Solo de champeta y na' más / El otro lado

Solo de champeta y na' más / El otro lado

Del sabor llamado 'Bazurto' solo quedó el paisaje, todo se convirtió en perversidad.

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19 de enero 2014 , 05:34 p.m.

Al comienzo fue baile sexy y sabrosura de champeta, pura seducción Caribe. Pero muy rápidamente, Cartagena se convirtió en escenografía. Y la historia devino en una truculenta, excesiva y reiterativa anécdota de maldad. Para el tercer capítulo, el Caribe y el amor habían muerto.

Lo brillante y encantador de Bazurto es la música champeta. Y lo mejor es que se vinculó a los intérpretes más contundentes de este modo de mover la vida: Kevin Flórez, Twister el rey, El Sayayín, El Afinaíto, El rey de la Rocha, Chawala, Mr. Black, Karly Way y El Oveja.

Pero es una lástima que la champeta, que era la protagonista, se convirtió en accesorio narrativo.

Bazurto tiene una realización decente: se ve bien, tiene búsquedas visuales e intenta salvar el tono cartagenero de la historia. Pero esa exploración Caribe terminó en el exceso de videoclip como recurso narrativo. Se olvida que el televidente quiere que le dejen ver algo: los personajes, los bailes, las emociones. A Bazurto, también, lo habita el mal videoclipcero que marca a toda nuestra tele.

La protagonista, Carmen Villalobos, tiene ángel especial para la pantalla, se le siente lo Caribe, es muy bonita y tiene el ritmo en la sangre. Su actuación tiene encanto: cautiva siempre que aparece. Lástima que el libreto no le ayude y la haga ver como una bobita sin verdad ni moral que se la juega por una venganza que no siente.

La sensualidad Caribe y la champeta, que eran sus mayores atributos, solo duraron el primer capítulo. Luego apareció la pobreza narrativa que caracteriza nuestros libretos en nuestra última época. Los personajes son unos malos de caricatura y los diálogos pura gritería. El problema es la historia: una ficción de acción, crimen y suspenso que no convence por lo banal y el cliché. Y es que de suspenso no sabemos contar por aquí y además hemos visto tan buenas producciones gringas e inglesas que ya no se come un cuento mal contado.

Y a eso hay que sumarle las actuaciones histéricas de los que hacen de malos. El españolito trata de bajarle el tono a la exageración pero solo no puede. El que prometía era el novio de la heroína pero se pierde en ese universo de maldades inútiles. Y la seductora De los Ríos sigue posando para portada de revista sexy.

El primer capítulo pintaba para emoción: amorcito del puro y del pecaminoso; mucho baile escalofriante y sexy; música champeta con todo su tumbao. Ambiente bonito, parejita emocional, Caribe vivencial. Pero eso era solo el pretexto porque la historia se torció en un suspenso de maldad boba y frases de estereotipo. Apareció un suspenso chambón y mató todo.

Del sabor llamado Bazurto solo quedó el paisaje, todo se convirtió en perversidad con acento champetudo y costeñidad maldadosa. El amor, la esperanza, el sabor, el humor… y los televidentes huyeron despavoridos.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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