Tramposos y graciosos

Tramposos y graciosos

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29 de enero 2014 , 07:37 p.m.

Lo primero que hay que tener claro al momento de abordar una película como Escándalo americano (American Hustle, 2013) es saber cuáles son las expectativas que como espectador se llevan. Si uno piensa en este filme como un drama, la decepción no se hace esperar; pero si se toma como una comedia, nos aguardan muchas satisfacciones. El director David O. Russell no pretende engañarnos: desde la primera escena con ese peluquín, sabemos que esta película hay que tomársela mucho más a la ligera y sin tantas pretensiones. De esa forma podemos disfrutarla mucho más, y no con la ambigüedad de su película previa, Los juegos del destino (Silver Linings Playbook, 2012), que no acababa de ser dramática ni graciosa.

Pero no piensen, por favor, en el humor tipo Adam Sandler. Esta es una comedia sofisticada, que se apoya ante todo en los intercambios verbales de los protagonistas, muy a la sazón de las screwball comedies del Hollywood clásico, que no requerían golpes, porrazos y bromas escatológicas para hacer reír. David O. Russell plantea una situación definida, y los diálogos se encargan de obrar maravillas en quien tenga los sentidos aguzados.

Un aviso al principio del filme nos advierte que “Algo de esto realmente ocurrió”, pues la narración parte de sucesos reales. Se trató de la operación Abscam, que el FBI diseñó a finales de los años setenta para atrapar falsificadores de arte y que terminó detectando un nido de corrupción política que involucró a congresistas y al alcalde de Camden, en New Jersey. En la película, un agente del FBI (interpretado por Bradley Cooper) consigue que una pareja de estafadores, Irving Rosenfeld y su amante Sydney Prosser (Christian Bale y Amy Adams), accedan a infiltrarse entre los sospechosos utilizando sus contactos. La película está narrada por Irving y por Sydney, y sobre ellos recae el peso de la historia. El contrapunto cómico está a cargo de Cooper y de Jennifer Lawrence, en el papel de la esposa de Irving.

Súmense una excelente ambientación, música, vestuario, maquillaje y peinado, y tendremos una obra que se desliza fluida por los terrenos de los filmes de Scorsese y del cine de tramposos sin nunca mancharse de sangre. Hasta final feliz tiene. Escándalo americano puede ser leve, pero es eficaz, y lo mejor: cumple lo que promete.

Juan Carlos González A.

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