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Editorial: La hora difícil de Argentina

Editorial: La hora difícil de Argentina

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de enero 2014 , 07:33 p. m.

Que las cosas no pintaban bien para la economía argentina es algo que los analistas sabían hace rato. Aun así, la certeza no aminoró el impacto de lo ocurrido la semana pasada, cuando la moneda del país austral se devaluó un 15 por ciento en apenas 48 horas. Si bien el viernes tuvo lugar un respiro, solo a partir de hoy se sabrá si la calma retorna o no.

Todo depende de la habilidad del gobierno de Cristina Fernández de demostrar que tiene la situación bajo control. No obstante, los observadores son pesimistas tanto por las ausencias de la Presidenta –quien se encuentra de visita en Cuba–, como por las señales contradictorias que envía su equipo.

Por ejemplo, el ministro de Economía, Axel Kicillof, dio marcha atrás ayer en una entrevista al anuncio hecho el viernes, con respecto a la rebaja en el impuesto que deben pagar los argentinos que desean comprar dólares para viajar al exterior. El planteamiento del funcionario, sobre una conspiración en marcha, es una mala señal, pues no parece que se quieran enfrentar las causas del problema.

Y estas incluyen una caída sustancial en el monto de las reservas internacionales, que de 47.821 millones de dólares a octubre del 2011 pasaron a 29.063 millones este mes. A pesar de los esfuerzos desesperados del Ejecutivo por evitar la salida de divisas mediante una serie de medidas que rayan en el absurdo, la cantidad disponible sigue disminuyendo.

También es fundamental ponerle coto a la inflación, calculada en 25 por ciento anual, la segunda más alta de América Latina. El lío es que la Casa Rosada no reconoce esa cifra, a pesar de que el Fondo Monetario cuestionó a la entidad que publica las estadísticas oficiales y que dice que la carestía apenas llega al 10 por ciento.

Los desafíos no terminan ahí. Aunque en principio la depreciación del peso argentino debería servir para que baje la presión, el tipo de cambio en el mercado paralelo es casi un 40 por ciento más alto. Como si eso fuera poco, un mayor costo de las importaciones puede estimular una espiral alcista, lo cual también alimenta el descontento popular por la baja en el poder adquisitivo.

De tal manera, el pronóstico no es alentador, sobre todo para un gobierno cuya debilidad política es notoria y para una nación que siente el efecto del fin de la bonanza en las cotizaciones de los productos básicos que vende al exterior, como la soya.

Mientras la madeja se desenrolla, la expectativa es grande en varias capitales. Y es que el sacudón de hace unos días fue suficiente para que los mercados de valores en diversas latitudes vieran sus índices a la baja. De manera paralela, monedas como la lira turca o el real brasileño perdieron terreno, lo que confirma que los vasos comunicantes existen y que este no es un tema menor.

Más allá de la suerte de Argentina, lo que está bajo observación es la capacidad de las naciones emergentes de enfrentar la turbulencia y evitar que los capitales que llegaron en la época de las vacas gordas salgan en busca de refugios seguros. Si bien hay casos de casos y los justos no deberían pagar por los pecadores, una situación de pánico golpearía al mundo en desarrollo.

Ante esa eventualidad, Colombia debe estar atenta. Es verdad que el país tuvo la fortuna de asegurar sus necesidades de financiamiento externo un día antes de que arreciara el temporal, pero el hecho de que el dólar haya franqueado la barrera de los 2.000 pesos es una muestra de que nadie va a salir indemne de un sacudón que aún está lejos de terminar.

editorial@eltiempo.com.co

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