Editorial: Fallo sin tormenta

Editorial: Fallo sin tormenta

27 de enero 2014 , 07:56 p.m.

Ayer, la Corte Internacional de Justicia rediseñó los mapas de dos países de América Latina –Chile y Perú– y, una vez más, acudió a una argumentación jurídica que nos resultó familiar. Pero, con la lectura del fallo, acabaron las similitudes con el caso Colombia-Nicaragua. La introducción de un elemento controvertido en la sentencia no dio pie ni al discurso de confrontación bilateral ni a la deslegitimación del proceso legal.

El tribunal esgrimió un péndulo de argumentos que, en algunos momentos, pareció inclinar la balanza a favor de Perú y en otros, en beneficio de Chile, un vaivén habitual en este órgano judicial.

Conviene recordar que en una demanda instaurada en el 2008, Perú pidió como frontera marítima la línea equidistante hasta las 200 millas. Para Chile, los espacios marítimos habían sido delineados por mutuo acuerdo y el paralelo 18° 21’ de latitud constituía un límite en firme que comenzaba en el punto de terminación de la frontera terrestre.

La Corte reconoció la existencia de la frontera, dando la razón a Chile, pero entró a variarla mediante una reflexión algo sui géneris, permitiéndole así la ganancia a Perú. En 1954, ambas naciones habían firmado un convenio que estableció “una Zona Especial, a partir de las 12 millas marinas de la costa, de 10 millas marinas de ancho a cada lado del paralelo que constituye el límite marítimo entre los dos países”. La Corte, teniendo en cuenta que, por esa época, las actividades económicas alcanzaban hasta las 60 y máximo las 80 millas de la costa, fijó como límite el paralelo 18° 21’ hasta las 80 millas.

De ahí en adelante, aplicó la línea media sin modificarla por la existencia de “circunstancias especiales” (no encontró cayos, islas o islotes), ni por diferencias significativas en el tamaño de las costas. Vale la pena recordar que, utilizando la misma fórmula, la Corte se abocó a estudiar la situación de los cayos y a aplicar la proporcionalidad con base en las costas enfrentadas –65 kilómetros de Colombia frente a 531 kilómetros de Nicaragua–.

Aun con un razonamiento tan sorprendente, Chile, que perdió derechos económicos sobre un espacio importante, aceptó la decisión. Tanto el presidente actual, Sebastián Piñera, como la presidenta electa, Michelle Bachelet, enfatizaron en lo doloroso del hecho, pero también en su carácter de obligatorio cumplimiento.

Los mandatarios de los dos países mantuvieron ya una conversación telefónica y es probable un encuentro en la Cumbre de la Celac, en La Habana. Aunque parecen bastante claras, la Corte omitió la definición definitiva de las coordenadas disponiendo que sean acordadas en espíritu de “buena vecindad”, estado de ánimo que ha prevalecido en ambos lados de la frontera a lo largo del proceso.

Cabe destacar que los dos gobiernos anunciaron su disposición de privilegiar la fluidez de la relación bilateral por encima de las diferencias limítrofes. Queda ahora por cumplir el fallo. Chile quiere una implementación gradual y Perú, una inmediata. Pero lo claro es que los dos avanzarán en medio de un clima de entendimiento facilitado por la madurez que han mostrado sus clases políticas.

Atrapado en medio de nuestra tradición de respeto al derecho internacional y una opinión pública polarizada, el Gobierno debería mirarse en este espejo. Como lo hemos dicho anteriormente, es el momento de emprender el camino del diálogo que hoy nos marcan estas dos naciones.

EDITORIAL

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.