El espectáculo de los toreros que no matan al toro

El espectáculo de los toreros que no matan al toro

Un grupo de recortadores (toreros acrobáticos) de España está en los ruedos de Colombia.

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21 de enero 2014 , 08:17 p.m.

Estos toreros están mostrando un espectáculo sin espadas, banderillas ni picadores. El animal vuelve vivo al corral.

Diego Navarrete, español de 22 años, es un hombre menudo (163 centímetros de estatura y 45 kilogramos de peso) y, aun así, está de pie sobre la arena frente a Ónix, un toro de lidia color negro azabache de 450 kilos, de mirada fija y desafiante, dispuesto a embestir cualquier cosa que se le atraviese.

Veinte metros separan al hombre de la bestia. Repentinamente, el animal emprende la carrera y arremete con fiereza contra Navarrete, quien, en lugar de huir, como lo haría cualquiera respondiendo al instinto de supervivencia, se dirige hacia él a toda velocidad. Ónix, además de pesar diez veces más que él, tiene casi su misma estatura.

Mientras la escena transcurre en la plaza de toros César Rincón, de Duitama (Boyacá), a tres horas de Bogotá, entre los miles de asistentes se escucha un constante rumor que pone en evidencia el temor y el asombro generados por el espectáculo.

La tensión baña el ambiente; el choque entre los dos parece inminente. Aunque se dirigen a toda máquina el uno contra el otro, mientras los pasos del toro hacen retumbar el suelo, los de Navarrete son ligeros y apenas rozan la arena.

En el último instante, en el momento justo, cuando el toro agacha su cabeza y se prepara para embestirlo con sus cachos filosos, el hombre, mejor conocido en el mundo taurino como ‘El Niño’, pega un brinco de casi dos metros de alto y pasa sobre el lomo de Ónix dando un giro mortal en el aire.

El toro sigue derecho y el hombre aterriza sobre la arena, dispuesto a ingeniarse otra llamativa manera de burlar al feroz animal en su siguiente número. Todo transcurre en menos de cuatro segundos y el público se deshace en aplausos ante la inesperada maniobra.

“¿Miedo a la muerte? No. Yo más bien diría que respeto, pues si tuviera miedo no sería capaz de hacerlo”, dice ‘El Niño’, conocido así porque a sus 22 años fácilmente podría pasar por un adolescente de 16, no solo por su contextura sino por su rostro infantil.

Su acrobacia es una más del repertorio del grupo Arte Valenciano, compuesto por cinco hombres que se dedican a una suerte de toreo conocida como recorte de toros, en la que no hay maltrato contra ellos, pues durante sus corridas no hay ni picadores, ni banderilleros, ni espadas, ni, por lo tanto, sangre. Al final de la faena, el toro regresa a su corral a seguir su vida.

“Para nosotros, lo más importante es el animal y su bienestar, pues mientras mejor sea su estado de salud, mejor será el espectáculo”, explica Juan José Martínez, conocido como ‘Majete’, líder de Arte Valenciano, agrupación que estará en Colombia durante los primeros tres meses del año haciendo presentaciones, similares a la de Duitama, en ciudades como Sincelejo, Medellín y Cartagena.

Aparte de ‘Majete’ y ‘El Niño’, el grupo está integrado por Daniel Díaz Tadeo, ‘Tade’; Jaume Bosch, ‘Potro’, y José María Navarro, ‘Chipu’, quien no pudo estar en Duitama debido a la muerte de su padre.

Todos ellos provienen de la comunidad española de Valencia, lugar donde esta práctica goza de gran popularidad y es considerada la cuna de algunos de los mejores recortadores.

Combate cuerpo a cuerpo

Salto del ángel, recorte de rodillas sobre el suelo, tirabuzón, salto con garrocha y salto mortal hacia atrás son algunos de los nombres de las peripecias con las que estos hombres tratan de cumplir el objetivo del recorte: esquivar al toro en el último momento posible, evitando cualquier contacto con él. Lo logran sin utilizar protección diferente a su valentía y a los llamativos zapatos deportivos –tenis de colores vistosos– que llevan puestos y que los ayudan a tener una mejor tracción sobre la arena y así evitar resbalones o percances que, en esta actividad, pueden resultar fatales.

Los recortadores, a diferencia de los toreros tradicionales o de a pie (como son conocidos en el mundo taurino quienes utilizan capote y muleta), tienen tanto amigos como detractores entre los opositores de la fiesta brava. Cuando en el 2012 las corridas de toros fueron prohibidas en la plaza de toros Monumental de Barcelona, una de las más emblemáticas de España, abierta al público desde 1916, su oficio no tuvo inconvenientes y sigue vigente.

No obstante, explica ‘Majete’, para los recortadores no es fácil convivir con los antitaurinos, toda vez que, en muchas ocasiones, ellos los arropan bajo la misma cobija que a los toreros tradicionales, principalmente –considera– por desconocimiento de su actividad.

“Respetamos a quienes están en contra de la fiesta brava, ni los apoyamos ni los atacamos, y también respetamos a los toreros de a pie. Una de las razones por las que queremos dar a conocer nuestra práctica en países como Colombia es para que se sepa que nosotros no maltratamos a los animales”, sigue ‘Majete’, y aclara que la labor de los recortadores también se diferencia de la de los toreros convencionales en los métodos de formación y entrenamiento.

“Nuestra preparación es más parecida a la de un atleta o un deportista de alto rendimiento que a la de un torero, ya que entrenamos todos los días en el gimnasio para estar en la mejor forma”, reitera el hombre, quien a sus 30 años dice llevar 20 dedicados a esta profesión, en la que ha sufrido once cornadas; la última, la más grave (en el 2010) lo dejó tres años fuera del ruedo y una cicatriz que le surca el cuello.

‘Majete’ cuenta que los recortadores deben ser más rápidos y ágiles que los toros para evitar lesiones musculares o que se los lleven por delante.

Trabajo en equipo

“¡¿Habéis visto cómo ha venido el toro ahora?! Parece que ya está enseñao”, le grita ‘Majete’ a ‘Tade’ durante un lance del show en el que el toro lo hizo correr más de la cuenta y saltar estrepitosamente sobre el burladero en busca de protección, evitando los cachos del animal por unos cuantos milímetros.

Este y otro tipo de exclamaciones y gritos son recurrentes en esta actividad en la que el trabajo en equipo y la coordinación son fundamentales para lograr la supervivencia.

Dentro del equipo hay dos roles definidos: el arrastrador y el lidiador. El primero se encarga de provocar al toro para que lo persiga en dirección del segundo, que es quien hará el recorte (salto, brinco, peripecia). Todo debe pasar en línea recta para minimizar los riesgos frente al carácter impredecible del toro.

Otra diferencia entre el recorte de toros y el toreo de a pie radica en que el primero no tiene pretensiones diferentes a ser considerado una forma de espectáculo. Así, en cambio del tradicional pasodoble, el ambiente es adornado por música pregrabada y bandas sonoras de películas como ‘Rocky’ y ‘Gladiador’. Además, hay un narrador que explica al público todo lo que ocurre en el ruedo.

En este caso, el papel del locutor lo cumple Bernardo del Valle, ‘Vallito’, banderillero profesional español quien también hace las veces de representante de los recortadores.

“Estos hombres arriesgan su pellejo a cambio de nada. Lo único que quieren es entretener al público y lo hacen a costa de poner en peligro su vida, siempre respetando al animal, que es el verdadero protagonista del espectáculo”, opina ‘Vallito’.

La vida fuera de las plazas

El recorte de toros no es una actividad lucrativa y sus protagonistas no cuentan con el apoyo de patrocinadores, por lo que solamente dependen de las gestiones de los empresarios para hacer sus presentaciones, que muchas veces deben mezclarse con corridas tradicionales para encontrar un espacio de exhibición.

Los recortadores son hombres que encuentran más satisfacción en recorrer el mundo para dar sus presentaciones que en obtener altos ingresos económicos.

Además, debido a la rigurosa disciplina de entrenamientos y a los continuos viajes, no les queda mucho tiempo para sus familias o para las relaciones de pareja. Todos los integrantes de Arte Valenciano, por ejemplo, son solteros y no tienen hijos.

“Antes que las mujeres u otras actividades –dice ‘Tade’, de 28 años– está nuestro trabajo. La diversión llegará después; por ahora, los toros son nuestra vida”.

Sin embargo, él, al igual que sus compañeros, no se niega a la posibilidad de tener hijos de quienes dicen, estarían a favor de que le sigan sus pasos.

“Pues, hombre, claro que sí. Si algún día llego a tener hijos me gustaría que se dedicaran a esto. Arriesgarán su vida –concluye ‘Tade’–, pero sería un gran orgullo para mí”.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Enviado especial
Duitama (Boyacá)

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