El gran negocio de la Piraquive

El gran negocio de la Piraquive

27 de enero 2014 , 06:13 p.m.

Las revelaciones que los medios de comunicación han venido haciendo sobre la inmensa fortuna de la señora María Luisa Piraquive, líder de la llamada Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, obligan a escribir sobre la forma como esta señora se ha enriquecido a costillas de miles de colombianos que, en su ingenuidad, se han dejado seducir con falsos mensajes sobre la presencia de Dios en sus vidas. Cada informe que los medios publican sobre sus propiedades en el exterior demuestra que, aprovechándose de la fe, esta familia ha acumulado una riqueza que debe ser investigada por la justicia. Sobre todo para determinar qué delitos han cometido. Y cómo han sacado el dinero del país.

La señora María Luisa Piraquive se autoproclamó desde hace varios años como ungida por Dios. Dice que a los 7 años de edad el Espíritu Santo le señaló el camino que debía seguir para conquistar almas que alabaran al Creador. Lo que le sirvió de pretexto para amasar una gran fortuna. Haciéndoles lavado de cerebro a quienes ingresan a su iglesia, logra manipular su voluntad para hacerles creer que Dios habla a través de ella. Y como todavía existen colombianos que ponen sus esperanzas en manos de falsos profetas, los convence para que diezmen diciéndoles que si no lo hacen, Dios los castigará. Así logró pasar de operaria de una empresa de confecciones a acaudalada empresaria.

¿Qué hay detrás de este enriquecimiento desbordado de una familia que hace algunos años vivía en un barrio humilde de Bogotá? Muy simple: el engaño a personas incautas que, por no tener preparación, se dejan esquilmar por avivatos que saben cómo manejar la voluntad de quienes tienen momentos de incertidumbre existencial. Los relatos de algunos seguidores que se han distanciado de esa iglesia muestran la forma como manipulan a los creyentes. Eso de hablarles al oído, durante el acto de imposición de manos, sobre la forma como va a cambiar su vida, haciéndoles creer que es el Espíritu Santo el que les está hablando, es un truco para hacerles creer que Dios va a llenar sus vacíos espirituales y, por lo tanto, les va a asegurar el cielo.

Indignación es lo que debe causar en quienes han entregado su dinero a la iglesia liderada por la señora Piraquive ver cómo sus aportes han incrementado el patrimonio de una familia que, escudada en la fe de los creyentes, les arrebata parte de sus ingresos. Tener en los Estados Unidos viviendas de tres millones de dólares es una afrenta contra sus seguidores. Sobre todo cuando se sabe que han dilapidado, en excentricidades como baños de 140 millones de pesos, los recursos que les han entregado pensando que eran una ofrenda para Dios. Rabia es lo que deben sentir quienes se han sentido defraudados de esta manera.

Las lujosas propiedades que la familia Piraquive ha adquirido en los Estados Unidos comprueban que los dineros que recoge la empresa familiar que lleva el rimbombante nombre de Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional tienen como destino el bolsillo de una familia que sabe explotar a miles de intonsos con su mensaje bíblico. Tienen el poder de cambiarle la forma de pensar a la gente. Y aunque dicen que el diezmo es voluntario, obligan a que se les entregue convenciéndolos de que Dios no estará con ellos en los momentos difíciles. Lo más grave es que la gente se come el cuento de que Dios necesita esa plata para salvar las almas. ¡Hasta dónde llega la ingenuidad!

Todo lo que la prensa colombiana ha revelado en los últimos días sobre esta señora debe servir para que la gente abra los ojos frente a los mercaderes de la fe. Y para que no se dejen engañar por esos falsos profetas, que se autoproclaman mensajeros de Dios sólo para lucrarse del trabajo de los creyentes. Duele saber que Colombia es tierra abonada para este tipo de personas. Aquí cualquiera que quiera enriquecerse, con solo leer la Biblia puede abrir una iglesia de garaje para pregonar la palabra de Dios. Y no faltarán incautos que crean en personajes como María Luisa Piraquive, que se inventan historias para hacerles creer que ellos son los ungidos para brindarles la salvación.

José Miguel Alzate

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