El regreso de tres leyendas del tenis

El regreso de tres leyendas del tenis

Los ex número uno Edberg, Becker e Lendl están de vuelta en las canchas, como entrenadores.

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25 de enero 2014 , 09:07 p.m.

Stefan Edberg no tenía grabado en su celular el número de quien ese día lo llamó. Era Roger Federer. El sueco contestó y quedó sorprendido. Se saludaron cordialmente, sin la confianza de los buenos amigos porque hasta ese momento no habían compartido ni siquiera una conversación muy larga. Era fines del año pasado y Federer –el hombre de los 17 grand slams– estaba cerrando una de sus temporadas más difíciles, sin haber tenido entre manos un título grande. El suizo le dijo a Edberg que lo quería como parte de su equipo de entrenadores. Decidieron probar una semana, durante el pasado torneo de Dubái, a ver si la química daba para trabajar juntos. Días después, Federer lo anunció como su nuevo coach.

Esto fue, por un lado, una señal de que el suizo no estaba pensando en el retiro, como muchos pronosticaban. Y por otro, la confirmación de una nueva tendencia: el retorno de grandes leyendas del tenis, ahora como entrenadores. En diciembre del 2011, el checo Iván Lendl había empezado a trabajar con Andy Murray; y, pocas semanas antes de que Federer se decidiera por Edberg, el serbio Novak Djokovic había anunciado la llegada de Boris Becker a su equipo. Estos han sido los nombres que más han sonado en los titulares deportivos porque se trata, en los tres casos, de ex números uno del ranking mundial, sin embargo, no son los únicos exjugadores que ahora hacen de coach. Michael Chang está con Kei Nishikori y Sergi Bruguera, con Richard Gasquet, por citar dos casos más. “El tema de los entrenadores se convirtió en la historia de la temporada”, opinó hace poco la extenista y ahora comentarista Chris Evert.

El primer binomio que convocó las cámaras fue el del escocés Andy Murray e Iván Lendl. Murray, considerado uno de los tenistas más inteligentes del circuito, con un lugar asegurado desde hace años entre los primeros cuatro, cargaba con la cruz de no haber ganado un grand slam, sobre todo Wimbledon que tanto le reclamaban sus compatriotas. Algo parecía faltar para el gran salto. Y ese algo podía ser un nuevo aire al mando.

El australiano Darren Cahill –extenista también, parte del equipo del escocés– llamó a Lendl y lo invitó a conversar. En esos momentos el extenista (nacionalizado estadounidense) estaba más dedicado a su nueva pasión, el golf, que a seguir los pormenores del tenis profesional. Se reunieron y Lendl le preguntó qué buscaba Murray, para ver si estaban “en la misma página”. Aceptó. Lendl –de 53 años, ganador de ocho grandes–, apareció en el banco del escocés sin soltar ni una sonrisa ante las mejores jugadas de su pupilo. Los resultados llegaron: Murray consiguió el Abierto de Estados Unidos y ganó –por fin, para los británicos– Wimbledon.

“Vine aquí a que Andy gane –dijo Lendl en una de sus pocas ruedas de prensa, tan serio afuera como lo era en la cancha–. Creo que ha madurado como jugador, competidor y persona”. El propio escocés ha contado cómo recibió al astro en su equipo: “En nuestra práctica inicial, quise impresionarlo como lo hice con mi novia en la primera cita”. Murray reconoce que su trabajo con Lendl (que paradójicamente nunca ganó Wimbledon) ha cambiado su mentalidad y le ha enseñado a asimilar las derrotas del pasado.

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Es posible que el éxito de esa dupla haya llevado a otros grandes a pensar en intentar lo mismo. El actual número dos del escalafón mundial, el serbio Novak Djokovic, eligió nada menos que a Boris Becker, el alemán que fue número uno en 1991, que ganó seis grandes y que era conocido por su fortaleza mental en la cancha. “Estoy encantado de trabajar con él. Boris es una leyenda auténtica”, dijo Djokovic al anunciar la noticia. Becker se retiró del tenis profesional en 1999, pero seguía vinculado como comentarista en la televisión. No dudó un segundo en dejar ese trabajo y unirse al equipo del serbio, donde comparte funciones con el entrenador de siempre de Novak, Marian Vadja. Fue el mismo Vadja, de hecho, quien reconoció que Djokovic necesitaba un nuevo entrenador que le permitiera mejorar detalles de su juego.

A esta pareja, Novak-Boris, algunos no le vaticinan mucho tiempo. Quizá por sus temperamentos explosivos. Lo cierto es que se les ha visto buena vibra, tanto que en uno de los partidos del Abierto de Australia que hoy termina, Djokovic hizo una de sus famosas imitaciones, esta vez con el clásico saque del alemán. “Necesitaba a alguien a mi lado que hubiera atravesado las mismas situaciones que yo en los grandes torneos –dijo el jugador serbio en una rueda de prensa–. Que me reforzara la parte mental. Por eso confié en Boris”.

A lo que se refiere Djokovic parece ser la constante en la búsqueda de estos jugadores de élite: alguien que sepa lo que se vive en las instancias más exigentes, teniendo en cuenta que el tenis es uno de los deportes más solitarios. Es el jugador consigo mismo. En la cancha. Lo que estas viejas leyendas pueden brindarles es más compañía e inspiración que otra cosa. Como dijo Michael Chang en un reportaje del New York Times: “Nosotros tenemos la experiencia de haber estado ahí. Sabemos lo que funciona y lo que no”.

Antes de esta oleada de figurones, lo habitual era que exjugadores que no habían logrado llegar a las primeras líneas fueran los que terminaran entrenando. El estadounidense Larry Stefanki es uno de los mejores ejemplos: en su vida activa llegó al puesto 35 como mejor ranking, pero es visto como uno de los entrenadores más completos y ha tenido bajo su mando a talentos como Marcelo Ríos, John McEnroe y Andy Roddick. Hay otros casos, como el del sueco Magnus Norman, que alcanzó unas semanas el número dos del mundo pero tuvo una carrera corta, que estuvo tras Robin Söderling y ahora maneja a Stanislas Wawrinka, la sorpresa del reciente Abierto de Australia. O el estadounidense Paul Annacone, que nunca llegó a estar entre los mejores diez del escalafón mundial y hasta octubre del año pasado era el entrenador titular de Roger Federer.

La diferencia, entonces, es que esta nueva oleada ha traído como entrenadores a figuras acostumbradas a estar en primera línea y que ahora ceden su protagonismo en beneficio de sus pupilos. Y bueno, no se trata de unos alumnos cualquiera.

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“¿Qué se le puede enseñar a Federer?”, se preguntaba en días pasados el extenista argentino y hoy comentarista de ESPN José Luis Clerc. Eso mismo pasó por la cabeza de Edberg cuando el suizo lo llamó. “Trabajaremos solo en cosas menores –dijo el sueco–. Quiero verlo levantar de nuevo un grand slam”. Edberg –de 47 años, ganador de seis grandes y ex número uno tanto individual como en dobles– dejó huella por su juego elegante y su presencia poderosa en la red, uno de los aspectos por reforzar en el suizo. A punto de cumplir 33 años, Federer está interesado en hallar rutas más rápidas para entrar al ataque y acortar los puntos. Así se lo vio en Australia, primera etapa de esta pareja. Y si se trataba de intentar cosas nuevas, a quién más iba a buscar el suizo (con un puesto ya como uno de los mejores de la historia) que a su ídolo de infancia. “Stefan es uno de los más grandes de todos los tiempos –ha dicho Federer–. Más que un entrenador, lo veo como inspiración. Tengo una leyenda en mi equipo”.

En este abierto australiano, Federer comenzó renovado, probó una raqueta más ancha, superó a nombres difíciles, como el propio Murray. Sin embargo, cayó en semifinales con Rafael Nadal, que se ha convertido en su obstáculo infranqueable y contra quien parece jugar más lo mental que lo físico. Ese es un tema que espera trabajar con Edberg, uno de los tenistas con mentalidad más fría que han pisado el circuito. “Hay algunas cosas que quiero decirle para que ponga en práctica”, comentó Edberg, que acompañará al suizo solo diez semanas de la temporada y compartirá el trabajo con Severin Luthi, habitual entrenador del suizo. Claro, las cosas que estas leyendas están trabajando con las actuales estrellas parecen top secret. “No voy a sentarme aquí a contarles lo que estamos entrenando. Yo no nací ayer”, dijo Lendl.

Estos tres binomios van a definir si es cierto o no el mito de que un buen jugador es mal entrenador. O, por lo menos, que las relaciones entre grandes figuras no suelen funcionar. Un ejemplo cercano de fracaso fue el intento de alianza entre María Sharapova y Jimmy Connors, en esta temporada: duraron solo un partido trabajando juntos. La rusa se disculpó con el extenista estadounidense y dijo que, con el estado de ánimo que estaba pasando, ningún entrenador hubiera funcionado. Las cosas van mejor con Lendl, Becker y Edberg.

Se logren o no sus objetivos, es un lujo ver a estos astros enfrentados por sus jugadores como lo hicieron ellos años atrás. Solo falta que Nadal se una a la ola, aunque es difícil que despida a su tío Tony como entrenador. Hace poco le plantearon el tema al español. Rafa, en broma, respondió: “Estoy pensando en McEnroe”.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

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