Editorial: La revolución del Sena

Editorial: La revolución del Sena

23 de enero 2014 , 07:53 p.m.

Nandy Vanessa tiene 18 años. Es una joven que obtuvo uno de los cupos que el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) ofrecía para estudiar Tecnología para el Diseño de la Comunicación Gráfica. Gratis. Su talento la llevó a representar a la entidad en un reciente campeonato mundial de Photoshop, en Washington (EE. UU.), donde obtuvo el segundo lugar, después de Corea.

Ni ella creía en su hazaña, pero hoy bien podría simbolizar la revolución que se viene gestando en dicho organismo, el mismo que en el pasado fue catalogado como el fortín burocrático más apetecido por los políticos y trinchera inexpugnable de sindicatos caducos.

Desde sus instalaciones, unos y otros habían sacado provecho electoral o habían ganado adeptos con la vieja consigna de que al Sena lo iban a privatizar, mientras los estudiantes intentaban labrarse un futuro como técnicos o tecnólogos en diversas disciplinas.

De un tiempo para acá, vientos frescos parecen estar llevando al Sena a aguas menos turbias. Con un presupuesto cercano a los 3 billones de pesos este año, nuevos programas, una alianza eficaz con el sector privado, millonarias inversiones en infraestructura y más rincones del país cubiertos por el servicio de aprendizaje, algo bueno tenía que pasar.

Y lo demuestran hechos recientes, como la convocatoria para traer profesores que impulsen el bilingüismo en distintas regiones. Más de 100 voluntarios de 18 países aceptaron venir y hoy enseñan inglés en Bogotá y en departamentos como Caldas, Antioquia, Atlántico, Magdalena y Santander, entre otros.

Así mismo, el Sena ha lanzado programas que apuntan a que los muchachos egresados tengan hasta un 75 por ciento de posibilidades de entrar al mercado laboral y una escuela de instructores para capacitar a maestros y garantizar la calidad en la formación.

Semejantes resultados son fruto de la tenacidad de quien hoy está al frente de dicha institución, la exconsejera presidencial Gina Parody, que desde que llegó al cargo apostó por un modelo gerencial que combina la eficacia con el potencial que ofrece una entidad con 116 sedes a lo largo y ancho del territorio nacional y medio millón de estudiantes de estratos 1 y 2, principalmente.

Más allá de estos logros, lo que debe llamar la atención es que el Sena les está devolviendo el prestigio a las profesiones técnicas y tecnológicas, tan apetecidas en países desarrollados como Alemania, y que, sin embargo, aquí suelen rotularse como carreras de segunda, dado el prurito de que lo que se necesitan son ‘doctores’.

Por el contrario, un país capaz de generar una fuerza de trabajo tal que permita atender los requerimientos de una industria en pleno desarrollo está en la senda correcta, pues no solo contribuye a asegurar la equidad educativa, sino que lleva las oportunidades laborales a miles y miles de jóvenes.

Prueba de ello es que, a través de la agencia pública de empleo, 107.000 colombianos lograron conseguir un puesto de trabajo en el último año, sin necesidad de recomendaciones políticas.

Ahora, el Sena apuesta por que seis programas –por primera vez– reciban acreditación de alta calidad y por que un proceso de autoevaluación regional, que comienza en pocos días, le permita seguir avanzando hacia la excelencia en la formación de muchachos de escasos recursos. Es, sin duda, la mejor forma de garantizar que más personas como Nandy Vanessa encuentren una oportunidad real de futuro.

EDITORIAL

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