La madre que esperó 16 años por restos de víctima de Garavito

La madre que esperó 16 años por restos de víctima de Garavito

Tenía 13 años y estaba en quinto de primaria. El caso ocurrió en Pereira.

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22 de enero 2014 , 09:18 p.m.

Durante 16 años, Gloria Inés Muñoz esperó lo mismo. Cada vez que llegaba diciembre sin recibir la noticia que tanto anhelaba, la invadía la angustia. No era para menos. Desde diciembre de 1998 cuando reconoció el cinturón, el pantalón, la camiseta y los zapatos de su hijo mayor, Johan, entre las pertenencias de decenas de víctimas de Luis Alfredo Garavito, ‘la Bestia’, aguardó para recibir los restos del menor.

Sabía que no sería fácil. Al cadáver de su hijo lo encontraron junto a otros tantos cuerpos de víctimas del mismo hombre. La identificación tardaría. Y sería una espera dolorosa. Gloria cuenta la historia desde su casa en Chía (Cundinamarca), hasta donde llegó un equipo liderado por un fiscal a entregarle en una caja los restos óseos de su hijo. Del mayor, el que –dice ella– soñaba con ser pintor.

Gloria recuerda cómo Johan, que nunca había pisado Pereira, terminó viviendo allí. “Yo era madre soltera. Tenía tres hijos. Él era el mayor y el más rebelde. Había empezado a ser muy indisciplinado, a tener malas amistades. Una sicóloga me recomendó internarlo en una comunidad religiosa y así fue. Quería lo mejor para él”, cuenta. La fundación que operaba en ese entonces en Cajicá abrió una sede en Pereira. El religioso que la lideraba le ofreció un cupo para Johan en esa ciudad. Ella aceptó. Él iría a visitar a la familia en Chía a mitad de año y ella y sus otros dos hijos (menores) irían en diciembre a verlo a él. Pero no pudieron cumplirlo. O por lo menos no del todo.

Johan la visitó, como prometió, en junio. “Lo vi mejor, estaba diferente. Más juicioso”, dice ella. Se hablaban con regularidad. Ella lo llamaba, le mandaba ropa, plata. Pero durante 20 días, a partir del 13 de octubre de 1998 no supo nada de él. Le perdió la pista. Lo llamaba, no le respondían. Le escribía, nadie le daba razón. Por el trabajo que tenía no podía viajar. Solo hasta que el papá del niño decidió ir a Pereira supo que se había perdido y que días después lo encontraron muerto junto con otros menores que habían sido víctimas de Garavito.

“Reconocí la ropa. Yo se la había mandado hacía poco tiempo”, cuenta. Un año después, el 28 de diciembre de 1999, sería el mismo Garavito quien reconocería su responsabilidad en la muerte de Johan. El menor estaba vendiendo periódicos en un parque en pleno centro de Pereira cuando fue abordado por Garavito, quien lo llevó, en un carro, a la vía que conduce al municipio de Marsella. Allí lo torturó, abusó de él y lo mató.

“Es una bestia. Y no puedo creer todavía que exista un ser así”, dice Gloria, quien asegura que desconocía que su hijo hubiera sido utilizado para trabajar. “Yo de eso me enteré mucho después y nunca tuve una respuesta de la fundación que lo tenía. No sabía que además de estudiar (hacía quinto de primaria), trabajara vendiendo periódicos”. Y nunca supo cómo llegó a eso. El religioso en el que había depositado la confianza de cuidar a su hijo, nunca le explicó por qué este estaba en la calle y cómo era que se le había desaparecido en manos de Garavito.

Durante 16 años Gloria estuvo dispuesta a las pruebas que la investigación requería para identificar los restos del menor. “Iba cada vez que me llamaban, cuando fuera y adonde fuera. La última, recuerdo, fue el año pasado (…) siempre supe que sería un proceso largo. Desde el principio cuando me advirtieron que el estudio tomaría más de diez años”.

Gloria cuenta que solo ahora que sus dos hijos menores ya son un par de adultos, entienden lo que pasó. Así ni ella ni ellos acepten la condena que recibió Garavito. “Es increíble que una persona así sea condenada a 40 años por todos los crímenes que cometió. Alguien como él, merecería cadena perpetua”, repite.

‘Un caso particular’

Desde 1999 hasta la fecha han sido identificados y entregados por parte del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de Pereira 12 restos de menores víctimas de Garavito. Hay ocho más en espera porque no se tiene noticia de quiénes pueden ser sus familiares. Las cifras las da el director del CTI en esa ciudad, Jorge Mario Trejos, quien tilda este caso de “particular”, al recordar las características de las víctimas.

“El proceso de identificación toma tanto tiempo porque en este caso hallamos huesos de varias víctimas mezcladas y al ser menores, apenas están en crecimiento, lo que dificulta saber a qué parte del cuerpo pertenecen y mucho más a quién corresponde”, explica. Añade como otro problema la cantidad (miles) de estudios que se llevan a cabo en el departamento de genética de Medicina Legal. “Hay procesos de identificación de víctimas de paramilitares, de guerrilla (…)”.

Trejos explica que hubo también que repetir muchas muestras de laboratorio para tener mayor certeza en las identificaciones y que el hecho de que algunas familiares no hubieran reportado como desaparecidos a los menores que terminaron siendo víctimas, también dificultó el proceso en que intervienen antropólogos y varias ramas de la medicina.

Durante todos estos años de investigación, los restos han estado bajo cadena de custodia en el laboratorio de criminalística del CTI de Pereira y otros, en estudio, en el laboratorio de genética de Medicinal Legal, en Bogotá.

Garavito ha confesado más de cien crímenes y paga una condena de 40 años en la cárcel de máxima seguridad de Valledupar.

SALLY PALOMINOsalpal@eltiempo.com
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

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