Jorge Hernández, exgerente de 'El Colombiano', un visionario social

Jorge Hernández, exgerente de 'El Colombiano', un visionario social

El también presidente ejecutivo del diario 'La República' murió el pasado martes, a los 74 años.

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21 de enero 2014 , 08:13 p.m.

Una aterradora balacera se producía en uno de los barrios de las comunas de Medellín. Eso levantó el ánimo del exgerente de El colombiano, Jorge Hernández. No había carros disponibles para llevar al redactor y al reportero gráfico, pero él se ofreció a transportarlos en el suyo.

—Yo los llevo –le dijo a su inseparable amigo y en ese momento director del diario, Juan Gómez Martínez. Este último no lo creía, mas no objetó la inusual propuesta.

Al llegar al sitio –recuerda Gómez– se reinició el tiroteo. Hernández se refugió de las balas debajo de su auto.

“El fotógrafo, en vez de tomarles las fotos a los que disparaban, le gastó todo un rollo a Jorge, quien se acostó al costado del carro. Nos reímos mucho con esa foto”, recuerda Gómez.

Es una anécdota más, como cientos que tuvo el hombre que sacó a flote un periódico regional. Pero, para Gómez, esa escena –digna de una película de Almodóvar– mostró la esencia del ejecutivo que tuvo en su visión la idea de una empresa periodística que, en vez de doblegarse ante el poder, sirviera a una sociedad que sufría los desmanes de la iniquidad social.

Hernández, quien murió el pasado martes a los 74 años, llegó al diario El Colombiano en 1961. Su mentor –y la sombra de lo que sería su carrera política, social y empresarial– fue su tío Julio C. Hernández, quien en ese tiempo manejaba la batuta del periódico junto al fundador del mismo, Fernando Gómez Martínez.

Juan Gómez vio por primera vez a Jorge, como él prefiere llamarlo, en el liceo San Ignacio: “Lo veía llegar con su pantaloneta de baño a clases, aunque él iba unos años más atrás. Lo admiraba mucho por su disciplina, pues entrenaba natación desde las 5 a. m.”.

Esa admiración, que se reveló desde que eran chicos, se acrecentó cuando ambos lideraron la transformación de un periodismo paisa encerrado entre las montañas antioqueñas.

Mientras Gómez era una suerte de inquisidor en la forma de la narración periodística, Hernández dedicaba su tiempo a proyectar un diario acorde con un mundo que se movía al ritmo de la información. Así llegó a la gerencia del periódico en 1983. Entre sus logros estuvo la modernización de la planta –la llevó del centro de Medellín a Envigado–, y su preocupación era ayudar a los empleados del diario. Por ello, dedicaría gran parte de su tiempo a mejorar sus condiciones laborales.

“Lo que hoy es El Colombiano se lo debemos a Jorge: un visionario de la empresa periodística”, añade Gómez.

Fue un convencido de que el periodismo era la única posibilidad que tenía la sociedad para acabar con la iniquidad social que agobiaba a finales del siglo XX. No dudó de que la palabra escrita tenía el poder de influenciar el poder político. De hecho, entre 1991 y 1998, después de dejar la gerencia del diario, fue senador de la República. Sus discursos en la Sociedad Interamericana de Prensa fueron siempre en favor del oficio del periodista.

“Era un defensor de la libertad de prensa, de la libertad de opinión. Defendía el periodismo en todos su campos”, asegura Gómez.

Antes de iniciar su carrera política, en 1989, creó la fundación Julio C. Hernández, en honor a su admirado tío. La educación, según Clara Patricia Restrepo, directora de la fundación, fue el pilar de su fe. “Decía que la educación sería la salvación de Antioquia y de Colombia”.

Por eso, aquel mismo año, con la ayuda de la arquidiócesis de Medellín, creó dos escuelas: una en el barrio Popular 1 (nororiente de Medellín) y otra en la vereda El Picacho (noroccidente), con las que pretendía alejar de la violencia de esa época –marcada por la guerra de Pablo Escobar– a los pequeños que no tenían otra esperanza que pertenecer a esos grupos armados.

Pero, sin duda, su gran obra estuvo en el suroeste antioqueño. En 2010, con apoyo de la Gobernación de Antioquia, creó la primera universidad rural que conocería el departamento.

“Compró un terreno de 12 hectáreas. Allí fundó el Instituto Tecnológico Julio C. Hernández, donde por primera vez los jóvenes campesinos de La Pintada iban a tener acceso a la educación superior. Ese fue su sueño y lo cumplió”, asegura Restrepo.

En octubre del 2013, ese tecnológico expidió los diplomas de 51 estudiantes que encarnaron las ilusiones de Hernández. “Cuando ellos venían –acompañados de sus padres– de lejanas veredas y corregimientos, él les dijo: ‘Hay que salir adelante y ser capaces de ver las oportunidades que se presentan en la vida’ ”, recuerda la mujer que lo conoció hace tres década y la cual lo considera como un papá, que le enseñó el sentido de vivir.

La guía de la familia

Hernández, de mirada atenta y de pocas palabras, no solo era acertado en sus decisiones profesionales. Su familia, una de las más influyentes de la región, lo recuerda como el pilar que los mantenía unidos. “Fue un hermano ejemplar, todos girábamos en torno a él, lo queríamos como la guía del hogar”, dijo Mercedes Hernández, hermana del empresario.

En sus últimos años se dedicó a la presidencia ejecutiva del diario económico La República, al que logró, por medio de su experiencia, llevar hasta la cúspide de los periódicos especializados colombianos.

“Colombia no solo perdió un gran empresario, sino también un ser humano incomparable. Es una gran pérdida”, concluyó Gómez Martínez.

YEISON GUALDRÓN
Corresponsal de EL TIEMPO
Medellín

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