el que defina los nuevos paisajes, el lugar de las cosas y de qué manera, si tenemos suer­te, todo ello persistirá.

BRIGITTE BAPTISTE

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